Mazda CX-30. Ya lo hemos probado
LLEGA EN SEPTIEMBRE

Mazda CX-30. Ya lo hemos probado

El nuevo SUV de la marca japonesa se sitúa entre el CX-3 y el CX-5 por tamaño y hereda buena parte de la tecnología del Mazda3, incluida la gama de motores, que contempla el revolucionario Skyactiv-X con 180 CV. Es un modelo que ofrece una dinámica muy ágil y un tacto general muy agradable.

Gregorio Arroyo

Gregorio Arroyo

18 de Julio 2019 22:00

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El nuevo CX-30 amplía la gama SUV de Mazda con un coqueto y dinámico modelo que se sitúa justo en medio por dimensiones entre el CX-3 y el CX-5. La pregunta surge de inmediato. ¿Por qué no denominarlo entonces CX-4? El motivo es que ese nombre ya pertenece a un SUV con un diseño más coupé que se comercializa desde hace tiempo en el mercado chino.

El nuevo inquilino de Mazda no se sale del guión de diseño que ha salpicado en los últimos años a sus modelos. Recuerda mucho al del nuevo Mazda3, con el que comparte plataforma, motores y presentación del interior, aunque se desmarca con sensaciones propias, como una habitabilidad que parece más desahogada y un maletero que presume de 430 litros, una cifra que no bate récords en un segmento donde se encontrará con rivales como el Seat Ateca, el Nissan Qashqai, el Peugeot 3008, el Renault Kadjar... y también del caché de un BMW X2 o un Volvo XC40 por la calidad que atesora.

Mide 4,40 metros de longitud, casi 1,80 de ancho y 1,54 de alto. La distancia entre ejes se sitúa en 2,66 metros. Son cifras más modestas que las del Mazda3, pero la sensación de espacio se multiplica. En el exterior combina detalles elegantes con la línea de protecciones que envuelve el perímetro de la carrocería con total naturalidad.

Una Mazda3 por dentro

En el interior la puesta en escena del salpicadero es un calco de la que monta el Mazda3. Tremendamente minimalista y limpia en sus formas horizontales, destaca la claridad de información del cuadro de mandos, el Head up Display de los 'buenos' que refleja la información en el parabrisas o una pantalla central de 8,8 pulgadas en el salpicadero capaz de analizar, incluso, el rostro del conductor y detectar si está cansado o somnoliento.

La separación entre las butacas delanteras es la misma que encontramos en el CX-5 y el campo de visión es generoso, aunque su altura libre al suelo (17,5 centímetros) no es una referencia precisamente. Es un SUV pero su enfoque es claramente asfáltico, ya que renuncia a elementos propios de ayuda al mundo off road. Sí que contempla tracción total, pero más orientada a la dinámica y a la seguridad que a la 'tierra'.

El confort de marcha delante es notable gracias, entre otras cosas, al diseño de los asientos. Estos sujetan mejor a nivel de la pelvis y facilitan un mejor apoyo de los muslos y la espalda. Detrás el acceso se podría mejorar si la apertura de las puertas fuera más generoso, y hay espacio más que suficiente para las piernas y hasta el techo. Otra cosa es la plaza central, perjudicada por un túnel de transimisión voluminoso y un mullido no tan amable. En cualquier caso tres adultos irán muy justos.

Motores conocidos, incluido el Skyactiv-X

También la gama de motores y cajas de cambio es conocida porque la comparte con el Mazda3. Bajo el capó presenta una variante 2.0 de gasolina de 122 CV y otra turbodiésel 1.8 con 116. Estas dos versiones estarán disponibles en su debut, en septiembre, mientras que el revolucionario propulsor Skyactiv-X de 180 CV llegará en octubre. El cambio puede ser manual o automático con convertidor de par, en ambos casos de seis velocidades.

Las mecánicas de gasolina van asociadas a un sistema híbrido ligero M Hybrid que cuenta con un motor eléctrico que asiste al principal, aunque nunca mueve al vehículo por sí mismo. La energía la recibe desde una batería de iones de litio de 24 voltios y 0,216 KWh de capacidad que se recarga por efecto de la frenada regenerativa. Esta eficiente solución permite que estas versiones presuman de la etiqueta medioambiental ECO.

Cualquier combinación motor-transmisión estará disponible tanto con tracción delantera como total. Esta última, denominada i-ACTIV AWD, ha optimizado la fricción interna en su funcionamiento y trabaja en conjunto con el GVC Plus, que distribuye de manera óptima el par entre las ruedas de cada eje. Y es que precismante la dinámica es uno de los puntos fuertes del CX-30, más similar a la de una berlina que a un SUV.

Tacto general muy agradable

La dirección es precisa, el tacto del cambio manual magnífico y el compromiso entre confort y agilidad brilla a gran altura. Hemos probado el CX-30 con el motor de gasolina de 122 CV y la caja manual. Y como no puede ser de otra manera, tiene los mismos pros y contras que en el Mazda 3. Es un propulsor tranquilo, quizás demasiado, debido a su condición de atmosférico. En muy agradable en un conducción sin grandes alardes, pero si queremos una respuesta con algo más de alegría no conviene dejarlo caer por debajo de las 4.000 rpm. Eso implica que hay que acudir con frecuencia al cambio y el consumo se dispara un tanto.

Otro de los puntos fuertes es su completa y avanzada dotación tecnológica en materia de seguridad y oferta multimedia. Bajo el sistema i-ACTIVSENSE contempla hasta 17 asistentes de conducción de última hornada, muchos de ellos de serie desde el acabado de acceso. El precio del CX-30 parte desde los 27.500 euros, sin aplicar la campaña de descuentos que tendrá en su lanzamiento.

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