Tyrrell’s Classic Workshop desvela por qué el Lamborghini 400GT es el mejor gran turismo de los 60

Tyrrell’s Classic Workshop detalla la historia del Lamborghini 400GT, un gran turismo de los sesenta con pasado de Hollywood, un V12 de doce mariposas y mejoras secretas que transforman su rendimiento.

Al ver el último vídeo de Tyrrell’s Classic Workshop, me quedó claro por qué Iain Tyrrell considera al Lamborghini 400GT el mejor gran turismo de los años 60. No es solo una cuestión de potencia o de diseño; es la suma de una historia fascinante, un pedigrí de cine y una ingeniería que, incluso en 2026, sigue escondiendo secretos capaces de transformar por completo su carácter.

El 400GT no nació de la nada. Como explica Tyrrell, el modelo anterior, el Lamborghini 350GT, tuvo 123 unidades con carrocería artesanal de aluminio fabricada por Touring de Milán. Ferruccio Lamborghini quería subir el volumen de producción y por eso se pasó al acero, unos kilos más pesado pero mucho más viable. Touring obedeció durante un tiempo, pero quebró en 1967 y no pudo seguir suministrando carrocerías. Aun así, el cambio estaba hecho y el 400GT mantuvo esa imagen de berlina deportiva de lujo que combinaba elegancia con un V12 delantero, justo lo que Lamborghini tenía en mente antes de que el Miura le volviera la cabeza.

Un V12 de 4 litros con doce cuerpos de mariposa

El corazón del coche es un motor V12 de 4 litros, evolución directa del 3.5 del 350GT. Tyrrell subraya que su creador, Giotto Bizzarrini, aprovechó los dos años de producción del primer modelo para hacer la mecánica más fiable, potente y robusta. Pero lo que de verdad marca la diferencia es la alimentación: doce cuerpos de mariposa individuales, uno por cada cilindro. En el vídeo, Tyrrell destaca que eso otorga una respuesta al acelerador instantánea, casi de moto de gran cilindrada. No es un motor de V12 convencional con dos o cuatro mariposas; es un concierto de admisión que se nota en cuanto rozas el pedal.

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Buena parte de la magia de esta unidad concreta está en su pasado. Tyrrell desvela que el coche fue un regalo de boda del mítico director David Lean a su guionista Robert Bolt y a la actriz Sarah Miles, protagonista de ‘La hija de Ryan’. La propia Miles lo usaba a diario en Roma y luego en el sur de Inglaterra, donde era famosa por poner al límite aquel gran turismo. Según relata el taller, llegó a ser cazada a 130 millas por hora, lo que le costó el carnet y, finalmente, la venta del coche. Esa historia de excesos y glamur encaja perfectamente con el perfil de comprador de un 400GT: 14.000 dólares de la época no estaban al alcance de cualquiera.

El taller de Tyrrell ha ido más allá de una simple restauración. Han desarrollado un kit de mejora para el V12 que incluye, entre otras cosas, unos pistones especiales fabricados por CP bajo sus especificaciones. Sin revelar todos los detalles —el cliente prefiere mantenerlo en secreto—, Tyrrell confiesa que la tecnología empleada para salvar el bloque original agrietado es tan singular que no puede mostrarla. Lo que sí queda claro es que esos pistones convierten el motor en algo mucho más reactivo, con una entrega de par y una suavidad que, en sus palabras, «no debería tener derecho a sentirse en un coche de esta época».

Con apenas un octavo de acelerador, el coche ya se agacha de atrás y levanta el morro. Esa respuesta es embriagadora, pura adicción

Iain Tyrrell

Al volante: una respuesta digna de una superbike

La prueba dinámica que muestra el vídeo es elocuente. Tyrrell apenas pisa el acelerador y el coche sale disparado. La ligereza del conjunto —a pesar de la carrocería de acero— y los doce cuerpos de mariposa hacen que la aguja suba con una violencia controlada. La dirección, admite, es puramente de los sesenta: precisa pero con ese tacto de época que ninguna asistencia electrónica puede enmascarar. Aun así, el conjunto es tan gratificante que el presentador se declara «muy feliz» con el resultado. Tanto que ya piensa en la próxima prueba con el motor completamente rodado para exprimir todo su potencial.

Tyrrell insiste en un punto que considera fundamental: la restauración no solo ha devuelto la vida al coche, sino que ha revalorizado la unidad muy por encima de lo invertido. Los asientos, tapizados en una rarísima piel de cerdo con grano —solo dos 400GT la montaron, uno de ellos propiedad de Frank Sinatra—, han sido restaurados magistralmente por su especialista Craig. Combinado con el color original St. Vincent y el interior en cuero tabaco, el resultado es un automóvil que, según Tyrrell, tiene una nueva oportunidad de brillar.

Escuchar a Tyrrell hablar del 400GT es entender que un gran turismo no se define solo por la velocidad punta, sino por cómo te hace sentir al volante. Y este Lamborghini, con su mezcla de historia, rareza mecánica y carácter indómito, se gana el título sin despeinarse.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Tyrrell’s Classic Workshop en YouTube.

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