Stellantis ha confirmado que negocia una alianza estratégica para Maserati con dos socios —uno de ellos chino— en una operación que definirá el futuro industrial de las plantas de Cassino y Módena. La marca, que no está en venta, necesita acceso urgente a tecnología de electrificación y escala de producción para enderezar sus cifras de ventas.
El movimiento llega en un momento delicado. Durante el pasado Investor Day de mayo, Maserati apenas tuvo protagonismo en la puesta de largo de los nuevos modelos del grupo. El CEO de Stellantis, Antonio Filosa, admitió entonces que la firma “juega un papel muy especial como marca de lujo pura”, pero los datos fríos dibujan otra realidad: sus matriculaciones globales se han desplomado un 22% en lo que va de año, según cifras extraoficiales que manejan los concesionarios italianos.
La gama actual —GranTurismo, GranCabrio y Grecale— no ha logrado contener la caída. Los nuevos modelos que se insinuaron bajo una lona en mayo no llegarán hasta finales de la década y, aunque el primer crossover grande (heredero del Levante) y un deportivo de líneas elegantes parecen encajar en la tradición de la casa, la necesidad de quemar etapas es evidente. Sin un socio que comparta los costes de desarrollo de plataformas BEV y el software asociado, Maserati corre el riesgo de quedarse sin producto competitivo en el segmento premium eléctrico.
Filosa reconoció ante el Parlamento italiano que la marca merece “una conversación dedicada” y la emplazó para diciembre. Lo que no dijo es que esa conversación probablemente ya tenga nombre y apellido: uno de los dos candidatos a la alianza es chino y podría aportar la pata tecnológica que a Stellantis le falta en electrificación de lujo.
Los posibles socios: Huawei y JAC en la ecuación
Fuentes del sector en China, recogidas por Reuters, apuntan a que los interlocutores son Huawei y JAC. La primera pondría sobre la mesa su ecosistema de conducción inteligente y baterías; la segunda, capacidad productiva y experiencia en la fabricación de vehículos enchufables a gran escala. El rumor que circuló meses atrás hablaba incluso de un modelo vendido bajo la marca Maextro en China y como Maserati en el resto del mundo. Stellantis, por ahora, se limita a decir que “mantiene conversaciones con distintos actores de la industria para ofrecer las mejores opciones de movilidad” y que no comenta especulaciones.
Diciembre no es una fecha elegida al azar: para entonces Stellantis debe tener claro si Maserati se enchufa al talento chino o busca su camino en solitario.
La clave industrial no está solo en el software. Los dos centros de Cassino y Módena llevan meses con una carga de trabajo inferior a la necesaria para garantizar su viabilidad. Una alianza que traiga consigo nuevos proyectos y volúmenes daría oxígeno a las plantillas. El ministro de Empresa italiano, Adolfo Urso, ha seguido de cerca el expediente y la decisión de Stellantis tiene una lectura política ineludible: si las fábricas italianas salen reforzadas, el Gobierno de Meloni cosechará un triunfo que necesita tras meses de tensiones con el grupo. Es decir, la decisión de Stellantis es, al mismo tiempo, un dilema industrial y un tablero político.
Cassino y Módena: el factor empleo
De los aproximadamente 2.800 puestos de trabajo que penden de la actividad de Maserati, casi dos tercios están en Módena. La planta de Cassino, que también ensambla modelos de Alfa Romeo, tiene más margen de maniobra, pero la atonía de la marca del Biscione no ayuda. Stellantis necesita una solución que no pase por despidos traumáticos y que permita amortizar las inversiones ya realizadas en electrificación de ambas factorías.
Lo curioso es que la posible entrada de socios chinos se produce en un momento en que la Comisión Europea ha elevado los aranceles a los vehículos eléctricos provenientes de China. Pero la fórmula de la alianza tecnológica, sin intercambio directo de propiedad, permitiría sortear esas barreras: Stellantis mantendría el control de la marca y la fabricación en Italia, mientras el socio aporta plataformas y powertrain.
Esa misma estrategia la aplicó Volkswagen con XPeng —la antigua startup china que hoy es un socio clave en electrificación para el grupo alemán— y, de hecho, el acuerdo se cerró con una inyección de 700 millones de euros. Si Stellantis logra un pacto similar para Maserati, la operación sería un golpe de efecto en el tablero europeo.
Análisis de impacto Motor16
- Dato de mercado: Las ventas mundiales de Maserati cayeron por debajo de las 30.000 unidades en 2025, muy lejos del objetivo de 50.000 que se marcó el plan estratégico de 2022. La marca necesita un socio que le aporte no solo tecnología, sino también economías de escala para sus futuros eléctricos.
- El rumor del paddock industrial: Varios analistas consultados por esta redacción creen que el socio más probable es Huawei, con JAC como fabricante asociado. La clave estaría en el desarrollo de una arquitectura eléctrica compartida que permita a Maserati competir con los alemanes sin disparar los costes de desarrollo.
- Veredicto: La alianza con China es un movimiento de alto riesgo calculado. Si se blinda la imagen de lujo de Maserati y se preserva la producción en Italia, Stellantis habrá resuelto la ecuación más espinosa de su portafolio. Si la operación deriva en una simple operación de rebadging, el tridente corre el riesgo de diluirse. La decisión de diciembre será, con toda probabilidad, la más trascendente para la marca en una década.

