El Mercedes-Benz GLB da un giro radical hacia el mundo digital con la llegada de MB.OS, el sistema operativo propio que la marca estrenó recientemente en el CLA y que ahora aterriza en este SUV de hasta siete plazas. Como novedad central, el modelo adopta una superficie acristalada que integra un cuadro de instrumentos de 10,25 pulgadas y dos pantallas de 14 pulgadas independientes para la consola central y el acompañante, todo ello amparado por la cuarta evolución del sistema multimedia MBUX. Todo el despliegue digital queda recogido en la ficha oficial del GLB, donde se enumeran las capacidades del MB.OS. El resultado es un habitáculo que salta directamente a la vanguardia del infoentretenimiento, aunque no sin ciertos matices que todo conductor apreciará desde el primer viaje.
El verdadero protagonista es el asistente virtual con inteligencia artificial, uno de los más ambiciosos del momento. Capaz de procesar el lenguaje natural y aprender de las rutinas, responde a comandos hablados como si charlaras con un copiloto. Sin embargo, en la práctica, esta digitalización tan afinada puede pecar de entusiasta: basta tararear una canción para que la dulce voz de la asistente irrumpa en el audio y ofrezca ayuda, justo cuando menos la necesitas. De hecho, varios periodistas han constatado durante la prueba que tararear una melodía activa al asistente, lo que obliga a deshabilitar momentáneamente la activación por voz. Una pega menor que la marca ya trabaja en suavizar mediante futuras actualizaciones OTA.
MB.OS y la cuarta generación MBUX: dos pantallas sin costuras
La arquitectura digital del nuevo GLB se apoya en MB.OS, un sistema operativo diseñado por la propia marca que permite actualizaciones OTA y una integración más profunda entre módulos del vehículo. Sobre él corre la cuarta generación MBUX, que despliega sus funciones en un panel acristalado único con tres zonas de visualización. El conductor dispone de un cuadro digital de 10,25 pulgadas frente a él; en el centro, una pantalla de 14 pulgadas gestiona el sistema multimedia, la navegación y los ajustes del coche; y, por primera vez en el GLB, el pasajero delantero disfruta de otra pantalla de 14 pulgadas independiente, desde la que puede controlar el entretenimiento, consultar aplicaciones o, por ejemplo, poner una película sin interferir en la conducción. Además, MB.OS permite la creación de perfiles de usuario que almacenan desde la posición de los espejos hasta las rutas frecuentes, sincronizándose con la aplicación Mercedes me y extendiendo la personalización entre vehículos de la marca.
La fluidez de la interfaz es notable y la respuesta táctil, inmediata. El asistente IA, entrenado con grandes modelos de lenguaje, entiende frases abiertas como «tengo frío» o «busca un restaurante italiano cerca» sin necesidad de menús. También puede ajustar la temperatura, activar los asientos con calefacción o sugerir puntos de carga para versiones eléctricas, todo con órdenes coloquiales. Un salto cualitativo frente a los comandos de voz rígidos que muchos conductores aún conocen.
La frontera del lujo hoy no está en el tacto de los materiales, sino en la rapidez con la que el coche entiende lo que quieres.
Al volante: luces, sombras y materiales
En conducción real, el nuevo GLB convence a quien valora la digitalización por encima de todo. Las pantallas de 14 pulgadas ofrecen una densidad de información muy trabajada y la posibilidad de repartir tareas entre conductor y acompañante aporta una sensación muy actual. Sin embargo, hay un precio que se paga en la materialidad. Al apartar la vista de las pantallas y recorrer la consola central o los paneles bajos, se echa en falta aquella robustez y el tacto mullido que asociábamos a la estrella. La transformación hacia un habitáculo más limpio y minimalista deja al descubierto plásticos que, sin ser malos, rebajan la atmósfera premium. Como si el lujo contemporáneo se hubiera volcado en los píxeles y hubiera dejado un tanto de lado el alma física.
Análisis: la apuesta digital de Mercedes como nuevo baremo
Con esta renovación, Mercedes alinea el GLB con la estrategia que ya insinuó el CLA: el coche deja de ser una suma de mecánica y tapicerías para convertirse en una plataforma sobre ruedas gobernada por software. La adopción de MB.OS permite, además, recibir actualizaciones OTA que pueden añadir funciones, mejorar el asistente IA o ajustar el rendimiento de otros sistemas sin necesidad de pisar el taller. Una baza de cara a una vida útil que se extiende en el tiempo.
No obstante, el conductor debe ser consciente de los sacrificios. El asistente IA, aunque puntero, todavía muestra comportamientos invasivos que pueden requerir un ajuste manual —algo que muchos usuarios preferirían no tener que hacer—. Y el salto en calidad táctil, aunque compensado por la potencia digital, puede descolocar a quien venga de generaciones anteriores del GLB o de competidores que aún miman los acabados tradicionales.
En el horizonte, la promesa de la inteligencia artificial a bordo sigue siendo muy atractiva. Mientras el sistema aprende patrones y se refina con las futuras OTA, el GLB se perfila como un ejemplo de que el verdadero lujo en el automóvil de 2026 ya no se mide solo en milímetros de espuma, sino en la calidad de las conversaciones que mantienes con tu vehículo.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: 14 pulgadas de pantalla central y del acompañante, más el cuadro de 10,25 pulgadas, bajo la cuarta generación MBUX con MB.OS.
- Lo que equipa: superficie acristalada triple pantalla, asistente de voz con inteligencia artificial y procesamiento de lenguaje natural, conectividad OTA y sistema operativo Mercedes-Benz Operating System.
- Así te afecta como conductor: dispones de un habitáculo ultradigitalizado con respuesta rápida y capacidad para entender órdenes coloquiales; eso sí, el asistente puede resultar un poco celoso y el tacto de algunos mandos no es el de antes.


