El Shelby Cobra Daytona Coupe, protagonista de la subasta Gooding & Christie’s en Pebble Beach 2026

El chasis CSX2300, tercero de los seis Daytona Coupe fabricados, llega a la Monterey Car Week con una estimación superior a los 25 millones de dólares. Es el único ejemplar que perteneció a Carroll Shelby y uno de los coches americanos más esperados en subasta.

Con una estimación que la casa fija en «In Excess of $25,000,000», el Shelby Cobra Daytona Coupe chasis CSX2300 se perfila como la estrella indiscutible de la venta que Gooding & Christie’s celebrará en Pebble Beach los próximos 14 y 15 de agosto, dentro de la Monterey Car Week. Se trata del único de los seis Daytona Coupe que Carroll Shelby conservó en propiedad personal, y su aparición en una subasta de este calibre supone, con toda probabilidad, la oportunidad más importante del año para el coleccionismo americano.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: el chasis CSX2300 es el tercero de los seis Shelby Cobra Daytona Coupe construidos; el único que perteneció a su creador, Carroll Shelby, y acude a la puja restaurado con la decoración azul y el dorsal número 12 que lució en las 12 Horas de Sebring de 1965.
  • No te lo puedes perder: la procedencia es irrepetible: historial de competición en el Tour de Francia Automobile, el campeonato FIA GT de 1965 —donde Shelby arrebató el título a Ferrari— y una carrera privada en Japón hasta 1968, antes de pasar más de dos décadas bajo la custodia del propio Shelby.
  • Cifras y cotización: estimación superior a 25 millones de dólares. El récord actual para un automóvil americano en subasta lo ostenta el Duesenberg SSJ de 1935, vendido por 22 millones en Gooding Pebble Beach 2018. El Shelby más caro hasta la fecha es el 260 Cobra CSX 2000, rematado en 13,75 millones en RM Sotheby’s Monterey 2016.

Una trayectoria que forjó la leyenda

Peter Brock, responsable del diseño para Carrozzeria Gransport, concibió una carrocería cupé de aluminio ultraligero cuyo único fin era batir a los Ferrari 250 GTO en el Mundial de GT. El Daytona Coupe logró ese propósito en 1965, y el chasis CSX2300 fue un protagonista discreto pero constante: debutó en el Tour de Francia Automobile de 1964 con Bob Bondurant y Jochen Neerpasch, ganó las dos primeras especiales y, aunque los problemas mecánicos frustraron el resultado global, dejó claro el potencial de la silueta.

1964 Shelby Daytona Coupe trasera gooding Motor16

Ya bajo los colores de Shelby American, participó en Daytona —tercero de clase, sexto absoluto— y en Sebring, antes de integrarse en la campaña europea de Alan Mann Racing. En Nürburgring repitió el tercer puesto en su categoría; en Reims fue segundo. La llegada de la normativa de 1966 convirtió al Daytona en obsoleta frente al programa Ford GT40, pero CSX2300 fue el único de los seis que continuó compitiendo fuera del paraguas oficial: corrió en Japón hasta 1968, con escenarios como el Fuji Speedway y el Gran Premio de Japón, ampliando un historial que ya era notable.

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La propiedad personal de Carroll Shelby entre 1975 y 1998 añade el último ingrediente de prestigio. Durante esos veintitrés años, el automóvil fue restaurado por el especialista Mike McCluskey con criterios de fábrica y participó en concentraciones clave como la SAAC-9 de Anaheim, la reunión del 30.º aniversario del Cobra en Sonoma o las Monterey Historic Automobile Races. Una segunda restauración, llevada a cabo en 2000 bajo la dirección de Larry Bowman, conservó deliberadamente las marcas de su palmarés deportivo. Desde entonces, el coche ha permanecido en manos de un único coleccionista europeo que lo ha dejado ver con regularidad en citas como el Tour Auto, el Modena Cento Ore o el Goodwood Revival; su última aparición data de julio de 2026, en el Festival of Speed de Goodwood.

Pocas veces una pieza de colección reúne en una sola silueta la ingeniería de Shelby, la competición contra Ferrari y la custodia de su propio creador durante más de dos décadas.

El contexto del mercado y el precio que puede hacer historia

El Shelby Cobra Daytona Coupe, una de las máquinas de competición más influyentes del automovilismo americano, no solo aspira a renovar el récord de la marca; si supera los 22 millones de dólares se convertirá en el coche fabricado en Estados Unidos más caro jamás subastado, desbancando al Duesenberg SSJ de 1935 que Gooding remató en 2018. El listón, leído en dólares nominales, sigue siendo alto para una estrella yanqui: apenas un puñado de automóviles americanos han superado la barrera de los diez millones en puja pública, y la cima actual está cuatro millones por debajo de la estimación de salida del Daytona.

La subasta de Pebble Beach 2026 no es ajena a estos equilibrios. En 2025, Gooding —entonces aún sin la alianza con Christie’s— vendió el Ferrari 250 GT SWB California Spider Competizione por 25,3 millones, su propio récord como casa. Ahora, la misma firma programa el Daytona con una valoración «In Excess of $25,000,000», una cifra que deliberadamente evita el techo pero insinúa que el destino del chasis CSX2300 pasa por el escalón más alto. La Monterey Car Week ofrece este año un menú excepcional, con un McLaren F1 GTR «Pop Art» estimado por RM Sotheby’s por encima de los 35 millones, lo que garantiza la atención mediática y el tráfico de coleccionistas que un lote de esta envergadura necesita.

¿Puede un automóvil americano plantarle cara a las berlinettas italianas y a los deportivos de Woking? La respuesta, en el mercado actual, reside menos en la potencia o en los cronos que en la intangibilidad de las historias que cada bastidor transporta. Y CSX2300 ofrece un relato casi novelesco: el diseño de Peter Brock, la carrocería italiana de Gransport, la obsesión de Shelby por derrotar a Ferrari, la singularidad de ser el único Daytona que sobrevivió a su dueño y una hoja de servicios que cruza continentes y décadas. La combinación es lo bastante rara como para que los especialistas no descarten un precio de martillo que haga temblar las listas.

Con todo, conviene recordar que el mercado de los superclásicos ha mostrado en los últimos meses un apetito selectivo: las piezas con historia documentada y procedencia perfecta mantienen tracción mientras el resto corrige. El Daytona de Pebble Beach cumple de sobra con ambas exigencias. Lo único que cabe preguntarse es si la cifra final quedará más cerca de los 25 millones o si, espoleada por la competencia de los otros lotes estelares de la semana, se instalará en un territorio inédito para un automóvil de bandera estadounidense. La puja del 15 de agosto tiene, desde luego, todos los elementos para escribir un nuevo capítulo en la historia del coleccionismo.

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