El 18 de octubre de 1976, un pequeño coche blanco recorrió por primera vez la línea de montaje de una fábrica recién estrenada, a pocos kilómetros de Valencia. Era un Ford Fiesta: compacto, práctico y moderno, pensado para una Europa que estaba cambiando. Probablemente, pocos de los presentes en ese momento imaginaban que asistían al comienzo de una de las historias industriales más importantes de la España contemporánea.
Cincuenta años después, aquel primer Fiesta representa mucho más que el nacimiento de un modelo icónico. Simboliza cinco décadas de empleo, innovación y compromiso con un territorio que ha crecido junto a Ford. Y contar la historia de Almussafes es, en buena medida, contar la de España durante el último medio siglo.
Años 70: un Fiesta para una España en transformación

Todo empezó antes de que saliera el primer coche. El 26 de marzo de 1974, Henry Ford II colocó la primera piedra de la factoría de Ford en Almussafes, una apuesta de gran envergadura en un país que se preparaba para una profunda transformación.
Dos años después arrancaba la producción del Fiesta y, apenas una semana más tarde, el rey Juan Carlos I inauguraba oficialmente las instalaciones.

España daba entonces sus primeros pasos en la Transición democrática. La televisión en color llegaba a los hogares y una nueva generación aspiraba a viajar, trabajar y vivir con más libertad. El Ford Fiesta encajaba en ese espíritu y se convirtió en protagonista de las carreteras españolas y europeas. Mientras tanto, en Almussafes nacía un ecosistema industrial que transformaría la economía de toda una comarca.
Años 80: un millón de Fiesta y una España europea

La década de la consolidación. El 2 de enero de 1981, la planta fabricó su Ford Fiesta número un millón. Ese mismo año comenzó la producción del Ford Escort, lo que amplió la capacidad de la factoría para adaptarse a distintos modelos.
En 1986, España ingresó en la Comunidad Económica Europea y Barcelona fue elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1992. La industria española ganaba presencia internacional y Almussafes se convertía en ejemplo de esa nueva vocación exportadora. Ford no solo fabricaba coches: aportaba tecnología, métodos de producción y conocimiento industrial que modernizaron el tejido productivo valenciano.
Años 90: conexión con el exterior

Si los ochenta fueron los del crecimiento, los noventa trajeron la madurez industrial. En 1995 se presentó el proyecto del Parque Industrial de Proveedores, inaugurado en 1996, que reforzó la colaboración con las empresas proveedoras y consolidó un modelo de producción más integrado y eficiente.
Ese mismo año empezó a fabricarse el Ford Ka, un urbano de diseño rompedor que se convirtió en símbolo de una década creativa. España proyectaba una imagen renovada con los Juegos de Barcelona y la Expo de Sevilla de 1992, internet llegaba a los hogares y Almussafes formaba parte de una red internacional de producción y distribución.
Años 2000: diez millones de motores y de vehículos

En 2000, la factoría alcanzó los diez millones de motores fabricados, reflejo del peso de su actividad mecánica dentro de Ford. En octubre de 2009 llegó otro hito: el vehículo número diez millones salió de sus líneas de montaje.
Entre ambas fechas, España estrenó el euro, los móviles se popularizaron y la digitalización empezó a cambiar la vida cotidiana. También cambiaron los coches, con más peso de la seguridad, la eficiencia y la tecnología, mientras las fábricas incorporaban nuevos sistemas de automatización y control de calidad. Adaptarse a esas exigencias se convirtió en una de las grandes fortalezas de Ford Almussafes.
A partir de 2010: el Kuga, el Mondeo y la electrificación

La segunda década del siglo confirmó la versatilidad de la planta. En diciembre de 2012 comenzó la producción del Kuga, que acabaría siendo una de las grandes referencias de la factoría. En 2014 se incorporó el Mondeo y, después, su versión híbrida, un paso significativo hacia la electrificación y una muestra de su capacidad para fabricar vehículos más complejos.
España salía de la crisis económica y la transformación digital aceleraba el cambio, con smartphones, redes sociales y nuevas formas de movilidad.
El impacto de Ford en el empleo valenciano
En 2016, con motivo del 40 aniversario, un estudio de la Universidad Europea de Valencia puso cifras a la huella de la marca en España. Según sus estimaciones, cada empleo directo en la factoría contribuye a sostener 5,82 empleos en la Comunidad Valenciana y 11,73 en el conjunto de España, sumando efectos directos, indirectos e inducidos. El estudio calculaba además que la actividad de Ford ayuda a generar más de 60.000 empleos en territorio valenciano.
Un impacto que va mucho más allá de Almussafes y alcanza a proveedores, empresas de transporte, servicios y numerosos sectores.
La mirada puesta en 2028

La electrificación, la conectividad y la transformación de los procesos productivos están redefiniendo el sector, y Almussafes se prepara de nuevo. El Kuga, fabricado en Valencia y disponible con distintos sistemas de propulsión, representa ya esa evolución hacia una movilidad más eficiente.
En julio de 2026, la marca anunció que a partir de 2028 producirá en Almussafes un nuevo SUV compacto de la familia Bronco, dos crossover multienergía, un hatchback eléctrico, y un nuevo SUV eléctrico pequeño. Todos se sumarán al Kuga con el objetivo de reforzar el futuro de las instalaciones.
Un aniversario con rostro humano

El 50 aniversario también ha servido para recordar la dimensión humana de esta historia. El 7 de octubre de 2026, Ford España y el Grupo Social ONCE presentaron un cupón conmemorativo dedicado a la inclusión laboral de las personas con discapacidad, fruto de una colaboración de más de 25 años. Cinco millones y medio de cupones llevaron por toda España la imagen de la factoría valenciana.
Una iniciativa que resume una idea presente desde los orígenes de Almussafes: detrás de cada avance tecnológico hay personas, conocimiento y oportunidades compartidas.
Una historia que continúa
En cincuenta años, España ha pasado de la Transición a la plena integración europea, de las primeras televisiones en color a la inteligencia artificial, y de los utilitarios de los setenta a los vehículos electrificados y conectados. Almussafes ha sido testigo y protagonista de esa transformación.
Por sus instalaciones han pasado generaciones de trabajadores y familias enteras vinculadas a la industria, que han convertido la factoría en un referente internacional. Aquel primer Fiesta de octubre de 1976 y los proyectos anunciados para los próximos años comparten una misma confianza en la capacidad de innovar, adaptarse y seguir avanzando.
Cincuenta años después, Almussafes sigue teniendo una historia que contar. Y, sobre todo, un futuro por construir.

