El fenómeno del coche compartido parecía haber llegado a grandes ciudades como Madrid para quedarse como la solución definitiva a las restricciones de tráfico y los problemas de aparcamiento. Sin embargo, una de las empresas pioneras y más queridas por los usuarios acaba de dar una noticia que ha sorprendido a muchos.
El próximo 21 de mayo, sus coches dejarán de estar disponibles en las calles madrileñas. Esto nos hace preguntarnos qué está pasando en el sector y si este modelo de negocio es tan sólido como pensábamos.
2Un cambio de estrategia
La salida de Zity de Madrid no es una rendición, sino una transformación hacia un modelo que el Grupo Renault considera más sostenible y rentable. A partir de ahora, el servicio se integrará en Mobilize Share.
¿Qué significa esto para los usuarios? Pues que la comodidad de encontrar un coche en la puerta de casa o del trabajo se va a terminar. El nuevo enfoque se parece mucho más al alquiler de coches tradicional, aunque con la tecnología actual. Podrás seguir alquilando vehículos por minutos, horas o días, pero tendrás que recoger y devolver el coche en el mismo punto.
Este cambio busca eliminar la dispersión de la flota, uno de los principales quebraderos de cabeza de las empresas de carsharing. Cuando los coches están repartidos por la ciudad, la empresa gasta mucho dinero en personal que debe ir a buscarlos para cargarlos, limpiarlos o llevarlos a zonas con más demanda.
Al obligar al usuario a devolver el coche en una base fija, los costes se reducen. Sin embargo, el usuario pierde esa libertad y rapidez que hacía que el carsharing fuera tan atractivo frente al transporte público o al taxi. Es una apuesta arriesgada que busca la supervivencia económica sacrificando la cercanía extrema con el cliente.


