Un Detroit Electric Model 97 de 1932, con cinco marchas en cada sentido y 84 voltios, busca comprador sin reserva en Bring a Trailer.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: la unidad no es un Model 97 de origen, sino un brougham Type B de finales de los años diez que la Alfred O. Dunk Company remanufacturó y despachó el 15 de junio de 1932 hacia Columbus, Ohio.
- No te lo puedes perder: conserva los mandos traseros plegables, con timón y palanca de velocidad, para gobernar el coche desde el asiento posterior, además de un jarrón para flores junto al pasajero.
- Datos y producción: motor DC de 84 voltios, catorce baterías AGM de seis voltios en serie, transmisión Hotchkiss, tambores traseros y freno de transmisión, según la ficha del lote.
Un brougham que nació dos veces
La descripción del lote sostiene que este coche inició su vida a finales de los años diez como un Type B Brougham y que años más tarde pasó por la Alfred O. Dunk Company, que lo remanufacturó como Model 97. El 15 de junio de 1932 quedó despachado con destino a la M. Maybaugh Electric Car Co. de Columbus, Ohio. Ese verbo, remanufacturar, explica el vehículo entero: no es un Model 97 de origen, sino una unidad devuelta a la circulación con chasis y órganos de etapas anteriores.
Detroit Electric había nacido en 1907 al amparo de la Anderson Carriage Company, pasó a denominarse Anderson Electric Car Company en 1911 y adoptó su nombre definitivo, Detroit Electric Car Company, en 1918. En 1929 la adquirió el liquidador Alfred O. Dunk, y el Model 97, levantado sobre chasis sobrantes y sobre modelos antiguos reconstruidos, continuó saliendo al mercado varios años más, con la demanda nacional de eléctricos ya en franca retirada. La trayectoria completa de la marca puede seguirse en su entrada enciclopédica.
Cinco velocidades por conmutación, no por engranajes
El motor de corriente continua de 84 voltios va montado por delante del eje trasero y lo mueve mediante eje de transmisión y grupo cónico helicoidal, dentro del esquema de Hotchkiss drive. La suspensión recurre a ejes rígidos con ballestas semielípticas. La ficha del anuncio describe cinco velocidades hacia delante y cinco hacia atrás: el escalonamiento no procede de una caja de engranajes, sino del control eléctrico del motor, de modo que este coche retrocede con la misma desenvoltura con la que avanza.
La energía llega desde catorce baterías AGM de seis voltios conectadas en serie y repartidas entre los compartimentos delantero y trasero. No son las baterías de 1932, pues la química pertenece a la misma familia pero la ejecución es contemporánea, y su presencia es la condición para que el coche se mueva. La ficha del lote confirma que la venta incluye un cargador Lester Electrical y un sistema de desconexión remoto añadido que aísla motor y accesorios.
La frenada combina dos sistemas. Los tambores traseros, con zapatas de expansión interna, se accionan por pedal; tirando de la palanca de mando hacia atrás entran en acción unas bandas de contracción externa que abrazan un tambor situado en la parte posterior del motor. Estamos ante un freno de transmisión, lógica mecánica de otra época. Las ruedas son de radios pintadas en negro, de 19 pulgadas, calzadas con neumáticos Firestone 4.75/5.00-19.
En este coche la electricidad no simplifica la mecánica: la multiplica. Cinco marchas en cada sentido y dos frenos para detener un automóvil de otra época.
Qué compra quien puja sin reserva
El puesto de conducción define al coche tanto como su motor. El asiento posterior alberga al conductor en su lado izquierdo, y desde él se gobierna el vehículo con un timón y una palanca de velocidad plegables; bajo los paneles del salpicadero se despliega un asiento individual orientado hacia delante. La tapicería es de paño gris, con alfombrillas a juego, ventanillas de manivela, bolsillos en las puertas y un jarrón para flores junto al pasajero.
La instrumentación reúne velocímetro Stewart-Warner, reloj Phinney-Walker y manómetros Roller-Smith de amperaje y voltaje. El cuentakilómetros de cinco dígitos señala 10.000 millas, de las que apenas diez se han añadido con el propietario actual; antes hubo una restauración y, en 2022, la compra por parte del vendedor que hoy lo anuncia. La carrocería va pintada en granate y negro con fileteado gris, con guardabarros de corona, faros de bisel cromado, visera de parabrisas, panel de techo de tela, estribos y piloto trasero con la palabra stop integrada.
En 1932 el motor de explosión llevaba años ganando la partida urbana, y los eléctricos pioneros habían construido su prestigio sobre la suavidad, el silencio y la ausencia de manivela. El Model 97 de la etapa Dunk es el testimonio tardío de una tecnología que se negó a desaparecer cuando el mercado ya había decidido. Ahí reside su rareza documental: una compañía que sobrevivió a su propio mercado reconstruyendo coches viejos y ofreciéndolos como novedad.
Conviene recordar que un remanufacturado de fábrica se juzga con otros criterios. En un clásico convencional, el número de bastidor manda; aquí, la identidad del coche nace de un proceso industrial documentado por la propia compañía que lo reconstruyó, de manera que el interés del coleccionista se desplaza del número al expediente: quién lo remanufacturó, cuándo y para quién. La venta sin reserva añade un segundo elemento de cálculo, porque el precio final dependerá del número de pujadores que entiendan ese matiz y no de una estimación que oriente la puja.
Quien puje lo hará sin red, porque el lote se adjudicará al mejor postor sea cual sea la cifra, más la comisión que aplique la plataforma. Se entrega con cargador, baterías modernas y documentación de Missouri. Para el coleccionista que ya guarda deportivos europeos y busca algo que nadie más aparca en el garaje, la combinación resulta difícil de repetir; para el purista, la duda —conservar su condición de remanufacturado o perseguir una forma original que nunca tuvo del todo— seguirá abierta mientras el coche tenga ruedas.

