Mercedes-AMG GT 63 Pro: 804 CV y 225.000 dólares para cazar al Porsche 911 GT3

Doug DeMuro analiza la versión más radical del GT 63: más de 600 CV, frenos cerámicos de serie y una factura de 225.000 dólares. Su veredicto es claro: es un GT más picante, no un GT3.

Doug DeMuro arranca su último análisis con una advertencia: el Mercedes-AMG GT 63 Pro es un coche serio. Más de 600 CV, frenos enormes, un V8 biturbo y una factura que ronda los 225.000 dólares. Es el modelo más deportivo de la familia AMG GT. Pero cuando toca compararlo con el Porsche 911 GT3, el youtuber frena en seco.

Qué es el AMG GT 63 Pro y qué lo separa del resto

Para situar el coche, DeMuro recuerda qué es un AMG GT: la interpretación de Mercedes-Benz del 911, con cuatro plazas y un enfoque deportivo, aunque con más dosis de lujo y confort que el alemán de Zuffenhausen. El GT 63 es la versión tope de gama y llega con un V8 biturbo que en el modelo estándar entrega 577 CV. En el Pro esa cifra sube por encima de los 600 CV, con algo más de par y mejores aceleraciones.

Un detalle que le gusta subrayar: el motor va firmado a mano por quien lo ha montado en AMG, en este caso un tal Kevin Wright. DeMuro le da las gracias en voz alta y celebra que la marca mantenga esa tradición artesanal.

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Frenos cerámicos, refrigeración extra y retoques de aero

¿Qué justifica la etiqueta Pro? Lo más relevante son los frenos cerámicos de carbono, que llegan de serie. Su argumento es que aguantan mejor el calor y se degradan menos en circuito, justo lo que se busca para hacer vueltas rápidas. A eso se suma refrigeración adicional para componentes de la transmisión, pensada para lo mismo.

También hay revisiones aerodinámicas en ambos extremos: menos sustentación delante y algo más de apoyo detrás, cambios modestos pero perceptibles sobre todo en los tiempos por vuelta. Lo que no cambia es la suspensión. El Pro mantiene la misma que el GT 63 convencional, y Mercedes sostiene que su sistema adaptativo basta para ambos. DeMuro acepta la explicación, aunque no esconde su sorpresa.

En el apartado estético aparecen piezas de carbono en las tomas laterales del frontal, faldones más ensanchados y un alerón trasero de buen tamaño. Hay paneles detrás de las ruedas posteriores para canalizar el aire y una bandera a cuadros en el emblema como única pista exterior de que no es un GT 63 normal. La palabra Pro no aparece en ningún sitio, algo que al youtuber le parece curioso. La tracción total 4Matic+ sigue siendo de serie.

No es un GT3: es un GT 63 más caliente, con asientos traseros y portón eléctrico que delatan su vocación de gran turismo.

— Doug DeMuro

Sobre el precio, DeMuro echa cuentas. Un GT 63 Coupé arranca en unos 185.000 dólares; el Pro parte justo por encima de los 200.000. La unidad que prueba ronda los 225.000, con unos 20.000 en opciones. De esa cantidad, 10.000 corresponden solo al color: Green Hell Magno, un acabado mate que toma el apodo del Nürburgring. Le parece espectacular, pero deja la decisión al comprador.

Interior de circuito que no renuncia al lujo

Dentro el ambiente es muy deportivo. Butacas tipo baquet con agujeros en el respaldo para pasar arneses, fibra de carbono por consola, volante y paneles de puerta, y un aro grueso forrado en Alcántara con base plana. Nada de esto se aleja mucho de lo que ofrece un GT 63 normal, que ya es un coche agresivo.

Lo llamativo es que el Pro conserva los asientos traseros. Son dos plazas estrechas, poco útiles para viajar, con redes de almacenaje al alcance de los ocupantes delanteros. Para DeMuro, ese detalle es la mayor prueba de que no estamos ante un rival frontal del 911 GT3: es un GT 63 más picante, no un deportivo de circuito con la carta de presentación del Porsche. Tambien el maletero sorprende por su tamaño para un coupé, con portón automático y respaldos abatibles con solo pulsar un interruptor.

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Pantallas, mandos y un cronómetro muy peculiar

El repaso tecnológico tiene su hueco. En el volante hay dos círculos que cuelgan del centro: uno cambia el modo de conducción y el otro es una pantalla configurable desde la que se ajustan control de tracción, sonido del escape o dureza de la suspensión. Suena complicado, admite, pero funciona.

En el cuadro hay un indicador rápido de temperatura de los neumáticos, con azul para frío y rojo para caliente. En la navegación, al pasar junto al zoo, aparecen imágenes de elefantes: un guiño escondido que le hizo gracia. Menciona también las apps AMG con potencia y par instantáneos y un cronómetro con forma de reloj analógico digital que le parece una solución rara. El infoentretenimiento, en cambio, le sigue pareciendo de los mejores del mercado.

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4.300 libras, mucho V8 y la duda de una versión R

Al volante, DeMuro recuerda que el AMG GT actual se ha fusionado en cierto modo con el SL y ha ganado plazas traseras, perdiendo parte del pedigrí de superdeportivo que tuvo la generación anterior. El V8 biturbo sigue siendo, dice, uno de los grandes motores de prestaciones que quedan en producción. Pero con apenas 25 CV más que un 63 normal, cuesta notar la diferencia. Lo describe como un coche algo más suave y predecible, menos inmediato. Y se pregunta si llegará una versión R, como ocurrió antes con el GTR y el GTR Pro, que sí se acercaban al concepto del GT3.

Conviene ponerlo en contexto. El Porsche 911 GT3 es un deportivo atmosférico, de planteamiento más extremo y sin plazas traseras en su configuración clásica. El AMG GT 63 Pro juega otra liga: suma lujo, espacio y habitabilidad a un rendimiento enorme. Existen variantes híbridas de la gama AMG GT con más potencia, así que el Pro no es el más fuerte de la familia, sino el más afinado. El peso, alrededor de 4.300 libras, explica por qué no es radical.

Qué significa esto para el comprador

La lectura de DeMuro deja una idea clara: quien busque el coche más rápido en circuito dentro del catálogo de Mercedes probablemente deba mirar hacia otra parte, o esperar una hipotética versión R. El GT 63 Pro está pensado para otro perfil. Alguien que quiere un gran turismo con prestaciones de sobra, frenos capaces de aguantar un track day y un interior donde el carbono y el lujo conviven sin conflicto. Un coche que puede llevar a dos adultos delante y, en caso de apuro, a dos más detrás, algo que un GT3 sencillamente no ofrece.

Para el comprador español hay que sumar impuestos y homologaciones que disparan la factura muy por encima de esos 225.000 dólares. La pregunta que queda flotando, después de escuchar a DeMuro, es si merece la pena pagar la prima por un coche que renuncia a ser el deportivo extremo que su nombre promete.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Doug DeMuro en YouTube.

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