Nunca pensé que despedir un coche pudiera parecerse tanto a un concierto de rock. Pero Tesla lo ha hecho. En su último análisis, Automoto nos transporta hasta la planta de Fremont, en pleno Silicon Valley, donde la marca acaba de decir adiós de forma definitiva al Model S, el vehículo que cambió para siempre la percepción del automóvil eléctrico. Elon Musk entregaba personalmente las últimas unidades y nadie sacaba pañuelos: miles de fans celebraban el funeral con la energía de un estadio.
El testamento de un icono: la última edición Signature
Automoto lo describe como un entierro de primera clase. Después de 14 años de producción, los ultimísimos ejemplares del Model S fabricados en Fremont llegaron a sus dueños bajo invitación de la propia Tesla y con un broche de oro: una serie limitada bautizada Signature, de la que solo se ofrecieron 250 unidades. Según detalla el canal, la exclusividad se pagaba a 140.000 euros y cada vehículo lucía un rojo granate único, llantas negras de 21 pulgadas y pinzas de freno doradas. Todo el lote voló en manos de los clientes más fieles.
Una evolución de otro planeta
Ver el modelo Signature de 2026 al lado del primer Model S que salió de la línea en 2012 puede resultar engañoso: las diferencias estéticas son mínimas. Pero, como subraya Automoto, por dentro la revolución es total. Solo el 3 % de las piezas del modelo original sobreviven en esta última iteración. Algo que un fabricante tradicional tardaría unos 60 años en lograr, afirma el análisis. Los datos respaldan la metamorfosis: la berlina eléctrica que empezó como un proyecto de nicho llegó a bajar el 0 a 100 por debajo de los dos segundos y obligó a gigantes como Porsche o Mercedes a repensar por completo sus estrategias.
Lo que realmente demostró el Model S es que un coche eléctrico podía ser el mejor coche. Punto final.
— Elon Musk, según recoge Automoto
¿Por qué matar al hijo pródigo?
La decisión no es caprichosa. Automoto señala que la competencia ha mordido fuerte en el segmento premium eléctrico y las ventas de los Model S y Model X llevan años en declive. Frente a ese escenario, Tesla prefiere concentrar sus esfuerzos en los Model 3 y Model Y, mucho más asequibles, y en dos apuestas que rompen con lo que hasta ahora entendíamos por automóvil. La factoría de Fremont, que ensambló más de 715.000 unidades entre Model S y Model X, va a cambiar de inquilino.
Optimus: el nuevo heredero de la cadena de montaje
Aquí viene la sorpresa mayúscula. En esas mismas líneas de producción, Tesla planea fabricar en masa su robot humanoide de tercera generación. Automoto adelanta que Optimus se empezará a ensamblar en serie a finales de año y estará listo para invadir hogares y empresas. Su currículum va más allá de servir bebidas: manejo de cargas, tareas domésticas y lo que la inteligencia artificial permita. La conexión con el motor es clara: el robot recicla buena parte de la tecnología de conducción autónoma (cámaras, sensores, análisis de datos) y el propio Musk sugiere que algún día podrían hasta conducir nuestros viejos coches térmicos.
Robotaxis y Cybercab: la movilidad del mañana ya rueda
Pero la robótica también tiene cuatro ruedas. Automoto nos lleva después a San Francisco, donde 150 robotaxis de Tesla ya operan en fase de pruebas con un conductor de seguridad al volante. La dinámica recuerda a cualquier app de VTC: geolocalización, vehículo asignado y tarifa cerrada. Eso sí, el trayecto cuesta la mitad que un servicio con chófer tradicional y no hay que dejar propina. El verdadero salto, sin embargo, está en el Cybercab, el último modelo salido de la planta de Texas. Sin volante, sin pedales y sin instrumentos de conducción, es un biplaza aerodinámico dedicado exclusivamente a la conducción autónoma. La ambición declarada por Musk es transportar a una cuarta parte de la población estadounidense con sus coches robot el año que viene.
Ahora bien, ¿estamos ante una auténtica revolución o ante un intento de recuperar el terreno perdido? Automoto pone el foco en un detalle incómodo: Waymo, la filial de Google, lleva ya dos años operando miles de taxis completamente autónomos y sin nadie al volante por las mismas calles de San Francisco. Tesla llega tarde al partido, pero lo hace con un despliegue industrial y mediático difícil de ignorar. Que la planta que alumbró el Model S se reconvierta en cuna de robots y que el Cybercab ya sea una realidad tangible indica que la compañía está dispuesta a jugarse su futuro fuera de la automoción clásica. Para bien o para mal, el garaje de Fremont acaba de cerrar una era y abre otra donde los coches quizá pasen a ser solo una nota a pie de página.
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