Basta con agacharse junto a una rueda para encontrarlo: una secuencia de cifras y letras grabada en relieve en el costado del neumático, con un formato similar en cualquier marca o modelo. Por ejemplo: 225/45 R17 94Y. A simple vista puede parecer una combinación arbitraria, pero en realidad cada tramo de ese código aporta un dato concreto sobre el neumático, necesario tanto para el fabricante del vehículo como para el propio conductor a la hora de elegir un recambio adecuado.
Interpretarlo correctamente no es un capricho técnico: montar un neumático con medidas o prestaciones distintas a las homologadas por el fabricante puede alterar el comportamiento del coche, afectar al consumo, al desgaste e incluso a la seguridad; por no hablar de que no superaremos la ITV. Por eso, entender esta nomenclatura es tan útil como saber revisar la presión o la profundidad del dibujo.
El primer número de la secuencia, 225 en el ejemplo, indica la anchura de la sección del neumático en milímetros, es decir, la distancia entre sus dos costados. A continuación aparece el 45, que representa la relación de aspecto o perfil: la altura del costado expresada como porcentaje de la anchura. Un perfil de 45 significa que la altura del neumático equivale al 45 % de sus 225 mm de anchura. Cuanto más bajo es este número, más «bajo» resulta visualmente el neumático, algo habitual en configuraciones deportivas.

Después llega una letra, en este caso la R, que informa sobre el tipo de construcción interna. La R corresponde a construcción radial, el estándar actual, en el que las capas de cordones se disponen de talón a talón en dirección radial a través de la carcasa. Junto a ella figura el diámetro de la llanta sobre la que debe montarse el neumático, medido en pulgadas: 17 en este ejemplo.
El código continúa con dos datos que muchos conductores pasan por alto: el índice de carga y el código de velocidad. El primero, 94 en el ejemplo, es un número que se traduce, mediante una tabla normalizada, en la carga máxima que puede soportar el neumático inflado a su presión máxima segura; en este caso, equivale a 670 kilogramos por rueda.
La letra que cierra la secuencia, Y en este caso, es el código de velocidad: indica la velocidad máxima que el neumático puede soportar de forma segura cuando está correctamente inflado y bajo carga. La Y corresponde a 300 km/h. Respetar estos dos valores es tan importante como respetar la medida, ya que un neumático con menor capacidad de carga o velocidad que la recomendada por el fabricante puede comprometer la seguridad, especialmente en viajes largos o con el vehículo muy cargado.
Otros símbolos que conviene saber identificar
Además del código principal, en el costado pueden aparecer otras inscripciones que aportan información complementaria y que resultan especialmente útiles según la época del año o el tipo de uso del vehículo:
• M+S (Mud + Snow): identifica, según el propio fabricante, neumáticos aptos para circular sobre barro y nieve.
• Pictograma 3PMSF (Three Peak Mountain Snowflake): esta montaña de tres picos con un copo de nieve certifica que el neumático ha superado unos requisitos específicos de rendimiento en condiciones invernales exigentes, un nivel de exigencia superior al del simple marcado M+S.
• Run Flat: señala que el neumático está diseñado para seguir rodando, durante una distancia y a una velocidad limitadas, incluso tras sufrir una pérdida de presión o un pinchazo.
• Tubeless: indica que el neumático funciona sin cámara interior, el sistema mayoritario en los vehículos actuales.
• Rotation: junto a una flecha, marca el sentido correcto de giro de esa rueda, un dato clave a la hora de montarla.
La fecha de fabricación, un dato que pocos revisan
Uno de los datos menos conocidos es que todos los neumáticos incluyen, dentro del código DOT, su fecha de fabricación. Se trata de un número de cuatro cifras —por ejemplo, 1025— en el que las dos primeras indican la semana y las dos últimas el año de fabricación. En este caso, semana 10 del año 2025.

Aunque los neumáticos no tienen una fecha de caducidad oficial, sí van perdiendo prestaciones con el paso del tiempo, como consecuencia del uso, el almacenamiento y las condiciones de conservación. Por este motivo, los especialistas recomiendan que, además de las revisiones periódicas habituales, a partir del quinto año de fabricación un profesional revise anualmente su estado, aunque el dibujo conserve profundidad suficiente.
La etiqueta europea del neumático
A toda esta información grabada en el propio neumático se suma la etiqueta europea, obligatoria desde hace años para todos los neumáticos que se comercializan en la Unión Europea. Esta normativa clasifica cada modelo según tres criterios: la eficiencia energética, la adherencia en mojado —de la letra A, la más eficiente, a la E, la menos— y el nivel de ruido exterior, también valorado de la A a la C, junto con su equivalente en decibelios.
La etiqueta incluye además datos básicos del propio neumático, como la marca y las dimensiones, y, si el modelo cuenta con homologación para conducción invernal, reproduce el mismo pictograma de la montaña de tres picos con el copo de nieve mencionado anteriormente. Consultarla antes de comprar permite comparar de forma objetiva neumáticos de distintas marcas, más allá del precio.
Saber interpretar toda esta información no es solo una cuestión de curiosidad técnica: es lo que permite elegir el neumático correcto para cada vehículo y cada uso, respetando las especificaciones que marca el fabricante. Un neumático con medidas, índice de carga o código de velocidad inadecuados puede repercutir en el consumo, en el comportamiento del coche e, incluso, en la seguridad de sus ocupantes.
Bridgestone, como uno de los principales fabricantes mundiales de neumáticos premium y soluciones de movilidad sostenible, insiste en que dedicar unos minutos a revisar estas inscripciones —antes de un viaje largo, al plantearse un cambio de neumáticos o simplemente durante el mantenimiento habitual del vehículo— es uno de los gestos más sencillos y eficaces para circular con mayor seguridad.

