Corría 1956 cuando Dante Giacosa logró lo que parecía imposible: meter seis asientos en un coche que no llegaba a los tres metros y medio de largo. El Fiat 600 Multipla no era bonito, pero su inteligencia espacial lo convirtió en una obra maestra de la ingeniería y en el primer monovolumen de la historia.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El Fiat 600 Multipla fue el primer vehículo de producción en ofrecer seis plazas en menos de 3,5 metros, un logro de ingeniería firmado por Dante Giacosa en 1956.
- No te lo puedes perder: Gracias al motor trasero, el habitáculo era un espacio plano y continuo, sin túnel de transmisión, que permitía dormir en su interior y transformar su configuración en segundos.
- Datos y producción: Se fabricaron cerca de 250.000 unidades entre 1956 y 1967, con un precio en Reino Unido de 799 libras de la época, equivalentes a cerca de 20.000 euros actuales.
La audacia de Giacosa: seis plazas en 3,5 metros
La base mecánica era la del Fiat 600 berlina, un utilitario de motor trasero y tracción trasera que ya había revolucionado la movilidad italiana. Sobre esa plataforma, Giacosa desplazó el puesto de conducción hacia delante, situándolo prácticamente sobre el eje anterior. Esta decisión liberó una superficie de carga plana y baja, sin túnel de transmisión, que podía acoger cuatro butacas plegables o una cama para dos personas.
El resultado era un habitáculo de dimensiones generosas para su tamaño exterior. El chasis monocasco del 600 se reforzó para aguantar el peso extra, pero la receta seguía siendo ligera: apenas superaba los 700 kg. Con su motor de 633 cc y 22 CV, la velocidad máxima rondaba los 95 km/h, suficiente para mantener cruceros de 70 km/h sin esfuerzo.
Así era la vida a bordo: versatilidad sin concesiones
El interior del Fiat 600 Multipla fue una sorpresa para los compradores de la época. Los cuatro asientos posteriores se abatían completamente contra el suelo en cuestión de segundos, dejando un piso llano que invitaba a cargar mercancías, acampar o incluso a organizar una cena improvisada. Un lector de la revista Autocar describió cómo él y su esposa durmieron en el coche durante un viaje por Francia, usando colchones hinchables y una mesa plegable para las comidas.

Gracias al motor colgado detrás del eje trasero, el acceso mecánico era sorprendentemente sencillo, y la rueda de repuesto se alojaba en el frontal, sin molestar las piernas de los ocupantes. La visibilidad panorámica, con ventanillas en todo el perímetro, acentuaba la sensación de amplitud. Y lo mejor: el consumo medio podía rozar los 5 litros cada 100 km, una cifra que hoy sigue resultando envidiable.
¿El primer monovolumen? Precedentes y legado
Dante Giacosa no inventó el concepto de monovolumen desde cero. Años antes, el ingeniero americano William Stout había creado el Stout Scarab (1936), una suerte de salón rodante con carrocería autoportante, motor V8 Ford y siete plazas que se podían reconfigurar a voluntad. Su lema, «Simplificate and add more lightness», adelantaba la filosofía que Colin Chapman haría célebre en Lotus. Sin embargo, el Scarab resultó demasiado extraño y caro para cuajar comercialmente.
Tampoco faltó un prototipo europeo: el Karl Schlör ‘huevo’ de 1939, un aerodinámico siete plazas sobre chasis Mercedes 170H, que anticipaba la carrocería monovolumen. Pero fue Giacosa quien llevó la idea a la producción en serie, demostrando que la funcionalidad no estaba reñida con la economía de escala.
Scarcely a cubic inch of space is wasted, escribieron entonces en Autocar. Y no exageraban: en el Multipla cada milímetro cumple una función.
Con cerca de 250.000 unidades vendidas en once años, el Fiat 600 Multipla demostró que un vehículo pequeño podía ser extraordinariamente versátil. Su influencia se extiende hasta los modernos monovolúmenes compactos, que tres décadas más tarde recuperarían la fórmula del piso plano, los asientos modulares y la silueta alta. Pero el mérito de haberlo hecho primero con semejante economía de medios sigue perteneciendo al genio de Giacosa y a aquel coche de tres metros y medio que cabía en cualquier plaza.

