La obsesión de la DGT con los radares no tiene fin. Ya hay radares de tramos kilométricos

La DGT ha puesto el punto de mira en los radares de tramo, extendiendo su control a distancias que parecen imposibles.

La estrategia de la DGT ha dado un giro radical hacia la vigilancia continua. Ya no les basta con cazarte en un punto concreto de la carretera, sino que ahora quieren saber qué has hecho durante los últimos veinte o treinta minutos de tu viaje.

Quienes nos movemos a diario por carretera podemos confirmar que cada vez hay más cámaras suspendidas en pórticos vigilando. No son radares convencionales, sino los ojos de un sistema que anota la matrícula y pone en marcha un cronómetro invisible. Esta obsesión por el control absoluto está llegando a límites que muchos consideran excesivos, sobre todo cuando hablamos de tramos que superan los treinta kilómetros de longitud bajo vigilancia ininterrumpida.

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La imparable oleada de nuevos radares de tramo de la DGT

radares de tramo DGT
Fuente: Agencias

La implantación de estos sistemas está creciendo a un ritmo frenético. Si echamos la vista atrás, en 2024 apenas había 90 radares de tramo en funcionamiento. Era una cifra manejable. Sin embargo, en solo un año ese número subió hasta los 110 y, a día de hoy, ya estamos hablando de 149 dispositivos multando sin descanso en todo el territorio nacional.

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Este crecimiento exponencial no parece que vaya a detenerse pronto. De hecho, los planes de la DGT para la segunda mitad de este año 2026 incluyen una nueva oleada de instalaciones. Lo más relevante de este nuevo plan es que el foco se va a poner en las vías secundarias y carreteras convencionales. Es aquí donde Tráfico quiere dar el golpe definitivo, argumentando que es en estas carreteras donde se producen más muertes.

Para muchos expertos, este movimiento hacia las carreteras secundarias podría ser, paradójicamente, la cara más honesta de la DGT. Históricamente, los radares se han colocado en autovías de tres carriles y rectas infinitas donde el peligro es menor pero la probabilidad de cazar un exceso de velocidad es altísima.

Si al final se llevan estos radares de tramo a las carreteras convencionales, donde nos la jugamos de verdad, quizás la medida sea más fácil de defender desde el punto de vista de la seguridad, aunque no por ello deje de ser molesta para el bolsillo.

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