Ahorrar gasolina en ciudad no exige cambiar de coche: llevar la presión correcta en los neumáticos y tener el aceite al día recorta hasta un 15% el consumo urbano.
Qué se gana de verdad con cada revisión
La cifra la firma el RACE, el Real Automóvil Club de España: sumar hábitos de conducción eficiente al mantenimiento básico del vehículo rebaja el gasto de combustible hasta un 15% en uso urbano. No es una cifra de folleto, sino la suma de varios factores que actúan a la vez.
El primero es la forma de acelerar. Quien pisa el pedal a fondo de manera constante gasta entre un 10% y un 15% más que quien dosifica la presión, porque el motor exige más esfuerzo en cada arranque desde parado. Con cambio manual, la referencia es engranar la marcha más alta posible sin forzar el motor: los especialistas sitúan el cambio óptimo entre 1.500 y 2.500 revoluciones en motores de gasolina.
El segundo factor es la anticipación. Mirar más allá del coche que llevas delante permite levantar el pie antes y aprovechar la inercia; en muchos modelos modernos, soltar el acelerador corta o reduce la inyección y se traduce en menos gasolina quemada. El tercero es el peso: cada objeto que arrastras sin necesidad exige más al motor y añade resistencia aerodinámica.
Anticipar el tráfico y dosificar el acelerador cuesta cero euros y rebaja el gasto más que cualquier aditivo del mercado.
La ruta también cuenta. Alargar diez minutos un trayecto de una hora por meterse en una vía congestionada puede elevar el gasto hasta un 14%. Las aplicaciones de navegación con tráfico en tiempo real ayudan a esquivar esos tramos, y salir con margen evita la tentación de acelerar para recuperar el tiempo perdido.
La presión de los neumáticos y el aceite: el mantenimiento que se nota en el surtidor

Circular con los neumáticos por debajo de la presión recomendada aumenta la resistencia al rodamiento. El castigo es de hasta un 3% más de consumo en circulación urbana y de hasta un 4% en trayectos interurbanos. La presión correcta figura en la puerta del conductor o en la tapa del depósito, y conviene comprobarla con las ruedas frías una vez al mes, reajustándola cuando el coche va cargado.
- Presión: comprobación mensual con el valor que indica el fabricante.
- Dibujo: por debajo de 1,6 milímetros es defecto grave en la ITV y puede acarrear hasta 200 euros de multa.
- Filtro de aire y de combustible: un elemento obstruido empobrece la combustión y dispara el gasto.
- Aceite: nivel entre las marcas de la varilla y cambio en el intervalo que fija el fabricante.
Un filtro de aire sucio impide que el motor respire bien, empobrece la mezcla y sube el consumo sin que se encienda ningún testigo. El aceite juega un papel parecido en términos de eficiencia: si ha perdido propiedades, la fricción interna crece y el motor necesita más energía para moverse. Traducido a un depósito medio de 50 litros, un 15% menos de gasto equivale a dejar de quemar unos 7,5 litros en cada repostaje.
Queda un gesto que no cuesta nada: si la parada supera el minuto, apagar el motor sale más barato que mantenerlo al ralentí. Muchos coches actuales lo hacen solos con el sistema Start/Stop. Con el aire acondicionado, en ciudad conviene circular con las ventanillas bajadas; en carretera, el compresor gasta menos que la resistencia que generan las ventanillas abiertas.
Cuánto cuesta no mirar nada de esto
Pongamos un caso concreto. Un coche que gasta 8 litros cada 100 kilómetros en ciudad y recorre 1.000 kilómetros al mes quema unos 960 litros al año. Un recorte del 15% deja la cifra en 144 litros menos: al precio que tenga el surtidor, eso son más de cien euros que se quedan en tu bolsillo.
El coste de no hacer nada no termina en el combustible. Un neumático que rueda con presión baja se desgasta de forma irregular y obliga a adelantar su cambio: un juego de cuatro se mueve entre 200 y 600 euros según medida y gama.
Y hay un límite que no admite interpretaciones. Circular con el dibujo por debajo de 1,6 milímetros es defecto grave en la ITV: no pasas la inspección y, si te paran, la multa llega hasta 200 euros, que se quedan en 100 euros con el pronto pago.
Conviene distinguir qué se puede hacer en casa y qué no. Comprobar la presión, mirar el nivel de aceite y revisar el estado de los filtros está al alcance de cualquiera con un manómetro y cinco minutos. Todo lo que toque frenos, dirección o electrónica del motor es trabajo de un taller de confianza: ahí el ahorro no compensa el riesgo. Puedes consultar los plazos y el procedimiento de la inspección en la web de la Dirección General de Tráfico.
El plan se sostiene en el calendario. Presión de neumáticos una vez al mes, nivel de aceite cada pocas semanas, filtros y cambio de aceite en el intervalo que marque el fabricante —habitualmente cada 15.000 o 20.000 kilómetros, o una vez al año— y la próxima ITV apuntada. El ahorro no depende de cambiar de coche, sino de cuidar el que ya tienes.

