Los sistemas ADAS han recortado a la mitad los alcances en Italia, pero el ahorro no llega al recibo del seguro.
Qué revelan medio millón de alcances analizados
La paradoja tiene un origen normativo. Desde 2024, todos los coches nuevos que se venden en la Unión Europea incorporan de serie un paquete de asistencias a la conducción, los conocidos como ADAS, que abarca desde el mantenimiento de carril hasta el cambio automático de luces. En julio de 2026 la exigencia dio un paso más: la frenada automática de emergencia con detección de peatones y ciclistas es ya obligatoria en todas las matriculaciones nuevas.
Para medir el efecto real de esas ayudas, un estudio internacional ha cruzado casi medio millón de alcances registrados en Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda con los partes oficiales de la policía y con el equipamiento de 98 millones de coches de nueve fabricantes distintos. El trabajo se encargó desde la asociación que reúne a las compañías aseguradoras alemanas, y sus conclusiones apenas dejan margen a la duda.
En los vehículos con frenada automática de emergencia, el riesgo de golpear al coche que circula delante cayó un 49%. Los registros alemanes que acompañan al análisis lo ilustran con claridad: las colisiones contra el vehículo precedente suponen alrededor del 25% de los accidentes estudiados entre los coches sin el sistema, frente al 12,5% entre los que lo llevan de serie.
La ventaja se aprecia sobre todo en el instante crítico. Entre los coches equipados con el sistema, el conductor había frenado antes del impacto en el 68% de los casos, frente al 42% de los que no lo equipan. Los sensores reaccionan antes que el pie humano, y esos milisegundos se traducen en metros ganados.
Menos golpes no siempre significa menos gasto: cuando el sistema actúa, evita el choque, pero encarece cada reparación que acaba en el taller.
Cuando el choque resulta inevitable, la diferencia se mide en energía. La velocidad del impacto se redujo 40 km/h en los vehículos con AEB y apenas unos 10 km/h en los que carecen de él. La gravedad de las lesiones siguió la misma dirección: los heridos graves o muy graves pasaron del 9% de los accidentes en coches sin el sistema al 2% entre los que lo llevan.
El sistema tiene límites. A alta velocidad, en curva, con poca visibilidad o cuando otro vehículo se cruza de improviso en la trayectoria, la frenada automática no siempre llega a tiempo. Los propios responsables del análisis señalan margen de mejora en esos escenarios extremos, que son justamente los más peligrosos.
Por qué el recibo no baja aunque se choque menos

Menos siniestros deberían traducirse en primas más bajas, y el recibo no se mueve. El análisis apunta tres razones que encajan entre sí.
- Difusión lenta: las asistencias llegan solo con los coches nuevos y, en muchos casos, limitadas a los acabados más equipados. La mayor parte del parque que circula hoy sigue sin ellas.
- Reparaciones más caras: sustituir el parabrisas de un coche con cámara de asistencia cuesta alrededor de un 25% más que en un modelo tradicional, porque hay que reponer también los sensores de radar y lidar asociados.
- Un parque que crece y envejece: en Italia los coches son de media antiguos y el total de vehículos en circulación no deja de subir, de modo que el número absoluto de siniestros se mantiene alto.
El resultado es que la tecnología mejora la seguridad sin aliviar el bolsillo. Y aparece un efecto secundario que conviene tener apuntado: un coche con asistencias que sufre un golpe leve genera una factura de taller muy por encima de la de un modelo sin ellas. Cuanto más caro es reparar, menos margen hay para bajar la prima.
Qué significa esto para el conductor español
La clave para el conductor español es que la obligación no entiende de fronteras. El reglamento es europeo, así que los coches nuevos matriculados en España llevan exactamente los mismos sistemas que los italianos, y la pregunta sobre el recibo es idéntica aquí. Ninguna norma obliga a trasladar la menor siniestralidad a la prima: el precio lo fija cada compañía con su propio cálculo de riesgo, y ese cálculo también mira el coste de las reparaciones.
Conviene recordar que la exigencia afecta solo a los coches nuevos. La mayoría de los vehículos que circulan por las carreteras españolas se matriculó antes de que la norma fuera obligatoria y no cuenta con frenada automática, de modo que el beneficio colectivo tardará años en notarse. Si compras de segunda mano, la fecha de matriculación se vuelve un dato tan relevante como el kilometraje: a partir de 2024, el paquete de asistencias viene de serie por obligación.
Y si tu coche ya lleva ADAS, hay dos detalles que conviene conocer. El primero es que reparar un parabrisas con cámara de asistencia cuesta alrededor de un 25% más que en un modelo tradicional, porque hay que sustituir también los sensores de radar y lidar que van asociados.
El segundo es más de fondo: mientras el parque siga creciendo y envejeciendo, el número total de siniestros se mantendrá alto y las mejoras técnicas se diluirán en la estadística global. El próximo hito será comprobar si la cuota de coches con frenada automática en circulación crece lo suficiente para mover el recibo.

