La fiabilidad de los coches eléctricos encuentra en Reino Unido su mejor dato: pasados los 145.000 kilómetros, fallan menos en la inspección técnica que los de gasolina de la misma edad.
La conclusión no sale de un taller cualquiera. Procede de un análisis sobre 47,4 millones de inspecciones técnicas realizadas en Reino Unido, un volumen que convierte el hallazgo en algo más que una intuición. Según la información publicada, el informe lo firma una consultora británica de movilidad por encargo de la patronal del alquiler y el leasing de vehículos del país. Y el resultado incomoda al tópico que llevamos años escuchando sobre las baterías.
Qué dice exactamente el informe británico
En los primeros años de vida, eléctricos y gasolina se comportan de forma casi idéntica. Neumáticos, frenos, suspensión y alumbrado suspenden a porcentajes parecidos. El punto de inflexión llega cerca de los 64.000 kilómetros, cuando la brecha empieza a abrirse a favor del coche eléctrico.
Entre 145.000 y 193.000 kilómetros, un eléctrico tiene alrededor de un 25% menos de probabilidades de suspender la revisión que un gasolina de la misma edad. Más allá de los 193.000 kilómetros, el porcentaje de eléctricos con defectos graves se queda en el 16%, frente al 23,5% de los coches de combustión. Son casi ocho puntos de diferencia justo en la franja donde más duele la factura del taller.
El motor eléctrico no se libra del desgaste: cambia de lista, y en esa lista los frenos oxidados pesan más que un cigüeñal fundido.
Dónde flojean los eléctricos: neumáticos, frenos y una batería que nadie mide
El informe no dibuja un escenario idílico. Los eléctricos fallan más por desgaste de neumáticos, y la explicación es pura física: el peso extra del paquete de baterías castiga los flancos y acelera el consumo de goma. En un coche de combustión equivalente, ese mismo eje trabaja con menos carga encima.
Hay un hallazgo aún más curioso. Los eléctricos antiguos con pocos kilómetros presentan más problemas de frenos. La causa tiene lógica: la frenada regenerativa asume buena parte del trabajo y discos y pastillas acaban oxidándose por falta de uso. Es el reverso de la simplicidad mecánica que da ventaja al eléctrico en el resto de la revisión.
Y queda el gran hueco del estudio. La inspección británica no mide la capacidad útil de la batería ni su degradación, así que el informe no dice nada sobre el estado real de las celdas cuando el cuentakilómetros ya ha pasado de largo los 190.000. Un eléctrico puede pasar la revisión con honores y llevar una autonomía bastante mermada. Ese dato, sencillamente, no está sobre la mesa.
Qué significa esto para el mercado español de segunda mano
En España la conversación va por otro camino. Buena parte de los eléctricos que llegan al mercado de ocasión son unidades de pocos años, muchas procedentes de renting, y la duda del comprador sigue siendo la misma: cuánto aguantará la batería. El informe británico no responde a eso, pero sí desmonta una idea instalada, la de que un eléctrico con muchos kilómetros es una ruina asegurada.
Conviene mirarlo con perspectiva. Un motor eléctrico tiene muchas menos piezas sometidas a fricción que uno de combustión, y eso se traduce en menos averías mecánicas a lo largo de la vida del coche. La inspección técnica española tampoco evalúa la capacidad de la batería, de modo que el comprador de ocasión sigue dependiendo de un informe específico de salud de las celdas. Ahí está la verdadera letra pequeña.
Para el conductor que se plantea dar el salto, la lectura práctica es clara: los kilómetros, por sí solos, ya no son motivo suficiente para descartar un eléctrico usado. Lo que sí conviene revisar es el estado de la batería, el desgaste de los neumáticos y, si el coche ha hecho trayectos urbanos cortos durante años, el estado real de los frenos. Tres comprobaciones que cuestan poco y evitan sorpresas caras.
La tendencia global apunta en la misma dirección que el dato británico. Con más de una década de eléctricos modernos circulando, los mercados empiezan a reunir volumen suficiente para analizar cómo envejecen. Reino Unido ha sido el primero en publicar una muestra de este tamaño, y es razonable esperar que otros países europeos hagan lo propio con sus registros de inspección. Cuando eso ocurra, el debate dejará de girar en torno a si los eléctricos duran y se centrará en cuánto dura cada batería concreta.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: entre 145.000 y 193.000 kilómetros, un eléctrico tiene un 25% menos de probabilidades de suspender la inspección que un gasolina equivalente; más allá de esa barrera, fallan el 16% frente al 23,5%.
- Consejo práctico: antes de comprar un eléctrico usado con muchos kilómetros, pide un informe de salud de la batería y revisa neumáticos y frenos; son los tres puntos donde envejece de verdad.
- Así te afecta: la idea de que un eléctrico con kilometrada es una mala compra pierde fuerza, pero la batería sigue siendo el punto ciego que ninguna inspección europea mide todavía.

