Ducati reconoce que competir en precios con China es imposible y apuesta por la experiencia de marca

El CEO Claudio Domenicali admite que la diferencia en costes laborales y energéticos hace inviable pelear en la gama baja. La firma italiana redobla su apuesta por el Mundial de MotoGP, la fábrica de Borgo Panigale y los eventos de marca.

Ducati reconoce la imposibilidad de batir a China en precios y reorienta su estrategia hacia la experiencia de marca. La declaración del CEO Claudio Domenicali, recogida por MCNews durante el World Ducati Week, supone un punto de inflexión para la industria europea de la moto. Ya no se trata de un aviso genérico: es la admisión de que los fabricantes chinos han alcanzado un nivel competitivo que obliga a replantear la ventaja tradicional de las marcas premium.

La guerra de precios que Europa no puede ganar

En su entrevista, Domenicali fue taxativo: “Europa no puede ganar una guerra de precios”. El razonamiento es sencillo y demoledor. El coste de las materias primas, admite, es relativamente similar en todo el mundo, pero los costes laborales y energéticos en Europa siguen siendo significativamente más altos que en China o India. Fabricar una moto al mismo coste que un competidor asiático es, en sus palabras, “imposible”.

Esa afirmación no llega en el vacío. CFMoto, QJMotor o Zontes han dejado atrás la etapa de las copias para desarrollar motores propios, recurrir a proveedores de primer nivel y equipar sus modelos con suspensiones, frenos y electrónica comparables a las de las marcas tradicionales. Hace una década, una moto china competía solo por precio; hoy compite también por prestaciones. El margen de ventaja se ha reducido mucho más deprisa de lo que muchos esperaban, y Ducati es la primera en admitirlo públicamente. Y todo llega en un momento de rumores de salida de Ducati de Grupo Volkswagen.

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El ‘conjunto’ Ducati: historia, carreras y comunidad

Frente a esa realidad, la firma de Borgo Panigale ha decidido jugar en otro tablero. Domenicali lo resume con una frase que define toda una estrategia: “No vendemos la moto. Vendemos el conjunto”. Ese conjunto incluye un siglo de historia, la experiencia acumulada en competición, los títulos de MotoGP, la fábrica de Borgo Panigale, la red internacional de concesionarios, los clubes de propietarios y eventos multitudinarios como el World Ducati Week, que este año ha servido para celebrar el centenario de la marca.

La apuesta es clara: una moto ya no se vende únicamente por sus caballos o su electrónica; se vende por todo lo que representa. Ducati considera que ese valor aspiracional es mucho más difícil de copiar que una ficha técnica. Y en un mercado donde la brecha tecnológica se estrecha, la experiencia de pertenencia se convierte en el último bastión de la diferenciación.

Competir por precio es una batalla perdida. La única defensa posible es construir una experiencia que el cliente esté dispuesto a pagar.

El movimiento no es exclusivo de la marca italiana. Varios fabricantes europeos del automóvil han lanzado advertencias similares ante el avance de las compañías chinas en el vehículo eléctrico, pero en el mundo de las dos ruedas este discurso es aún más significativo. La moto de gama media-alta ha sido durante décadas territorio exclusivo de las marcas japonesas y europeas; la irrupción china amenaza con reconfigurar ese espacio.