Porsche 924: El primer transaxle que llegó para poner un punto y seguido en la casa alemana

El Porsche 924 fue el primer modelo de la compañía alemana con una configuración transaxle. Eso quiere decir que el motor delantero estaba conectado con una transmisión ubicada en el eje trasero. Detalle que condicionaría su comportamiento dinámico.

A mediados de los años setenta, Porsche vivía uno de esos momentos en los que una marca se enfrenta a sí misma. Weissach hervía de ideas, dudas y ambiciones. En ese propicio ambiente nació un automóvil que, visto desde hoy, parece inevitable, pero que entonces supuso un salto al vacío: el Porsche 924, el modelo que abrió las puertas a una nueva filosofía técnica y estética dentro de la firma alemana. Un deportivo con motor delantero, líneas afiladas y un concepto 2+2 que rompía con todo lo que el mundo asociaba a los de Zuffenhausen. Como recuerda Harm Lagaaij, uno de sus diseñadores: «El 924 surgió de forma puramente intuitiva y, por supuesto, su diseño causó una cierta sorpresa»*.

La historia del Porsche 924 no empieza precisamente en Porsche, sino en Volkswagen. El proyecto EA 425 era un encargo que llegaba como una hoja en blanco, sin referencias previas y con la libertad justa para encajar componentes de gran serie. Lagaaij lo resume con una frase que hoy parece casi un manifiesto creativo: «Teníamos ante nosotros una hoja de papel en blanco, literalmente». Ese vacío conceptual permitió que el diseño se desarrollara sin ataduras, aunque la producción ya estuviera planificada y la arquitectura técnica definida.

El contexto tampoco ayudaba. El 914 había demostrado que el mercado podía ser cruel con los experimentos, y Volkswagen atravesaba decisiones estratégicas que afectaban a su colaboración con Porsche. Cuando Toni Schmücker asumió la presidencia de Volkswagen en 1975, el proyecto EA 425 se canceló. Fue entonces cuando Porsche decidió recomprarlo y convertirlo en algo propio. Ese gesto marcó el inicio de una etapa en la que la marca se permitió explorar caminos que parecían alejados de su tradición.

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El Porsche 924 nació como auténtica declaración de intenciones

2026 Porsche 924. Transaxle. Imagen maqueta.
Foto: Porsche

Aunque el legendario ‘nueveonce’ seguía siendo el icono absoluto dentro de la marca, Porsche necesitaba ampliar horizontes. El Porsche 924 representaba una nueva forma de entender el diseño: más funcional, más cotidiano, pero sin renunciar al ADN deportivo. Era un automóvil que invitaba a redefinir qué hacía que un Porsche fuera un Porsche. ¿La posición del motor? ¿La sensación al volante? ¿La coherencia técnica? ¿Las prestaciones? El 924 obligaba a replantearlo todo.

Su arquitectura transaxle —motor delantero y caja de cambios en el eje trasero— fue una apuesta valiente. Roland Kussmaul, ingeniero y piloto, lo describía como un coche equilibrado, dócil y rápido, capaz de mantener la compostura a alta velocidad, con viento lateral o en cambios bruscos de carril. Esa distribución de pesos se convirtió en una de las claves de la nueva filosofía técnica de la casa alemana.

En paralelo al Porsche 924, el equipo de diseño trabajaba en el 928, un gran turismo con motor V8 que compartía la misma arquitectura conceptual pero con un lenguaje formal completamente distinto. Y que de paso se ha convertido en el único modelo de la marca en conseguir el galardón de ‘Coche del Año en Europa’, concretamente en 1978. Anatole Lapine, Wolfgang Möbius y Hans-Georg Kasten lideraron un proyecto que buscaba atraer a nuevos clientes sin diluir la esencia de la marca. El 928 era más grande, más lujoso y más ambicioso, pensado para largas distancias y para un público que demandaba comodidad y seguridad.

Dos mundos, una marca en transformación

2026 Porsche 924. Transaxle. Imagen movimiento.
Foto: Porsche

La coexistencia del 911 y los modelos transaxle generó tensiones internas. Ernst Fuhrmann, presidente de Porsche en aquella época, llegó a considerar que el 911 estaba destinado a desaparecer. Pero los clientes pensaban lo contrario. Su sucesor, Peter W. Schutz, tardó apenas tres semanas en revertir la decisión y asegurar la continuidad del 911. El tiempo le dio la razón: el 911 sigue siendo el corazón de Porsche.

Mientras tanto, el Porsche 924 demostraba su importancia económica. Con más de 150.000 unidades fabricadas entre 1976 y 1988, se convirtió en un pilar fundamental para la compañía de Zuffenhausen. Su éxito permitió que la familia transaxle creciera con la llegada de los 944 y 968, aunque la falta de sinergias entre modelos encareció los costes y dificultó su continuidad.

Aun así, el legado de estos vehículos es incuestionable. Lagaaij destaca su elegancia, su amplitud, la gran luneta trasera y la dinámica convincente. Kussmaul recuerda el rendimiento en competición, especialmente el 924 Carrera GTS que logró un décimo puesto en el Rallye de Montecarlo de 1982. Para él, aquel coche era, sin duda, «un auténtico Porsche».

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El renacimiento de los transaxle medio siglo más tarde

2026 Porsche 924. Transaxle. Imagen.
Foto: Porsche

Cincuenta años después, los modelos transaxle viven una segunda juventud. Su diseño ha envejecido con una modernidad sorprendente y sus cualidades para el uso diario se valoran más que nunca. Representan una faceta de Porsche que va más allá de la posición del motor: la búsqueda constante de la mejor solución posible, incluso cuando esa solución implica romper con la tradición.

El Porsche 924 no solo abrió una puerta técnica; abrió una puerta cultural. Demostró que Porsche podía reinventarse sin perder su esencia. Que podía explorar nuevos territorios sin renunciar a su carácter. Que podía mirar hacia el futuro sin olvidar de dónde venía.

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Cinco claves del legado transaxle en el Porsche 924

  • Arquitectura transaxle como símbolo de equilibrio y precisión.
  • Diseño valiente que rompió con la tradición sin perder identidad.
  • Diversificación de la gama para atraer nuevos clientes.
  • Impacto económico decisivo para la supervivencia de la marca.
  • Renacimiento actual como iconos modernos y funcionales.

Fotos: Porsche