Si bien es cierto que no se trata de un elemento muy popular entre los conductores, el convertidor catalítico, comúnmente llamado “catalizador”, es una parte esencial del sistema de escape de los vehículos modernos.
La principal función de este dispositivo no es otra que el de reducir las emisiones contaminantes que se generan en el motor durante la combustión. Con el catalizador se consigue transformar los gases nocivos producidos, como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno e hidrocarburos no quemados en compuestos menos dañinos, como dióxido de carbono y vapor de agua. Se trata, por tanto, de una pieza clave para cuidar del medioambiente y del buen funcionamiento del motor.
Estudios demuestran que para la mayoría de los conductores este elemento no recibe la importancia que merece y que no se realizan las acciones necesarias para mantenerlo en buen estado.
Consecuencias y motivos de un catalizador en mal estado
Todo conductor debería saber que un convertidor catalítico dañado u obstruido repercutirá directamente en el rendimiento del coche, provocando pérdidas de potencia, aumento del consumo de combustible y hasta fallos graves en el motor. Según AUTODOC ES, si el testigo del convertidor catalítico parpadea o permanece encendido, urge comprobar el protector térmico y sustituir el convertidor catalítico si es necesario para evitar fallos de funcionamiento.
Este elemento se puede estropear por acumulación de residuos de aceite no quemado, fallos en las bujías, mezcla incorrecta de combustible, e incluso por un uso abusivo de carburantes de baja calidad. Todos estos factores suelen generar obstrucciones internas que llegan a impedir una correcta circulación de los gases de escape, lo que obligará al motor a trabajar con mayor esfuerzo y, por tanto, reducirá su eficiencia. Diversos estudios, reportados tanto por organismos medioambientales como por expertos del sector automotriz, EPA y SAE, fundamentalmente, señalan que un catalizador en mal estado llegará a aumentar el consumo de combustible hasta en un 15%, lo que a largo plazo se traduce en un gasto significativo.
Por otro lado, y como cabe suponer, un catalizador defectuoso también contribuye al aumento de emisiones contaminantes. Se estima que aproximadamente el 10% de los vehículos que circulan por las carreteras presentan problemas en su sistema de emisiones, muchos de ellos directamente relacionados con un mal estado del catalizador. Y no solo se trata de un tema ambiental: en la ITV, una mala lectura de gases puede provocar la no superación de la prueba, obligando a una reparación inmediata.
Mantenimiento y detección temprana de problemas relacionados con el catalizador
Es muy recomendable realizar mantenimientos preventivos de esta pieza para alargar su vida útil. Para hacerlo adecuadamente se deberán utilizar combustibles de buena calidad, realizar cambios de aceite y filtros a tiempo, así como asegurarse de que el sistema de encendido y la mezcla aire-combustible estén bien calibrados.
Si se aprecia pérdida de potencia, dificultades en la aceleración o un aumento inusual del consumo, es posible que el catalizador esté obstruido. Como dicen los expertos de AUTODOC: «Un catalizador que se encuentre obstruido va a impedir que el motor respire correctamente. Como resultado, nuestro coche puede experimentar una pérdida de aceleración y reducción de la eficiencia del motor. También podremos notar que la economía de combustible disminuye.
El momento de una sustitución
De forma general, un convertidor catalítico suele durar entre 120.000 y 160.000 kilómetros, aunque se trata de una cifra que puede variar según el estilo de conducción, la calidad del combustible y el estado general del vehículo. Si tras una revisión se confirma que el catalizador está dañado u obstruido de forma irreversible, la única opción viable es sustituirlo por uno nuevo. No hacerlo comprometerá la salud del motor, aumentará los costes de mantenimiento y provocará sanciones por exceso de emisiones.
En resumen, prestar atención al estado del catalizador contribuye al cuidado del planeta, al rendimiento del coche y especialmente al bolsillo del propietario del vehículo. Mantenerlo en condiciones óptimas es una inversión en seguridad, eficiencia y tranquilidad.


