El Toyota RAV4, el SUV más vendido de la marca japonesa, ha perdido más de un tercio de sus ventas en el primer semestre de 2026. La culpa no es de la demanda —los compradores siguen haciendo cola— sino de una producción incapaz de seguir el ritmo por dos frentes abiertos: la reconversión de la planta de Kentucky y los cortes de suministro derivados del conflicto en el estrecho de Ormuz.
La producción, el cuello de botella que frena al RAV4
Según los datos del fabricante, las entregas del RAV4 pasaron de 239.451 unidades entre enero y junio de 2025 a 153.955 en el mismo periodo de 2026, un desplome del 35,7%. Toyota reconoce que el problema no está en los concesionarios, sino en la cadena de montaje. El cambio de generación del SUV ha obligado a un retooling profundo en la planta de Georgetown (Kentucky), que aún no ha alcanzado el ritmo de producción previo.
A ese ajuste se suman los recortes forzosos por la crisis en Irán y el estrecho de Ormuz. La compañía ha comunicado que reducirá la producción exterior en aproximadamente 100.000 unidades hasta febrero de 2027, y ya ha perdido 55.000 ventas achacables directamente a estos problemas de suministro. Según datos de AutoForecast Solutions, la producción del RAV4 cayó en 86.400 unidades entre enero y mayo frente al año anterior, por la combinación del retooling en Kentucky y los paros técnicos en plantas de Japón y Norteamérica.
55.000 unidades perdidas y un inventario medido en horas
El mes de junio tampoco dio tregua: las matriculaciones del RAV4 bajaron un 12,1%, de 36.810 a 32.350 vehículos. La escasez es tan aguda que algunos concesionarios miden su inventario en horas, no en días. La demanda sigue intacta, pero el flujo de producto se ha estrangulado. Mientras, otros modelos de Toyota compensan parcialmente el batacazo: las ventas totales de la marca en Estados Unidos suben un 1,5% en el primer semestre, impulsadas por vehículos como el discontinuado GR Supra (que, irónicamente, ha crecido un 72%).
No todo es positivo. La gama Lexus, por su parte, cae un 5,2% en el acumulado, lastrada por desplomes del 79,7% del ES y del 78,9% del LS. Modelos como el Prius (-42,3%) o el Land Cruiser (-40%) también registran caídas significativas, lo que dibuja un panorama desigual dentro del grupo. La foto completa solo se entiende si se mira el RAV4 como el pilar que es.
El RAV4 no vende menos porque haya perdido atractivo, sino porque Toyota no logra fabricarlo. Esa es la distorsión más peligrosa para un fabricante en plena transición energética.
Análisis de Impacto
- Dato de mercado: Toyota pierde 85.496 unidades del RAV4 en medio año, una sangría del 35,7% mientras la demanda se mantiene intacta. La planta de Georgetown, que produce la nueva generación, no alcanza aún el ritmo previo a la parada técnica.
- El rumor de la industria: En los pasillos de los proveedores se comenta que Toyota podría estar reconsiderando extender la producción de la generación saliente en otras plantas para cubrir el hueco, algo que ya hizo en 2019 con el Camry. La estrategia, sin embargo, choca con los plazos del retooling y la falta de capacidad disponible.
- Veredicto Motor16: La dependencia de rutas marítimas críticas y de un solo centro productivo para su modelo estrella es un riesgo estratégico que la compañía deberá abordar en su plan global 2027-2030. El RAV4 no es un coche cualquiera: es la columna vertebral de las ventas globales de Toyota. Si falla su cadena de suministro, el impacto va mucho más allá de un semestre.

