Hay coches que envejecen y coches que se convierten en clásicos sin pedir permiso. El Mercedes CLS 63 AMG de 2013 que Martin ha subido a la Autobahn para AutoTopNL pertenece al segundo grupo. Y encima lleva apellido de preparador: Brabus 650, es decir, 650 CV y trece años de historia a sus espaldas.
Un CLS de 2013 con apellido de preparador
El coche es un CLS 63 AMG de 2013, la versión previa al restyling, pasado por el filtro de Brabus. En el repaso exterior, el presentador se detiene en la fibra de carbono mate: el splitter delantero, el alerón del portón y las insignias con la gran B sustituyendo a la estrella. Debajo de ese trabajo queda la huella de la Mercedes original, un detalle que Martin no pasa por alto.
Tampoco son cosméticas todas las mejoras. Los discos de freno delanteros crecen hasta los 390 milímetros frente a los 360 de serie, algo que el presentador agradece cada vez que frena fuerte. El coche luce además el AMG Driver’s Package, el paquete que libera la velocidad punta más allá de los 250 km/h autolimitados.
El V8 biturbo 5.5, el motor que AMG no debió abandonar
Bajo el capó late el V8 biturbo de 5.5 litros, la mecánica que, según cuenta Martin, los propios ingenieros de AMG consideran la mejor que han fabricado. Él va un paso más allá y sostiene que aquella fue la época dorada de la marca: después llegaron los motores de cuatro litros, la hibridación y los cilindros de menos, y el resultado, en su opinión, fue cuesta abajo.
El sonido es el verdadero protagonista de la prueba. El Brabus lleva un mando que abre la válvula del escape, y el resultado es un rugido que el presentador califica de mágico. Con las ventanillas subidas todo queda contenido; al bajarlas, el V8 lo llena todo. Tanto que un vecino le recriminó en alemán que a las ocho y media de la mañana ya había despertado a los niños del barrio.
Esta es la era de AMG que todos conocemos y queremos. Lo que llegó después, con motores más pequeños e hibridación, fue cuesta abajo: aquel fue su punto más alto.
— Martin, AutoTopNL
Las cifras acompañan al espectáculo. El odómetro marca 132.000 kilómetros y el coche arranca la prueba con trece años encima, pero el cronómetro no se avergüenza: alrededor de 4,1 segundos de 0 a 100 y unos ocho segundos de 100 a 200. Martin renuncia al launch control porque considera que el coche ya tiene edad suficiente para no someterlo a ese castigo. La punta declarada ronda los 306 km/h.
132.000 kilómetros y una caja que no está a la altura
El punto flojo, dice, está en la caja de siete velocidades. En modo automático cumple sin dramas; en manual se vuelve elástica y dubitativa, con una respuesta que no está a la altura del motor. Su recomendación es sencilla: dejarla en Sport Plus y olvidarse del asunto. En cualquier caso el ejemplar probado arrastra un problema de alineación que provoca vibraciones y desajustes en la dirección, así que parte de las sensaciones extrañas vienen de ahí y no de la mecánica.
Tampoco elogia el trabajo electrónico sin matices. Comenta que muchos preparadores actuales recurren a módulos externos que manipulan sensores en lugar de reprogramar la centralita, y no le parece la vía más elegante. Aun así, reconoce que el conjunto convence: el empuje está arriba, cerca de las 6.500 vueltas, momento en el que el motor se queda algo sin aire antes de que el cambio meta la siguiente y los turbos vuelvan a soplar.
Trece años de historia y un mercado muy distinto
Conviene poner el coche en su contexto. El CLS de segunda generación llegó al mercado en 2011, y su versión 63 AMG arrancó con 525 CV de serie. La variante S posterior subió a 585 CV, mientras que las unidades sin esa letra se quedaron en 557 CV, siempre con el mismo bloque biturbo y con tracción trasera en la mayoría de configuraciones. El Brabus 650 exprimía ese motor hasta los 650 CV con un objetivo claro: pelear en el territorio de los deportivos de la época.
Mercedes dejó de fabricar el CLS en 2023, un adiós que muchos aficionados leyeron como el final de una manera de entender las berlinas coupé. El propio presentador lamenta la desaparición del modelo y recuerda que existió también en carrocería Shooting Brake, una variante que hoy tiene pocos herederos. De ahí que estas unidades, según señala Martin, ya no sean caras para lo que ofrecen.
Qué significa todo esto para el aficionado
Para quien mire el vídeo con la cartera en la mano, el mensaje es doble. Por un lado, un CLS 63 AMG de esta generación es una puerta de entrada relativamente asequible a un V8 biturbo de la vieja escuela, con la ventaja de que ya ha superado la depreciación más brutal. Por otro, hay que asumir el coste de mantener una mecánica compleja, unos frenos de alto rendimiento y una electrónica que envejece peor que el hierro.
La lectura editorial es sencilla. La prueba de AutoTopNL no es una apología del tuning sin criterio, sino el retrato de una época que se cierra: la de los motores grandes, las cajas imperfectas y los escapes que se abren con un botón. Frente al downsizing y la hibridación que dominan el mercado actual, este coupé de 2013 funciona como recordatorio de lo que se ha ganado y, sobre todo, de lo que se ha perdido por el camino.
Y una advertencia práctica: el ejemplar del vídeo tiene un fallo de alineación evidente y un cambio que pide paciencia. Comprar uno de estos exige revisar bastantes más cosas de las que un anuncio de internet suele contar.
Al final, la pregunta que queda flotando es la de siempre. ¿Tiene sentido hoy un coche de 650 CV con trece años encima y una caja que no acaba de entenderse con su motor? Martin parece tenerlo claro: mientras el V8 siga sonando así, sí.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de AutoTopNL en YouTube.


