Donald Osborne no necesita coches caros para explicar por qué se mueve el mercado de los clásicos asequibles. En el episodio Assess and Caress de Jay Leno’s Garage, el especialista en tasación y el propio Leno se sientan frente a tres coches pequeños, sencillos y baratos de mantener para responder a una pregunta incómoda: qué convierte a un utilitario humilde en un objeto codiciado. La respuesta, según ambos, tiene menos que ver con la potencia que con el diseño y con la historia que arrastra cada modelo.
El programa bautiza la entrega como cheap and very cheerful, algo así como barato y muy alegre, y reúne tres piezas que en principio no competirían por un mismo comprador. Dos llegan cedidas por un museo y una procede de la colección personal del presentador: un Saab 93B de 1958, un American Bantam Roadster de 1938 y un Baja Bug de 1974. Osborne advierte desde el arranque que el hilo común no es el precio de compra, sino lo que cada uno cuenta sobre el momento en que fue construido.
El American Bantam y la obsesión por parecer algo más
La conversación empieza por el Bantam. Osborne recuerda que la británica Austin licenció su pequeño Austin 7 a BMW para el Dixi y también a fabricantes japoneses, y que de esa fórmula nació la American Austin en Estados Unidos. La idea era razonable: un coche utilitario, accesible y fácil de reparar justo cuando el automóvil entraba en la vida cotidiana de la clase media.
El problema llegó con la mentalidad del comprador. Según Osborne, en los años treinta, incluso en plena depresión, quien podía pagar un coche quería que los vecinos supieran que lo había pagado. Un vehículo pequeño y austero comunicaba justo lo contrario. Leno lo ilustra con el Tata Nano: un coche pensado para venderse por unos 2.500 dólares que fracasó porque, por ese dinero, el comprador prefería un Honda Civic de segunda mano o un Kia pequeño con aire acondicionado.
Diseñar bien un coche muy pequeño es realmente difícil: si lo ves solo en una foto, sin nadie al lado, no sabes si es grande o diminuto.
— Donald Osborne
American Austin quebró hacia 1934 y el proyecto renació como American Bantam. Osborne subraya la jugada: en lugar de venderlo como transporte básico, lo presentaron como un pequeño coche premium. Para ello recurrieron a Alexis de Sakhnoffsky, diseñador vinculado a Cord y Auburn, y el resultado, sostiene, es un coche de proporciones impecables y detalles comparables a los de un Lincoln de la época. Con unos 20 caballos y parabrisas abatible, el Bantam era un capricho de fin de semana para casas de campo o de playa, no un coche para cruzar el país.
Leno añade el dato industrial que explica por qué esto casi nunca funciona: fabricar un coche pequeño y barato cuesta casi lo mismo que fabricar uno grande y rentable. Pone el ejemplo del Falcon y el Mustang, prácticamente el mismo coche con precios muy distintos. La industria estadounidense, dice, nunca apostó por el utilitario desnudo; prefería llenarlo de opciones para justificar el precio final.
El último servicio del Bantam: el antecesor del Jeep
Osborne rescata el final de la historia, que es el más relevante. Cuando el ejército estadounidense buscó un vehículo de propósito general, fue la propuesta de Bantam la que quedó más cerca del pliego oficial. La empresa no pudo fabricarlo: su capacidad era de tres o cuatro unidades al día cuando se necesitaban cien, y el contrato acabó en manos de Willys y Ford. El Bantam murió, pero su diseño quedó en el origen del Jeep, un detalle que hoy sostiene buena parte de su atractivo entre coleccionistas.
El Saab 93B que Leno guarda desde hace casi 40 años
El segundo coche cambia de registro. Leno cuenta que tiene este Saab 93B desde hace casi cuatro décadas y lo describe como un coche fabuloso. Recuerda que en Nueva Inglaterra era el automóvil de los profesores de la Universidad de Vermont, con pipa y zapatos de suela gruesa, y destaca dos rasgos técnicos: la tracción delantera y el motor de dos tiempos, además del volante libre, un sistema que desconecta el motor de la transmisión al levantar el pie del acelerador y deja que el coche ruede sin freno motor. Una sensación extraña, admite, y a la vez divertidísima.
El detalle que Osborne y Leno subrayan es el origen: el Saab lo diseñaron ingenieros que venían de la aviación, algo que se nota en la ligereza, la aerodinámica y la falta de convenciones. Ese es el punto que separa al Saab de los otros dos: no es un coche barato que intentó parecer caro, sino un coche raro que con el tiempo se volvió deseable. Escasez, ingeniería peculiar y una historia que las generaciones jóvenes están redescubriendo. El tercer invitado, el Baja Bug de 1974, completa el trío como la otra gran vía de entrada al coleccionismo: la del Escarabajo transformado para el desierto, con mecánica sencilla y repuestos baratos.
Qué mira hoy el mercado de clásicos asequibles
La lectura del episodio es útil para quien mira anuncios con presupuesto limitado. Osborne y Leno coinciden en que el valor no está en la potencia ni en el equipamiento, sino en tres cosas: un diseño que aguante la mirada veinte años después, una solución técnica que lo haga distinto y una historia verificable. El Bantam cumple con el diseño y con el vínculo con el Jeep. El Saab cumple con todo lo anterior y añade algo que el mercado premia especialmente: producción corta y una personalidad que no se puede imitar.
Hay también un aviso. Los coches pequeños y baratos son caros de restaurar en proporción a lo que valen, y las piezas específicas, como los parabrisas cromados o los componentes de dos tiempos, no se encuentran en cualquier tienda. Quien compre pensando en una revalorización rápida se equivoca de premisa. La subida de estos modelos es lenta y depende tambien de que una comunidad de aficionados los mantenga vivos.
Al final, la tesis del programa es más sencilla de lo que parece: lo barato y alegre deja de ser barato cuando alguien lo mira con otros ojos. El Saab 93B, con su motor de dos tiempos y su herencia de aviación, es el mejor ejemplo de esa transformación. La pregunta que queda abierta es si el mercado sabrá distinguir entre los utilitarios que merecen sobrevivir y los que solo son viejos.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Jay Leno’s Garage en YouTube.


