El Mercury Capri IMSA GT de Lyn St. James con librea Motorcraft #7 sale a subasta

Construido por Bill Scott Racing y Cars & Concepts en Michigan para el campeonato IMSA GT, logró un podio con la misma librea roja y plata. Su V8 de 5.546 centímetros cúbicos fue reconstruido en 2019 y el coche ha participado en varios Sonoma Historic Motorsports Festivals.

El Mercury Capri IMSA GT de Lyn St. James, con la librea Motorcraft #7, sale a subasta en Bring a Trailer. No es una réplica ni un tributo: es el coche de carreras con el que St. James logró un podio en la Kelly American Challenge de 1982.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: un chasis tubular de fibra de vidrio construido por Bill Scott Racing y Cars & Concepts en Michigan para el campeonato IMSA GT, con historial documentado en competición.
  • No te lo puedes perder: la librea roja y plata de Motorcraft #7 es la misma con la que Lyn St. James subió al podio en la temporada de 1982.
  • Cifras y contexto: motor V8 de 5.546 centímetros cúbicos reconstruido en 2019, caja Jerico de cuatro velocidades y 78 horas de funcionamiento en el horómetro, según el anuncio de Bring a Trailer.

El chasis de Bill Scott Racing que pilotó Lyn St. James

La base es un bastidor tubular de acero sobre el que va montada una carrocería de fibra de vidrio con aletas ensanchadas. La construcción corrió a cargo de Bill Scott Racing y Cars & Concepts en Michigan, con la vista puesta en el campeonato IMSA GT. Lyn St. James lo alineó dentro de la Kelly American Challenge, la categoría de berlinas americanas derivadas de serie, y lo lució con la librea roja y plata de Motorcraft #7.

El anuncio de Bring a Trailer documenta un podio con St. James al volante en 1982. Tras su vida en competición, el coche fue restaurado en algún momento y ha participado en varias ediciones del Sonoma Historic Motorsports Festival. El vendedor lo adquirió en 2020 y ahora lo ofrece en California con repuestos y una factura de venta, no con número de bastidor tradicional ni título, porque es un coche destinado a la competición.

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El conjunto se asienta sobre llantas Real Racing de 16 pulgadas calzadas con slicks Goodyear Eagle de 25,0×13,0 delante y 27,0×14,0 detrás. Delante monta coilovers QA1; detrás, amortiguadores Koni regulables. Los frenos son discos ventilados con pinzas Wilwood y tomas de refrigeración.

Un V8 de competición reconstruido en 2019

La mecánica actual es un V8 de bloque pequeño con cárter seco, reconstruido en 2019 por Gary Meier en Torque Power Engines. Desplaza 338,42 pulgadas cúbicas, equivalentes a 5.546 centímetros cúbicos, y monta cigüeñal Bryant Racing, árbol de levas de rodillos sólido, pistones Ross con cúpulas de 11 cc, bielas Carrillo, empujadores de cromomolibdeno, válvulas de titanio Del West y balancines de acero inoxidable Crower. Remata el conjunto un colector de admisión Ford Motorsport y un carburador Holley, con encendido MSD y racores AN.

La transmisión es una Jerico de cuatro velocidades con caja de engranajes tipo dog-box, acoplada a un eje trasero de 9 pulgadas con autoblocante y relación 4,30:1. El anuncio también incluye un grupo de 3,90 y otra caja Jerico de repuesto. Los fluidos se renovaron a principios de 2026, un detalle relevante para quien quiera ponerla de nuevo en pista.

La cabina está despojada y protegida por una jaula antivuelco con barras laterales. Hay un asiento de competición con arnés Crow Enterprizes, volante de liberación rápida, palanca Hurst, un tacómetro de 11.000 rpm y un horómetro mecánico que marca 78 horas de funcionamiento. El kilometraje total es desconocido.

En un coche de carreras sin VIN, la procedencia y la librea valen más que cualquier cifra de potencia.

Qué dice esta subasta del mercado de coches de competición

Este Capri no es un clásico convencional. No tiene número de bastidor tradicional ni título para circular por carretera. Su valor como objeto de colección radica en el historial de competición, en la autoría de Bill Scott Racing y en la vinculación con una mujer que abrió camino en el automovilismo americano. El mercado de coches de carreras lo sabe: la procedencia importa tanto o más que la mecánica.

La librea Motorcraft #7 es parte sustancial del valor. No solo porque documenta lo que el coche fue, sino porque remite a una época concreta de la IMSA GT: patrocinadores presentes, berlinas de silueta y parrillas en las que convivían preparadores y marcas con presupuestos muy dispares.

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Ofrecido sin estimación pública, el lote atrae a un comprador distinto del coleccionista de calle. La ausencia de VIN no es aquí un defecto, sino la prueba de su destino original. La pregunta para el futuro propietario es si mantener la configuración actual de festivales históricos o devolverla al estado exacto de 1982, un dilema que en competición histórica suele resolverse con menos purismo y más criterio de conservación funcional.

En los últimos años, los coches de la IMSA GT de principios de los ochenta han ganado presencia en las subastas de históricos de competición. Frente a los gran turismo europeos, estas berlinas americanas ofrecen valores de entrada más razonables y una mecánica sencilla de mantener. La firma de Bill Scott Racing añade un eslabón de autenticidad, ya que no se trata de un constructor ajeno a la época.

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El lote incluye un grupo trasero de recambio con relación 3,90 y una segunda caja Jerico de cuatro velocidades, lo que refuerza su condición de coche de carreras preparado para seguir compitiendo. Para un coleccionista, la ausencia de VIN y la factura de venta delimitan con claridad sus posibilidades: no es un objeto para guardar en un museo de calle, sino un testimonio funcional de una categoría que definió una década.