En el epicentro del verano, con 30 grados a la sombra y un taller a reventar de clásicos, Ian Tyrrell nos abre las puertas de Tyrrell’s Classic Workshop. La excusa perfecta: ajustar los carburadores de un Lamborghini Miura que se resiste a cantar como debería. Entre cajas de herramientas y paños de gamuza, el especialista británico nos regala una clase magistral de mecánica, historia y puro mimo por el automóvil.
El delicado equilibrio de los carburadores Weber
Tras el montaje de los carburadores que mostró en un vídeo anterior, Tyrrell explica que ahora el Miura está listo para la puesta a punto. La altura de la boya —14 a 14,5 milímetros según fábrica— es crítica: determina cuánto combustible presiona los surtidores de la cuba. Con 14 milímetros, el motor se ahogaba. “Probamos con 14,5 y la respuesta cambió radicalmente”, relata. Los tornillos de mezcla de ralentí, que por norma deberían estar entre una vuelta y vuelta y media desde su asiento, apenas se desenroscaban media vuelta. Eso indicaba demasiada gasolina en la cuba, empujando con fuerza el circuito de baja. La gravedad estaba haciendo de las suyas.
El presentador no oculta la tensión: estos carburadores Weber 40 IDL empiezan a cotizarse en el mercado de piezas por encima de los 50.000 dólares. “Sin presión”, bromea mientras Cory y James ajustan las boyas con precisión quirúrgica. Este Miura, el vigésimo tercero fabricado, es una bestia visceral, “puro punto y disparo”, contrapuesto al refinamiento del posterior Countach. Una joya que exige un trato exquisito.
Un Rolls-Royce Corniche con 28.000 km y mucha historia
De la tensión del Miura pasamos a la serenidad de un Rolls-Royce Corniche coupé con apenas 28.000 kilómetros. Llegado desde Grecia para una revisión, Tyrrell destaca su originalidad: “Cada milímetro es de fábrica, salvo los neumáticos y los consumibles”. El cuero VM 3218 viste el salpicadero, aunque la parte superior es vinilo negro —material que resiste mejor el sol y no se encoge como el cuero, algo que sufrió algún Diablo de los 90 en sus guarnecidos. Un detalle que delata la experiencia del taller.
Pero la verdadera joya tecnológica es el reproductor de cartuchos 8-track que aún conserva. Con solo cuatro canciones por cinta, ofrecía una calidad de sonido sorprendente gracias a su cinta ancha, e incluso Rolls-Royce incluía un cartucho de demostración con sonido cuadrafónico. “Es un placer ver un 8-track todavía en su sitio, con su colección de cintas”, rememora Tyrrell, que encontró uno similar en su propio Lamborghini Espada.
Para Ian Tyrrell, la clave está en los detalles: «Cuando los surtidores apenas se desenroscan media vuelta, sabes que hay demasiada gasolina en la cuba; el coche te lo está gritando».
— Ian Tyrrell
Dos Ferrari 330 GT, dos filosofías de transmisión
En un rincón del taller, dos Ferrari 330 GT comparten espacio pero no arquitectura. Ambos montan el mismo motor V12, pero uno es un 2+2 con transmisión delantera, eje rígido trasero y un comportamiento gran turismo; el otro es un biplaza con transaxle: motor delantero, tubo de par y caja de cambios de cinco velocidades en el eje trasero, con suspensión independiente. “El transaxle mejora el reparto de pesos, la tracción y el control”, explica Tyrrell, que recuerda cómo Porsche adoptó este esquema en sus 924, 944 y 968. Sin embargo el biplaza con transaxle requiere un montaje peculiar: primero el motor, después la caja se introduce desde el habitáculo, luego la consola y los asientos. “Es casi un kit de montaje”, bromea.
El arte de la conservación: un Bentley Turbo R y el Concurso de Bowsworth
La cámara se detiene en un Bentley Turbo R de más de 30 años que nunca ha sido repintado. Dan, el pulidor del taller desde hace 15 años, ha devuelto el brillo a su pintura British Racing Green original, y las finas líneas rojas —pintadas a mano en fábrica— no muestran escalón alguno, prueba infalible de que la pintura es la de origen. “Es una maravilla cómo ha quedado”, admite Tyrrell, señalando que la tapicería de cuero apenas ha necesitado un retoque.
Aunque el evento ya ha tenido lugar cuando este vídeo se publica, la meticulosidad con la que el equipo se preparó para el Bowsworth International Al-Shahar Concours refleja el nivel que exige Tyrrell. Dan trabajó hasta las once de la noche, y el resultado fue un Bentley que brillaba como si acabara de salir de fábrica. “Su trabajo es pura orfebrería”, sentencia Ian.
Entre carburadores, elegancia británica y pura artesanía italiana, el taller de Tyrrell funciona como un quirófano del automóvil. Cada ajuste de boya, cada repaso de cera, encierra una lección. Y cuando el motor V12 ruge afinado, la recompensa es el silencio de un propietario satisfecho.
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