Stellantis despide a 650 ingenieros de Opel y recurre a Leapmotor

La compañía elimina 650 puestos técnicos en Rüsselsheim mientras confirma que el próximo SUV de Opel se basará en la plataforma china Leapmotor y se fabricará en Zaragoza a partir de 2028.

El tijeretazo que Stellantis acaba de dar en la ingeniería de Opel no es un ajuste más de plantilla. Es la confesión tácita de que el futuro de la marca del rayo pasa por la tecnología china y no por el I+D alemán. La compañía eliminará 650 puestos de ingeniería en la sede histórica de Rüsselsheim (Alemania), mientras confirma que el próximo SUV eléctrico de Opel se desarrollará sobre la arquitectura del chino Leapmotor y se fabricará en Zaragoza a partir de 2028. El coste de la transición ya no se mide solo en euros: se mide en soberanía tecnológica.

La factura de la transición eléctrica: 650 ingenieros menos en Alemania

El recorte de empleo anunciado por Stellantis reduce los efectivos técnicos de Rüsselsheim a unos 1.000 ingenieros. En 2017 la planta empleaba a 7.700. La diferencia es la distancia que separa aquella Opel que desarrollaba motores y plataformas completas, de la actual, cuyo ámbito se estrecha hacia áreas muy acotadas: inteligencia artificial, software, sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS), baterías e iluminación digital. El grueso de la ingeniería del vehículo queda en manos del socio chino.

La cifra de despidos es la mayor desde la venta de Opel a PSA en 2017. Entonces se justificaron las sinergias; ahora se reconoce que ni las sinergias del grupo alcanzan para mantener el músculo técnico propio en un entorno de electrificación con márgenes cada vez más finos. El ahorro en I+D que consigue Stellantis al externalizar la arquitectura del vehículo es, simplemente, la única manera de cumplir con los objetivos de rentabilidad del plan Dare Forward 2030 sin sacrificar el precio final del coche.

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El SUV de Opel que nace en China: arquitectura Leapmotor para un C-SUV

El nuevo modelo, aún sin nombre, se situará en el segmento C-SUV, entre el Frontera y el Grandland en la gama Opel. Utilizará componentes clave de la última arquitectura eléctrica de Leapmotor, incluida la tecnología de baterías, mientras que la aportación de Opel se limitará al diseño exterior e interior, la puesta a punto del chasis, la iluminación y los asientos. Es decir, lo que el cliente ve y siente, pero no lo que mueve el coche.

La producción está confirmada en la planta de Figueruelas (Zaragoza), donde ya se fabrican el Opel Corsa, el Peugeot e-208, el Lancia Ypsilon y el propio Leapmotor B10. El SUV de Opel compartirá línea, probablemente, con ese B10 chino, cuyo precio arranca en los 29.900 euros en mercados como Alemania, Francia o España. Esto lo sitúa 4.000 euros por debajo del Skoda Elroq, un competidor directo. Para la versión de Opel, la compañía promete un precio «accesible», lo que apunta a una factura aún más baja. Las especificaciones del B10 —motor único de 215 CV, baterías de 56,2 y 67,1 kWh, hasta 434 km de autonomía— dan una idea del margen técnico. La versión con extensor de autonomía, con hasta 900 km totales, podría elevar la propuesta.

2026 Leapmotor B10. Stellantis. Pureba.

El giro estratégico: Stellantis privatiza el I+D y externaliza la innovación

Stellantis no es la primera multinacional europea que recurre a tecnología china para sus eléctricos, pero sí es el mayor fabricante tradicional que lo hace de forma tan descarnada. La operación se enmarca en la joint venture Leapmotor International (LPMI), controlada al 51% por Stellantis y con los derechos exclusivos de venta y producción de los modelos Leapmotor fuera de China. En 2025, la compañía china comercializó 40.000 unidades en Europa; en el primer trimestre de 2026 ya suma 24.751 matriculaciones. Esa tracción comercial es la que ahora Stellantis quiere replicar bajo la piel de Opel.

El movimiento tiene lógica financiera: el desarrollo de un vehículo eléctrico desde cero puede costar entre 1.000 y 2.000 millones de euros. Al utilizar una plataforma ya amortizada por Leapmotor, Stellantis se ahorra el grueso de esa inversión y reduce el plazo de llegada al mercado a menos de dos años. La rentabilidad por unidad vendida mejora, algo crucial cuando el precio medio de venta de los eléctricos en Europa sigue cayendo y los objetivos de emisiones de 2027 aprietan.

Sin embargo, la factura industrial no es neutra. Alemania pierde empleo cualificado en un centro que durante décadas fue el corazón de la ingeniería de Opel. La industria auxiliar europea, desde proveedores de componentes hasta ingenierías de desarrollo, ve cómo la cadena de valor se desplaza hacia China. La decisión también envía una señal al resto del grupo: si la marca con más arraigo técnico alemán adopta Leapmotor, ¿qué impedirá que otras marcas como Peugeot, Citroën o Fiat sigan el mismo camino? De hecho, el comunicado de Stellantis deja claro que «el nuevo vehículo pretende servir como modelo para una colaboración global eficiente», lo que sugiere que habrá más proyectos similares.

La planta de Zaragoza, mientras tanto, se convierte en un hub de producción para el ecosistema chino-europeo. La mano de obra española se asegura carga de trabajo, pero la tecnología que se monta en ella ya no se diseña en el continente. La dependencia estratégica es bidireccional: Leapmotor necesita la capacidad productiva europea para sortear aranceles, y Stellantis necesita los costes asiáticos para no perder el tren de los eléctricos asequibles.

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Análisis de Impacto

  • Dato de mercado: El precio de partida del Leapmotor B10 (29.900 €) es un 12% inferior al de su rival más directo, el Skoda Elroq. Si el Opel basado en esta plataforma cuesta menos de 30.000 euros, forzará a la competencia a revisar márgenes en el segmento C-SUV eléctrico, el de mayor volumen potencial en Europa.
  • El rumor: Fuentes cercanas al comité de empresa de Rüsselsheim apuntan a que el plan de recortes podría ampliarse a otras sedes de ingeniería del grupo si el modelo Leapmotor para Opel funciona. Las marcas premium del grupo (Alfa Romeo, DS) no serían inmunes, aunque de momento Stellantis lo niega.
  • Veredicto: Stellantis sacrifica resiliencia tecnológica a cambio de competitividad en costes a corto plazo. La jugada es correcta para cumplir con los objetivos de CO2 de 2027, pero cada vez más marcas del grupo serán ensambladoras de tecnología ajena. El riesgo no está en 2028: está en 2035, cuando la marca Opel dependa casi por completo de un socio chino para su núcleo de producto.