Quattroruote ha puesto a prueba el Hyundai Nexo de segunda generación, y lo primero que deja claro es que el coche de hidrógeno ya no es una promesa de laboratorio. Es una realidad que circula por nuestras carreteras, con áreas de servicio dedicadas incluso en los alrededores de Milán. Sin embargo, lejos de ser la solución mágica que algunos imaginan, el Nexo revela tanto las ventajas tangibles de la pila de combustible como los obstáculos que aún lastran su adopción masiva.
La pila de combustible: un eléctrico con matices
El primer malentendido que disipan los expertos de Quattroruote es que el Nexo no quema hidrógeno en un motor de explosión como el BMW V12 experimental de hace años. Hoy todos los turismos de hidrógeno son, en esencia, vehículos eléctricos con una pila de combustible. En el caso del Nexo, una batería de 2,6 kWh —poco más grande que la de un híbrido autorrecargable— se combina con un dispositivo electroquímico donde el hidrógeno reacciona con el oxígeno del aire. No hay combustión real: es una reacción controlada que produce electricidad para mover el coche y vapor de agua como único residuo.
El resultado es una experiencia de conducción silenciosa y sin vibraciones, idéntica a la de un eléctrico de batería, pero con la promesa de repostajes rápidos en lugar de largas recargas. Eso sí, al volante no esperes el menor susurro mecánico; solo el zumbido de un climatizador que, según los probadores, resulta sorprendentemente potente.
Infraestructura: el talón de Aquiles
Que la tecnología esté madura no significa que esté lista para todos. En su análisis, Quattroruote insiste en la paradoja del hidrógeno: producirlo, transportarlo y distribuirlo a gran escala sigue siendo un reto colosal. Hoy las estaciones de repostaje son contadas, y aunque en el norte de Italia ya existen algunas, el despliegue es ínfimo comparado con el de los cargadores eléctricos. Cada hidrogenera necesita manipular un gas a presiones altísimas, lo que encarece y ralentiza cualquier expansión rápida de la red.
La logística no es el único problema. Para que sea realmente limpio, el hidrógeno debe provenir de electrólisis alimentada por renovables —el llamado hidrógeno verde—, y esa cadena aún está lejos de ser económicamente viable en todos los territorios. Sin una infraestructura de producción y suministro robusta, el argumento de las recargas en pocos minutos pierde gran parte de su valor práctico.
El Nexo en la practica: silencio y eficiencia
Pese a las dificultades externas, el coche convence al equipo italiano. Les parece “fighissima”, una máquina bien resuelta que funciona con una suavidad impecable. El tacto de conducción es el de un automóvil moderno y tecnológico, con el añadido de no emitir más que agua por el escape. El confort térmico es notable, y el habitáculo transmite una sensación de refinamiento acorde con un vehículo que quiere competir en un mercado cada vez más exigente.
Pero la pregunta inevitable vuelve a aflorar: ¿para quién es realmente este coche? Si el comprador depende de una red de repostaje casi inexistente fuera de unos pocos corredores urbanos, el Nexo se convierte en una opción de nicho, por muy brillante que sea su tecnología.
Estamos acostumbrados a pensar en el coche de hidrógeno como algo del futuro. En realidad, ya está aquí.
— Quattroruote
El mito del coche que se llena de agua
Uno de los pasajes más reveladores del vídeo es cuando los presentadores aclaran una idea errónea muy extendida: no existe el coche de hidrógeno que se pueda llenar simplemente con agua. La fantasía de repostar en casa con un grifo es exactamente eso, una fantasía. El hidrógeno molecular que alimenta la pila de combustible debe producirse industrialmente, comprimirse y almacenarse en tanques seguros a bordo del vehículo. El agua solo aparece como producto final tras la reacción en la celda, no como recurso inicial.
Esta aclaración es crucial, porque desmonta de un plumazo la narrativa simplista que a veces rodea a esta tecnología. No basta con agua y electricidad casera; la cadena del hidrógeno exige una infraestructura compleja que todavía está en pañales.
¿Hidrógeno frente a eléctrico de batería?
Lejos de los titulares sensacionalistas, el análisis de Quattroruote no plantea una guerra entre tecnologías. Subraya que el hidrógeno podría ocupar un espacio complementario, especialmente en el transporte pesado y en flotas cautivas, mientras que el coche eléctrico de batería se consolida como la solución más práctica para el usuario particular. La eficiencia global del ciclo —desde la producción de energía hasta la rueda— sigue favoreciendo al eléctrico puro, y la red de recarga crece a un ritmo que el hidrógeno difícilmente alcanzará en los próximos años.
El veredicto, por tanto, no es definitivo. La Hyundai Nexo demuestra que el hidrógeno funciona, que es emocionante en muchos sentidos, pero también que convive con incertidumbres logísticas y económicas que ningún fabricante puede resolver por sí solo. Quizá la pregunta no sea si el hidrógeno barrerá al resto, sino en qué nichos exactos encontrará su lugar en el presente.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Quattroruote:

