La obsesión de la DGT con los radares no tiene fin. Ya hay radares de tramos kilométricos

La DGT ha puesto el punto de mira en los radares de tramo, extendiendo su control a distancias que parecen imposibles.

La estrategia de la DGT ha dado un giro radical hacia la vigilancia continua. Ya no les basta con cazarte en un punto concreto de la carretera, sino que ahora quieren saber qué has hecho durante los últimos veinte o treinta minutos de tu viaje.

Quienes nos movemos a diario por carretera podemos confirmar que cada vez hay más cámaras suspendidas en pórticos vigilando. No son radares convencionales, sino los ojos de un sistema que anota la matrícula y pone en marcha un cronómetro invisible. Esta obsesión por el control absoluto está llegando a límites que muchos consideran excesivos, sobre todo cuando hablamos de tramos que superan los treinta kilómetros de longitud bajo vigilancia ininterrumpida.

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El radar de la DGT que parece no acabar nunca

Fuente propia

Uno de los ejemplos más claros de esta nueva política de la DGT lo encontramos en Navarra. La colaboración entre el Gobierno foral y Tráfico ha dado como resultado la activación de dispositivos que dejan en anécdota a los radares de siempre.

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El caso más llamativo es el nuevo radar instalado en la autovía A-68. Este dispositivo no vigila un puente o una salida peligrosa, sino que cubre una extensión de más de 30 kilómetros, en concreto entre el 115 y el 84, conectando las localidades de Cortes y Tudela.

Imagina lo que supone conducir esa distancia sabiendo que cualquier descuido te va a costar una multa. No vale con frenar un segundo, hay que mantener la velocidad durante un tiempo prolongado. Es una prueba de paciencia y precisión que agota a cualquiera. Según los datos que maneja la administración, este despliegue se justifica por una siniestralidad alta en la zona, con 76 accidentes registrados en apenas tres años. Pero para el conductor de a pie, recorrer media provincia bajo el examen constante de una cámara es una presión constante.

Este radar de la A-68 se ha convertido en uno de los más largos de todo el país, pero no es el único que te vas a encontrar en esta comunidad. En la N-121-A también han activado otro dispositivo que, aunque mide la mitad, siguen siendo casi 14 kilómetros. Este tramo atraviesa túneles como los de Belate y Almandoz, lo que añade una dificultad extra a la conducción. La sensación es que la DGT está cerrando el cerco y que las carreteras donde antes podías conducir con cierta fluidez se están convirtiendo en pasillos de vigilancia máxima.

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