El Museo Louwman de La Haya guarda estos días una colección difícil de repetir: nueve coches y un motor que redefinieron lo que podía ser un deportivo. La historia Bugatti W16 se cuenta en una exposición que AutoTopNL ha recorrido cámara en mano, con un detalle que mezcla ingeniería, anécdotas de fábrica y un respeto evidente por quienes hicieron posible aquel proyecto.
El motor que empezó siendo un W18
Según explica el narrador de AutoTopNL, todo comenzó en 1998, cuando el Grupo Volkswagen adquirió los derechos de la marca Bugatti. El objetivo, impulsado por Ferdinand Piëch, era tan claro como desmedido: construir un coche de más de 1.000 caballos y superar los 406 km/h que había marcado el McLaren F1. Los primeros conceptos apostaron por un motor W18, formado por tres bloques de seis cilindros. El propio canal sostiene que aquella configuración resultó cara, difícil de refrigerar y se quedó en unos 555 caballos. La salida a ese callejón fue el W16 que hoy preside la sala.
El Diablo que sirvió de mula de pruebas
El primer coche en alojar el W16 no fue un Bugatti. AutoTopNL destaca un Lamborghini Diablo de 1997 convertido en banco de pruebas rodante. El motor medía 71 centímetros, menos que el V12 original, así que bastó ensanchar el chasis tubular para encajarlo. Se retiró una luz trasera para dejar sitio a un radiador, el frontal se ensanchó y varios paneles se pintaron en un amarillo de VW Polo para disimular su origen. En el interior, un túnel central descomunal delata la caja de cambios Ricardo, sobredimensionada por un error de cálculo: los ingenieros la prepararon para soportar 1.000 kW, no 1.000 caballos.
Del primer prototipo al Veyron de producción
El prototipo número uno del Veyron tampoco se parece al coche que llegó a la calle. Según el canal, estaba construido a mano con piezas de otros modelos del grupo: retrovisores de Audi TT, tiradores de puerta de un Golf IV, asientos de Boxster y un velocímetro reprogramado para mostrar 260 millas por hora. La unión entre las dos mitades de la carrocería era una línea recta sujeta por ocho tornillos de titanio. En el coche de producción, esa costura se inclinó para que el conjunto pareciera una sola pieza.
El Veyron de serie llegó en 2005. El presentador confiesa que al principio su diseño no le convenció, pero que hoy le parece un coche que envejece muy bien. Los retos técnicos fueron mayúsculos. Según AutoTopNL, se añadieron diez radiadores, cada uno con quince horas de fabricación, y a velocidad punta el coche aspira 47.000 litros de aire por minuto: lo que una persona respira en cuatro días. Los neumáticos Michelin, desarrollados por la división de aviación, apenas aguantaban quince minutos en esas condiciones.
Hay un antes y un después del Veyron: el W16 marcó el inicio de la era del hiperdeportivo y definió todo lo que vino después.
— AutoTopNL
Récords, radiadores y cifras de otro mundo
El Super Sport subió la apuesta hasta los 1.200 caballos. AutoTopNL recuerda que el coche logró una media de 427 km/h entre dos pasadas y que batió el récord de velocidad para coches de producción. Sin embargo, Guinness retiró después el récord porque el vehículo usado no era idéntico al de calle y los Super Sport comerciales quedaron limitados a 415 km/h.
La era Chiron y el adiós del W16
En 2016 llegó el Bugatti Chiron con 1.500 caballos y, por primera vez, con una competencia real que obligó a Bugatti a acelerar la producción. El canal destaca que finalmente se fabricaron 500 unidades cuando ni siquiera estaba previsto fabricar tantas. En 2019, la respuesta fue el Chiron Super Sport 300+, que con aerodinámica revisada y un combustible especial alcanzó los 1.850 caballos y superó los 490 km/h en la pista de Ehra-Lessien. Según AutoTopNL, si la recta hubiera sido cinco kilómetros más larga y el perfil más aerodinámico, habrían rozado los 500 km/h. Las 30 unidades de calle quedaron limitadas a 440 km/h.
El recorrido termina con el Mistral de 2022 y la edición FKP, que AutoTopNL presenta como el último uso del W16 antes de que el próximo Bugatti, ya con un V16, tome el relevo. En la sala, cuenta el narrador, han llegado a coincidir ingenieros que trabajaron en los primeros prototipos y que no veían aquellas piezas desde hacía 26 años.
Qué significa el W16 para el automóvil
La exposición del Louwman convierte un motor en relato. El W16 no solo fue una respuesta de ingeniería a un capricho de prestigio: cambió las reglas de lo que se podía homologar para la calle. Para AutoTopNL, es el motor más importante del deportivo moderno, la línea que separa el adiós al W16 y todo lo anterior al Veyron de lo que vino después.
Para el aficionado, visitar esta muestra es asomarse a un momento en que las marcas se permitían gastar sin cálculo exacto: radiadores de quince horas, neumáticos de aviación, récords que iban y venían. La industria actual, más racional y electrificada, difícilmente volverá a permitirse un proyecto así. Eso convierte al W16 en un fósil de lujo, pero también en un recordatorio de hasta dónde puede llegar la obsesión técnica.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de AutoTopNL en YouTube.


