Norberto (43), taxista: «Si te pilla una granizada conduciendo sigue estos consejos»

Este mes de mayo se están produciendo granizadas en varios puntos, y la AEMET alerta sobre los riesgos.

Una granizada no es solo agua congelada que hace ruido. Es un elemento que transforma las condiciones de seguridad en la carretera de forma inmediata. Cuando impactan contra el suelo, actúan como miles de pequeñas canicas repartidas por el asfalto. Esto provoca que la adherencia de tus neumáticos desaparezca casi por completo, ya que la goma se enfría bruscamente y pierde su capacidad de agarrarse a la carretera.

Además, la visibilidad se reduce tanto que apenas puedes ver lo que sucede unos metros por delante de tu capó. Por eso, entender qué ocurre cuando te sorprende una granizada conduciendo es el primer paso para mantener el control de la situación.

Lo primero es mantener la calma bajo el ruido

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Fuente propia/IA

Cuando el granizo empieza a golpear tu coche, lo primero es no entrar en pánico. El ruido de una granizada puede ser ensordecedor e intimidante, y parece que el coche se va a romper en cualquier momento. Sin embargo, el estrés bloquea tu capacidad de tomar decisiones lógicas y rápidas.

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Respira hondo y recuerda que el coche está diseñado para soportar inclemencias, por lo que debes centrarte solo en los mandos. Si te dejas llevar por el miedo, podrías realizar movimientos bruscos que son fatales sobre una superficie tan resbaladiza.

Tu actitud al volante debe ser conservadora y muy suave. No pises el freno a fondo de manera repentina, ya que esto bloquearía las ruedas y te haría perder la dirección del coche. Lo ideal es que reduzcas la velocidad de forma progresiva, dejando que el motor ayude a frenar el vehículo. Al mismo tiempo, debes aumentar la distancia de seguridad con el coche que tienes delante, mejor el doble de lo habitual. Nunca sabes si el conductor de enfrente va a reaccionar de forma inesperada o si su coche va a deslizarse sin control.

Estrategias para no perder el rumbo en una granizada

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Fuente: Agencias

Cuando la visibilidad es casi nula, como en una granizada, tu instinto te empuja a mirar fijamente delante del coche, pero ese es un error común. Debes intentar elevar la vista y mirar hacia el horizonte, buscando las luces traseras de otros vehículos que te sirvan de guía para adivinar por dónde va la carretera. Si en algún momento pierdes la visión debido a la intensidad de la descarga, no te detengas en seco en mitad de la vía. Mantén el volante firme, conserva la trayectoria lo mejor que puedas y sigue avanzando despacio hasta encontrar un lugar donde parar con seguridad.

Es fundamental que enciendas las luces de cruce de inmediato para que los demás también puedan verte. El granizo genera una especie de neblina que hace que los coches se vuelvan casi invisibles si no llevan las luces encendidas.

Además, presta mucha atención a los camiones o autobuses que circulan cerca. Estos vehículos tan grandes levantan una cantidad enorme de agua y hielo al pasar, lo que puede inundar tu parabrisas por completo y dejarte a ciegas durante unos segundos críticos.

Qué hacer si no puedes refugiarte de una granizada

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Fuente: Agencias

En caso de que te veas obligado a detenerte en una zona abierta porque ya no puedes circular por la granizada, intenta orientar la parte delantera de tu coche hacia la dirección de donde viene. Puede parecer extraño, pero el parabrisas delantero es el cristal resistente del coche, por lo que protegerá mucho mejor el interior que las ventanas laterales o la luneta trasera.

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Bajo ninguna circunstancia debes salir del coche mientras dura la granizada. Quedarse dentro con el cinturón de seguridad abrochado es la opción más segura. Fuera estás expuesto a que una piedra de hielo te golpee con fuerza, a resbalar y caerte o, lo que es peor, a ser atropellado por otro conductor que no te vea debido a la tormenta

 Además, no te asustes si ves que el cristal delantero recibe un impacto fuerte y se agrieta. Esos cristales están hechos para no soltar fragmentos hacia el interior, por lo que estarás a salvo de cortes aunque el cristal se dañe. Aunque después de la tormenta, sí que tendrás que hablar con tu seguro y acudir a un taller para que lo cambien.

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Una vez que la tormenta haya terminado, haz una revisión minuciosa. A veces, lo que parece un pequeño puntito casi invisible en el parabrisas puede convertirse en una grieta en muy poco tiempo debido a los cambios de temperatura o a los baches de la carretera. Si el daño es pequeño, como el tamaño de una moneda, suele ser posible repararlo en un taller especializado sin tener que cambiar todo el cristal. Hacer esto a tiempo te ahorrará mucho dinero y devolverá al coche su seguridad original.