Tres de cada diez conductores en España reconocen sentir miedo al volante en alguna circunstancia. Este dato ha llevado a Europcar, la compañía de alquiler de coches, ha tratar de poner su grano de arena para encontrar una solución. Porque de este porcentaje, de ese total, un 6 por ciento experimenta un temor incapacitante que puede llegar a impedir completamente la conducción. Sin embargo, menos del 30 por ciento de los afectados busca ayuda profesional, a pesar de que entre el 70 y el 90 por ciento de quienes la reciben consiguen volver a conducir. Estas cifras sitúan la amaxofobia como una de las fobias más extendidas en el país y, al mismo tiempo, una de las menos atendidas.
Con ese contexto como punto de partida, Europcar ha presentado en el Circuito de Montmeló (Barcelona) Gaming Therapy, un programa diseñado para abordar la amaxofobia mediante una metodología en tres fases, desarrollada junto a la profesora de formación vial Cristina Rojas, especialista en miedo a conducir, y a Publicis España. La elección del momento y el escenario tenía una intencionalidad clara: poner a los participantes en el programa ante el reto de enfrentarse al circuito catalán, referente del automovilismo deportivo y ante el momento de la Operación Salida de verano, uno de los momentos del año con mayor volumen de desplazamientos en carretera en toda España.
Tres fases, de la pantalla a la carretera

El programa organizado entre la compañía de alquiler y la especialista en formación vial estructura la recuperación de la confianza al volante en etapas sucesivas de exposición progresiva, siguiendo una lógica que avanza desde el entorno más controlado hasta la conducción en condiciones reales. La primera fase tiene lugar en casa: el participante utiliza el videojuego Gran Turismo 7 con tecnología DualSense para volver a familiarizarse con la experiencia de conducir en un entorno sin riesgo. La interacción con el simulador doméstico permite trabajar los mecanismos básicos de la conducción -dirección, frenada, aceleración- sin la presión que genera el tráfico real ni las consecuencias asociadas a un error.
La segunda fase traslada al usuario a simuladores de conducción avanzados, capaces de reproducir con precisión las sensaciones físicas y visuales de la carretera: movimientos de la carrocería, variaciones de velocidad, intersecciones o incorporaciones a vías de alta capacidad. Este entorno intermedio permite enfrentarse a situaciones que habitualmente generan mayor ansiedad -autopistas, rotondas, adelantamientos- en condiciones controladas y con el acompañamiento de instructores especializados.

En la tercera y última etapa, el conductor vuelve a tomar el volante de un vehículo real. Es el paso definitivo del proceso y el momento en que se integran los recursos emocionales y técnicos trabajados en las fases anteriores. Y eso es lo que han hecho cinco de los seis primeros participantes en este programa en el Circuito de Montmeló. Una jornada sobre el trazado catalán para comprobar sobre el asfalto que la amaxofobia se puede superar, o al menos controlar para que no sea una barrera.
La gestión emocional, clave en el método de trabajo
Todo este proceso se lleva a cabo con el acompañamiento de Cristina Rojas para integrar en él la gestión emocional como componente central del programa, no como un elemento auxiliar. El método parte de la necesidad de normalizar el miedo, comprender su origen y su funcionamiento fisiológico, y aprender técnicas de regulación que permitan reducir la intensidad de los síntomas físicos -taquicardia, tensión muscular, hiperventilación- que pueden aparecer durante la conducción.

No se trata de eliminar el miedo de forma inmediata, sino desarrollar la capacidad de conducir con seguridad incluso cuando ese temor sigue presente. En este sentido, la exposición progresiva a las sensaciones de conducción actúa como herramienta principal para que el conductor gane confianza de forma gradual y vuelva a recuperar una sensación sostenida de control.
La amaxofobia tiene consecuencias que van más allá del momento de ponerse al volante. Quienes la padecen suelen adaptar sus rutinas para evitar conducir de forma habitual; esta patología -si se puede definir así- lleva a los que la padecen a rechazar oportunidades laborales que implican desplazamiento, modifican planes de ocio o vacaciones en función de la distancia o el tipo de vía, evitan autopistas, túneles o trayectos nocturnos y dependen de terceros para sus desplazamientos habituales. Con el tiempo, esta evitación progresiva puede traducirse en una pérdida significativa de autonomía personal y movilidad.

Entre las causas más frecuentes identificadas por los especialistas figuran los accidentes de tráfico -vividos en primera persona o presenciados por familiares y personas cercanas-, los ataques de pánico al volante, el miedo anticipatorio a experimentar ansiedad durante la conducción y determinados rasgos de personalidad como el perfeccionismo, la autoexigencia o la necesidad de control. En el caso de los hombres, la tendencia a no reconocer el problema puede ser más marcada, ya que admitir inseguridad al volante choca con estereotipos culturales asociados al control y la destreza en la conducción.
Los datos que respaldan la viabilidad del enfoque del proyecto desarrollado por Europcar son relevantes. La tasa de recuperación entre quienes reciben tratamiento especializado se sitúa entre el 70 y el 90 por ciento, una cifra que contrasta con la escasa demanda de ayuda profesional registrada entre los afectados. Según los especialistas, la combinación de exposición progresiva, acompañamiento emocional y herramientas adaptadas a cada perfil es la clave de esos resultados. Gaming Therapy traslada ese modelo al ámbito del gran público, con una estructura accesible y una tecnología -los videojuegos y los simuladores- ya integrada en la vida cotidiana de millones de personas.
Más información sobre el programa en pierdeelmiedoaconducir.com.
Imágenes programa Amaxofobia Europcar
Fotos: Europcar

















