El mes de mayo está dejando un escenario meteorológico especialmente complicado para los conductores. Las lluvias constantes y los cambios bruscos de intensidad han convertido la carretera en un entorno donde la precaución es más necesaria que nunca. Con el asfalto mojado, uno de los mayores riesgos es el aquaplaning, un fenómeno que puede aparecer en cuestión de segundos y que provoca la pérdida total de control del vehículo.
En este contexto, los neumáticos se convierten en el primer y más importante aliado del conductor, ya que son los encargados de evacuar el agua que se acumula entre la rueda y la calzada. Su capacidad para hacerlo depende directamente de un elemento clave: la banda de rodadura.
Bridgestone diseña y fabrica sus neumáticos pensando en este fenómeno

La banda de rodadura es la parte del neumático que está en contacto directo con el asfalto, y su diseño no es casual. Cada surco, cada canal y cada milímetro de profundidad están pensados para expulsar agua, barro y suciedad hacia los laterales, garantizando que la goma mantenga el contacto con la carretera. Cuando el dibujo está en buen estado, el neumático es capaz de cortar la lámina de agua y mantener la adherencia. Sin embargo, a medida que la banda se desgasta, su capacidad de evacuación disminuye de forma notable.
Es entonces cuando el riesgo de aquaplaning aumenta: si el neumático no consigue desplazar el agua con suficiente rapidez, se forma una película entre la rueda y el asfalto que hace que el vehículo “flote”. En ese instante se pierde tracción, dirección y capacidad de frenado. Incluso con neumáticos en buen estado, el aquaplaning puede aparecer si la acumulación de agua es excesiva o si la velocidad es demasiado elevada para las condiciones de la vía.
6 sencillos tips que te ayudarán a evitar el temido aquaplaning

La prevención es la herramienta más eficaz para evitar este fenómeno, y empieza por el mantenimiento del propio neumático. Revisar la profundidad del dibujo, comprobar que el desgaste es uniforme y asegurarse de que la presión es la correcta son acciones básicas que marcan una gran diferencia. Una presión inadecuada reduce la superficie de contacto y compromete la capacidad de evacuación del agua. A ello se suma la importancia de adaptar la velocidad a las condiciones meteorológicas: circular más despacio permite que el neumático trabaje con mayor eficacia y reduce el riesgo de perder el control. También es fundamental adoptar una conducción preventiva, identificando zonas donde pueda acumularse agua —como depresiones del terreno o áreas próximas a alcantarillas— y aumentando la distancia de seguridad. Evitar maniobras bruscas, como volantazos o frenazos repentinos, ayuda a mantener la estabilidad del vehículo. Y en superficies deslizantes, es preferible no utilizar el control de velocidad, ya que limita la capacidad de reacción del conductor.
Si a pesar de todas las precauciones se produce aquaplaning, mantener la calma es esencial. La reacción instintiva suele ser frenar o girar bruscamente el volante, pero ambas acciones pueden agravar la situación. Lo correcto es sujetar el volante con firmeza, mantenerlo recto y levantar suavemente el pie del acelerador para reducir la velocidad de forma progresiva. Una vez que los neumáticos recuperan el contacto con el asfalto, el vehículo puede reaccionar de manera repentina, por lo que es importante seguir actuando con suavidad hasta recuperar el control total.
Combinar neumáticos y conducción es perfecto para evitar el aquaplaning

Desde Bridgestone, líder mundial en neumáticos premium, insisten en que la combinación de neumáticos en buen estado y una conducción responsable es la mejor defensa frente al aquaplaning. Unos pocos milímetros adicionales en la banda de rodadura o unos kilómetros por hora menos pueden marcar la diferencia entre un susto y un accidente.
Fotos: Bridgestone





