Hay pocos DJ que hayan trascendido las cabinas para convertirse en auténticos iconos globales. Y menos aún los que, tras más de cuatro décadas pinchando en los mejores escenarios del planeta, dedican su tiempo libre a perseguir récords de velocidad y a coleccionar coches y motos con la misma pasión con la que mezclan vinilos. Esa es, precisamente, la radiografía de Carl Cox, el padrino de la revolución dance, que ahora muestra su faceta más petrolhead en el canal The Late Brake Show. Johnny Smith, su presentador, visitó al músico británico para descubrir una colección de más de sesenta vehículos y hablar de su auténtica obsesión: el drag racing con una bestia de 3.500 caballos de potencia.
Un garaje que parece un museo rodante
La visita del equipo de The Late Brake Show reveló que la afición de Carl Cox por el motor no es un capricho de estrella. El DJ lleva años acumulando coches y motos que no guarda como inversión, sino por puro amor a la ingeniería y a la velocidad. Según explica Johnny Smith en el vídeo, la colección supera las sesenta unidades y está repartida en varias ubicaciones, porque no todo cabe bajo un mismo techo. En las imágenes se intuye una mezcla de muscle cars americanos, superdeportivos europeos y motocicletas que reflejan una devoción sin prejuicios por cualquier cosa que ruja sobre el asfalto.
Del plato al cuarto de milla: drag racing con 3.500 CV
Pero si algo dejó claro la entrevista es que Carl Cox no se conforma con mirar sus máquinas. El DJ es un competidor nato. Durante la conversación, Smith destaca que Cox pilota personalmente un coche de drag racing con una potencia descomunal: 3.500 caballos que le permiten devorar el cuarto de milla en tiempos de infarto. La preparación de ese vehículo, que Cox describe con un entusiasmo casi infantil, evidencia que el músico no es un simple aficionado, sino alguien que ha llevado la cultura del motor hasta el límite.
La llama del TT de la Isla de Man
La charla también sirvió para reivindicar otra de sus grandes pasiones: el Tourist Trophy de la Isla de Man. Cox es un fanático declarado de la carrera de motos más peligrosa del mundo y, según se desprende del vídeo, incluso ha tenido su propio equipo en la competición. El presentador de The Late Brake Show subraya que pocas figuras de la música pueden presumir de un vínculo tan estrecho con el TT, un detalle que humaniza aún más al artista y lo acerca a la comunidad motera.
Oh yes, oh yes.
— Carl Cox, en The Late Brake Show
Un espíritu que conecta música y motor
Lo fascinante del encuentro es como las dos pasiones de Cox —la música y el motor— se alimentan mutuamente. La misma energía que desborda en sus sesiones ante miles de personas es la que aplica al volante o sobre la montura de sus máquinas. Cox insiste en que el subidón de adrenalina es idéntico, y que tanto los beats como los motores son lenguajes universales que le han permitido conectar con gente de todo el mundo. Esta dualidad, lejos de ser anecdótica, define a un artista que nunca ha querido encasillarse.
Qué significa esto para los fans del motor
La aparición de Carl Cox en un formato tan especializado como The Late Brake Show demuestra que la cultura del automóvil sigue trascendiendo fronteras generacionales y profesionales. No se trata de una celebridad que compra coches para aparentar; aquí hay un conocimiento profundo, un respeto por la competición y una voluntad de compartir esa pasión sin filtros. Para el aficionado de a pie, ver a un ídolo de la música electrónica hablando con la misma naturalidad de un compresor volumétrico que de un set en Ibiza es un regalo que confirma que el motor no entiende de etiquetas.
El vídeo completo, que dura cuarenta y cuatro minutos, es un recorrido por el lado más personal de Carl Cox y una reivindicación de la gasolina como forma de vida. Una pieza imprescindible para quienes creen que los coches y la buena música siempre han estado hechos el uno para el otro.
Puedes ver la entrevista completa aquí:

