Hay coches que definen una época y coches que la persiguen. En su último programa, Jay Leno reunió a la Santísima Trinidad de Gordon Murray —el McLaren F1 de 1995, el McLaren P1 híbrido y el nuevo Gordon Murray Automotive T.50— y los puso en carretera para medir qué ha cambiado de verdad en tres décadas.
Tres coches, una misma obsesión
La cita no es casual. Leno posee ya el F1 y el P1, pero no el T.50. Los tres coches del episodio pertenecen a su amigo Dan, con quien Leno conectó precisamente a través del club de propietarios del F1: según explica el presentador, solo hay 63 personas en el mundo que tienen uno. Esa comunidad, cuenta, se forjó a base de llamadas mutuas para preguntar si el coche ya estaba listo y de anécdotas con Harold Dromont, el vendedor británico que despachaba los McLaren en los años noventa.
El F1 y la ligereza convertida en religión
El F1 que aparece en el vídeo es un modelo de 1995, el más antiguo de los tres. Y sin embargo, Leno insiste en que su diseño sigue pareciendo contemporáneo. No es un asunto menor: muchos deportivos de los ochenta y noventa envejecen mal, pero este no. Para Leno, buena parte de ese mérito pertenece a Peter Stevens, el diseñador, y a la obsesión de Gordon Murray por ahorrar peso. El coche ronda las 2,500 libras, casi lo mismo que un Mazda Miata. La anécdota que mejor resume esa mentalidad, según relata el presentador, es la del estéreo Kenwood: Murray pidió un imán de aluminio, que no existe, y lo roció con limaduras de hierro para ahorrar unas 8 onzas.
Esa obsesión por la ligereza chocó con proyectos posteriores. Leno recuerda que el Mercedes-Benz SLR McLaren cargó con demasiado Mercedes y poco McLaren, con asientos eléctricos que no hacían falta. El F1 era justo lo contrario: un coche sin concesiones, pensado para conducir. Dan agrega que el chasis fue el primer monocasco de fibra de carbono en un coche de calle y que el piso tardaba unas 2,000 horas en fabricarse cuando hoy se hace en 45 minutos.
De Park Lane a Le Mans: una leyenda que nació de un escaparate
Dan recuerda cómo descubrió el coche: un F1 plateado expuesto en un showroom diminuto de Park Lane, en Londres, hacia 1993. Acabó comprando uno de los coches de Mansour Ojjeh, uno de los tres responsables de McLaren junto a Ron Dennis y Gordon Murray. Leno, por su parte, llama a McLaren cuando ya no se fabricaba y le piden 800,000 dólares de la época. Él responde que si no lo venden en dos semanas lo compra. No lo vendieron. Con perspectiva, lo define como la mejor inversión de su vida.
El F1 no solo fue caro: fue revolucionario. Sigue siendo, según Leno, el coche de aspiración natural más rápido del mundo, con una velocidad máxima en torno a las 240 millas por hora. Y en 1995 ganó las 24 Horas de Le Mans con un coche de calle adaptado, no con un prototipo de competición. Dan lo resume con una comparación: hoy cualquier escudería necesitaría un coche de carreras para ganar; el F1 lo hizo siendo, en esencia, un coche de calle.
Es fundamentalmente el mismo coche, solo que conduce mejor. Frena mejor, acelera más rápido y gira mejor. Todo lo hace mejor.
— Jay Leno
El P1 y las ayudas electrónicas que domesticaron al F1
El McLaren P1, explica Leno, toma muchas ideas del F1 aunque Gordon Murray no participó directamente en su desarrollo. La gran diferencia es la electrónica. El P1 está cargado de control de tracción y ABS, sistemas que el F1 de 1995 no tenía. Leno lo ilustra con un susto real: una vez en la autopista, al reducir marcha con el F1, el coche perdió adherencia y se puso de lado. No llegó a más porque levantó el pie con suavidad. En el P1, dice, esos sistemas te habrían salvado antes incluso de notar el problema. La edad del F1 se siente precisamente ahí.
El T.50: evolución con un V12 que grita
Y luego llega el Gordon Murray Automotive T.50. Leno lo conduce y su veredicto es directo: es fundamentalmente igual al F1, pero frena mejor acelera más rápido y gira mejor. Todo lo hace mejor. No quiere sobrevenderlo, pero el sonido —ese motor atmosférico que sube de vueltas sin filtros— le parece único. Dice que ‘nada suena así’. Para él, el F1 fue una revolución; el T.50 es la evolución lógica, como un atleta que ha perfeccionado su gesto.
Contexto: tres flechas de una misma obsesión
Conviene situar la comparación. El T.50 se presentó en 2020 como un ejercicio de purismo: motor V12 atmosférico firmado por Cosworth, cambio manual de seis velocidades y un ventilador aerodinámico trasero que remite al Brabham BT46B de 1978, el famoso fan car de Murray. Las primeras entregas comenzaron en 2023, y el coche se ha convertido en la materialización tardía de ideas que Murray ya perseguía con el F1. En ese sentido, la comparativa de Leno no enfrenta a tres rivales, sino a tres interpretaciones de una misma obsesión.
Qué significa para el lector: la visión no envejece
La lectura editorial es más amplia. El F1 nació en plena recesión, costaba una fortuna y casi nadie entendía qué era. Treinta años después, sigue pareciendo contemporáneo y sus herederos directos se venden por millones. Leno y Dan insisten en que el T.50 no traiciona esa esencia: es el mismo coche, solo que más maduro. Para un aficionado, la lección es doble. Primero, que la ingeniería visionaria envejece mejor que la tecnología por acumulación. Segundo, que la evolución no siempre significa cambio radical; a veces, como en el T.50, significa hacer lo mismo con más precisión.
No todos podemos sentarnos en un F1 o en un T.50. Pero la conversación entre Leno y Dan destila algo transferible: el respeto por las decisiones difíciles —la ligereza, la ausencia de ayudas, el motor atmosférico— es lo que separa a un coche que se recuerda de uno que solo se conduce.
Queda una pregunta abierta: si un coche de 1995 sigue pareciendo contemporáneo y su heredero espiritual de 2025 apenas se siente distinto, ¿estamos ante una obra maestra irrepetible o ante la confirmación de que Gordon Murray lleva tres décadas puliendo la misma idea? Quizá la respuesta esté en ese V12 que, según Leno, no suena como nada más.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Jay Leno’s Garage en YouTube.


