La velocidad siempre ha sido un atractivo en el mundo del motor. Desde deportivos radicales hasta berlinas de altas prestaciones, muchos conductores sienten la tentación de comprobar hasta dónde puede llegar su coche. Pero en carretera, esa curiosidad choca directamente con una realidad: los radares de tráfico están cada vez más avanzados y son capaces de detectar prácticamente cualquier exceso.
En los últimos meses, una pregunta se extiende recurrentemente entre los aficionados al motor: ¿existe realmente una velocidad a partir de la cual un radar deja de detectar un vehículo? La idea de «ir demasiado rápido para ser multado» suena casi a mito urbano, pero la evolución tecnológica obliga a analizar con detalle qué hay de cierto en ello y qué consecuencias puede tener ponerlo a prueba.
6La clave: no es la velocidad, es la infracción
El error más común al hablar de este tema es centrarse únicamente en la cifra de velocidad. Sin embargo, desde el punto de vista legal, lo verdaderamente importante es la infracción cometida. No importa si circulas a 180, 220 o más de 300 km/h: lo relevante es cuánto superas el límite permitido.
Por eso, incluso si existiera una mínima imprecisión en la medición a velocidades extremas, la sanción seguiría siendo válida. El sistema está diseñado para garantizar que cualquier exceso significativo quede registrado y pueda ser utilizado como prueba.


