El Ford Sweepstakes, el coche con el que Henry Ford ganó en 1901, regresa a la parrilla 125 años después bajo la librea de un Mustang GT3.
No es una réplica ni un ejercicio de salón. Los dos Mustang GT3 de fábrica, el número 64 y el número 65, ambos inscritos en la clase GTD Pro de IMSA, lucirán el próximo fin de semana en Petit Le Mans una decoración negra y dorada que repite los colores del vehículo con el que Henry Ford se presentó en la carrera de Grosse Pointe, en Míchigan, en 1901.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: Ford traslada los colores de su primer coche de carreras, un vehículo de 1901, a los dos Mustang GT3 de fábrica que pelearán por el título de GTD Pro en la última cita del calendario de IMSA.
- No te lo puedes perder: los logotipos luminiscentes de los laterales, que aquí adoptan la forma de una bandera estadounidense y se encienden cuando cae el sol, en una carrera que arranca de día y termina de noche.
- Datos y producción: dos coches en pista, el número 64 y el número 65; una decoración que viaja 125 años atrás, hasta una carrera disputada en Míchigan en 1901; y una prueba de resistencia de diez horas.
El negro y el oro del Sweepstakes regresan a la parrilla
Ambos coches compiten con el mismo esquema, un detalle que subraya el carácter institucional del homenaje: no es la decoración personal de un piloto, sino una decisión del programa oficial de Ford en la categoría.
La librea no inventa un esquema: traslada a la fibra de carbono un patrón que ya existía hace más de un siglo. El negro profundo de la carrocería y el dorado de los filetes y los números remiten directamente al coche que Henry Ford condujo en aquella prueba. La marca mantiene en sus Mustang de competición los logotipos luminiscentes de los laterales, y en esta ocasión los acompaña con un motivo de bandera estadounidense que se enciende cuando cae el sol.
Petit Le Mans es el escenario idóneo para ese efecto: una prueba de resistencia de diez horas que arranca con luz y termina de noche, de modo que la decoración cambia de aspecto conforme avanza la tarde. El componente deportivo tampoco es menor, porque los dos coches llegan a la cita con opciones al título de GTD Pro. La librea no viaja, por tanto, sobre un convoy publicitario, sino sobre dos candidatos al campeonato.
Ford ya ganaba carreras antes de existir como fabricante; 125 años después, aquel triunfo sigue siendo el mejor argumento de su historia.
Conviene subrayar que el homenaje no se apoya en un coche cualquiera del archivo. El Sweepstakes fue el primer vehículo de carreras de la casa, y su victoria en Grosse Pointe es, según el relato que la compañía ha mantenido durante décadas, el punto de partida de todo lo que vino después.
Grosse Pointe, 1901: la carrera que fundó un fabricante
La prueba se disputó en Grosse Pointe, en Míchigan, y allí Henry Ford se impuso con el Sweepstakes. La propia compañía cita aquella jornada como uno de los momentos decisivos en la génesis de lo que acabaría siendo uno de los grandes fabricantes de Estados Unidos, y como una pieza fundamental del ecosistema industrial de Detroit.
El contexto ayuda a calibrar el alcance del triunfo. En 1901 el automóvil era todavía un artefacto experimental y las carreras funcionaban a la vez como banco de pruebas y como escaparate comercial: quien ganaba, vendía. La victoria dio a Ford credibilidad y un lugar en el ecosistema industrial de Detroit, la ciudad que acabaría convertida en capital mundial del motor y que siempre ha reivindicado aquel episodio como parte de su propia biografía.
Lo llamativo es que Ford no haya recurrido a un icono contemporáneo para celebrar la efeméride. Su archivo competitivo incluye el GT40 que ganó en Le Mans y una larga lista de triunfos en los rallyes de los años ochenta, materiales mucho más reconocibles para el aficionado actual. La elección del Sweepstakes desplaza el foco un siglo antes de todo eso, hasta un tiempo en el que el automóvil se jugaba su legitimidad en cada prueba.
Una moda retro que Ford lleva 125 años más atrás
El guiño se inscribe en una temporada de libreas retrospectivas en IMSA. En mayo, en Laguna Seca, Corvette Racing recuperó el aspecto del C5-R, y el BMW de Paul Miller Racing lució un diseño ganador en Sebring en los años setenta. El equipo oficial de Porsche, gestionado por Penske, ha sido el más prolífico: un esquema arcoíris de Apple Computers en Laguna Seca, el diseño del 911 GT1 en Sebring en marzo y dos decoraciones campeonas de Penske en Road America en julio.
La moda tiene una lógica clara. Una librea retro cuesta poco, no altera el rendimiento y genera un volumen de conversación que ningún patrocinio convencional consigue a ese precio. En una categoría en la que los fabricantes compiten con máquinas derivadas de sus modelos de calle, el relato se ha convertido en un activo tan valioso como el cronómetro. Ford juega ahí con ventaja: pocas marcas pueden retroceder un siglo en su propio archivo y encontrar material presentable.
Para el aficionado al clásico hay una segunda lectura. Cada homenaje de este tipo devuelve visibilidad a un coche que, de otro modo, solo interesaría en un concurso de elegancia o en el catálogo de una subasta. Cuando un fabricante convierte su pasado en imagen de marca, el mercado del histórico se beneficia del ruido: crece el interés, se afinan las atribuciones y los originales recuperan contexto.
En el mercado del clásico, la procedencia competitiva documentada es uno de los factores que más peso tiene en la valoración de una unidad, y la liturgia de las libreas conmemorativas refuerza esa jerarquía: los coches que corrieron valen más que los que solo se parecen a ellos.
Ahora bien, conviene distinguir el homenaje de la mistificación. La librea del Mustang GT3 no convierte al Sweepstakes en un objeto de colección; simplemente recuerda que su valor no es estético, sino fundacional: fue el coche que permitió a Henry Ford dejar de ser un ingeniero con proyectos y convertirse en un fabricante con futuro.
La decoración desaparecerá cuando acabe la temporada y los Mustang recuperen su aspecto habitual. Quedará la constancia de que la marca es capaz de retroceder 125 años en su propio archivo para encontrar un argumento, y de que aquel vehículo de 1901 sigue siendo el punto de partida al que Ford vuelve cada vez que necesita recordar de dónde viene.

