Prost, Gasly y Ocon reúnen a las leyendas de la F1 en el GP de Francia Histórico

El Paul Ricard reunió durante tres días a Hadjar, Ocon y Gasly con Prost, Alesi, Laffite y Panis. La crónica de Automoto retrata un país sin Gran Premio que llena las gradas cuando la F1 vuelve en clave histórica.

El circuito Paul Ricard volvió a oler a gasolina de otra época. Durante tres días, el GP de Francia Histórico reunió a pilotos de cuatro generaciones y a una colección de monoplazas que rara vez se ve junta en el mismo trazado. La crónica que firma Automoto deja una conclusión que sobrevuela el fin de semana entero: en Francia la pasión por la Fórmula 1 sigue intacta, aunque el país lleve ya varios años sin gran premio.

La cita tiene un padrino de excepción. Jean Alesi, presidente del circuito, ha convertido lo que podía haber sido una concentración de coleccionistas en una fiesta popular, y en el vídeo se le ve ejerciendo de anfitrión entre viejos compañeros de parrilla. Por allí pasaron también el jefe actual de Ferrari, Frédéric Vasseur, al volante de un Ferrari P4 de los años sesenta, y el director de Red Bull, que confesó que resulta difícil ver tantas joyas reunidas en un solo sitio. Los invitados gastan bromas sobre los percances recientes de Alesi con un monoplaza histórico, un detalle que rebaja la solemnidad del acto.

Cuatro generaciones en el mismo paddock

Isack Hadjar es la cara nueva. Según relata Automoto, el francés de 22 años ha cambiado de dimensión desde su llegada a Red Bull y lo nota en cada aparición pública: la gente le para, le pide fotos y le transmite un cariño que él agradece especialmente en un país sin Gran Premio propio. A su lado, Esteban Ocon y Pierre Gasly completan la representación francesa en la parrilla de 2026, tres pilotos que conviven con el peso simbólico de una generación anterior que ganó carreras y títulos.

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El rugido del V8 que la F1 moderna perdió

Uno de los momentos más esperados fue ver en pista la RB7, el Red Bull con el que Sebastian Vettel se coronó en 2011. Hadjar fue el encargado de pilotarla y el público respondió al sonido del V8 atmosférico como se responde a un viejo conocido. Varios aficionados entrevistados en el reportaje lo dicen sin rodeos: prefieren el ruido y las vibraciones de aquellos motores a la sofisticación silenciosa de la era híbrida. El vídeo señala además que la categoría ha prometido recuperar ese tipo de motorización a partir de 2031, un anuncio que conviene tomar con la cautela que merecen los planes a tanto años vista.

Prost, el profesor y el respeto por las joyas

Hadjar tenía una cuenta pendiente con su propia infancia y la saldó sobre el asfalto: rodar junto a Alain Prost, al que define como la mayor leyenda del deporte con diferencia. El cuadruple campeón mundial devuelve el elogio y asegura que el joven tiene un estilo y una manera de entender las carreras que le interesan. Después de una tanda en solitario, el francés se subió a su McLaren de 1987, con motor V6 turbo TAG-Porsche, unos 850 caballos y apenas 550 kilos de peso.

Ahí cambia el tono. Prost avisa de que irá despacio, de que no piensa arriesgar con coches que considera patrimonio y no juguetes. Es la diferencia entre competir y custodiar.

‘Voy muy despacio, no quiero dañar estos coches: les tengo demasiado respeto’, admite el campeón francés antes de salir a pista.

— Alain Prost, en el vídeo de Automoto

Ocon, Gasly y los Ferrari y Renault de otra era

Ocon se puso al mando del Ferrari 412 T2, el chasis con el que Alesi firmó su única victoria en la Fórmula 1, en Canadá. El propio Alesi le recuerda que ese coche es exactamente el de aquel año, y el detalle importa: bajo la carrocería late el último V12 que ganó un gran premio. El piloto de Alpine promete cuidarlo, consciente de que cualquier derrape se paga en facturas y en patrimonio.

Gasly, líder del equipo francés, eligió el Renault RS10 de 1979, la máquina con la que Jean-Pierre Jabouille hizo historia. Antes de arrancar repasó mentalmente una процедура de salida que nada tiene que ver con la actual: menos botones en el volante, embrague caprichoso y cambios que exigen paciencia. En la salida se quedó clavado tras avanzar apenas tres metros. Lejos de frustrarse, se queda con lo importante: puro placer, en Francia y con un coche francés.

Cincuenta años de Ligier y dos veteranos emocionados

El evento celebró el medio siglo de la llegada de Ligier a la Fórmula 1 con una parada especial. Jacques Laffite, seis veces ganador de grandes premios y con 82 años, se reencontró con una de sus viejas monturas y admitió que le hubiera gustado dar alguna vuelta más. Olivier Panis, último héroe de la marca victorioso en Mónaco en 1996, se enfundó su mono de entonces y hasta tuvo que recurrir al talón-punta para encadenar reducciones. Los dos coincidieron en algo: conducir aquello les devolvió las ganas.

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Jacques Villeneuve y David Coulthard, por su parte, no pudieron evitar picarse como en los noventa, con pullas incluidas sobre la supuesta falta de prudencia del escocés.

80.000 personas y la pregunta que nadie evita

La organización cifra en 80.000 espectadores el público acumulado durante los tres días. Lo que más impresiona, según coinciden varios asistentes, es el sonido: los motores se oyen antes de verlos. Y de fondo aparece la pregunta incómoda que el reportaje traslada sin adornos: si tanta gente responde, ¿por qué Francia no tiene un gran premio? Los aficionados lo piden abiertamente al micrófono de Automoto.

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El calendario explica parte de esa ausencia. El país encadenó ediciones en Magny-Cours y Paul Ricard hasta 2022, cuando la prueba desapareció de la programación por decisión comercial y por la rotación que exige el campeonato. Desde entonces, citas como esta ocupan ese hueco emocional con una fórmula distinta: menos competición pura, más memoria y acceso directo a los coches.

Qué significa este fenómeno para el aficionado

El automovilismo histórico ha dejado de ser un refugio de nostálgicos para convertirse en un producto de masas. Lo demuestra la capacidad de convocatoria, la presencia de jefes de equipo en activo y el interés de las marcas por exhibir su propio relato. Para el espectador español o latinoamericano, acostumbrado a seguir la Fórmula 1 por pantalla, este tipo de encuentros ofrecen algo que la retransmisión no puede dar: el olor, el ruido y la escala física de unas máquinas que se construyeron con criterios hoy prohibidos. También plantean una pregunta de fondo sobre el rumbo técnico de la categoría, que coquetea con recuperar el V8 para 2031 mientras el aficionado tradicional sigue echando de menos precisamente eso. Y hay un componente identitario que no conviene ignorar: un país sin gran premio utiliza su memoria deportiva para mantener viva la afición. La organización ya ha fijado una nueva cita para 2027 sin embargo el formato todavía no ha trascendido, lo que deja la puerta abierta a que el evento crezca o a que se convierta en una tradición de fin de temporada.

Al terminar, uno se queda con la imagen de Hadjar y Ocon empujando sus monoplazas averiados, medio en broma, medio en serio, mientras el público aplaude. La Fórmula 1 moderna se mide en milésimas; esta se mide en recuerdos. ¿Bastará la nostalgia para devolver un Gran Premio de Francia al calendario, o el futuro del país pasa definitivamente por celebraciones como esta?

Puedes ver el vídeo completo de Automoto en YouTube:

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