Recarga eléctrica de una flota comercial: Cómo elegir cargadores AC/DC, potencia contratada y coste de instalación

La decisión entre cargador AC o DC afecta a la potencia contratada, al coste de obra civil y a la operativa diaria de la base. Las ayudas del IDAE y el asesoramiento de AEDIVE ayudan a cerrar el proyecto sin sobredimensionar la instalación.

La recarga eléctrica de una flota comercial se decide en tres frentes: cargador, potencia contratada y coste de instalación. El dato que marca la operativa no es cuántos puntos se instalan, sino cuánta potencia se consume de forma simultánea durante la noche o entre turnos.

La ficha rápida para el profesional

  • Por qué es importante: dimensionar mal la infraestructura genera sobrecostes fijos o esperas que condicionan la ruta; elegir bien entre AC y DC reduce la potencia contratada y mejora la amortización.
  • Ventajas e inconvenientes: A favor: la carga AC de 7,4 a 22 kW cubre la recarga nocturna con obra civil sencilla; la DC de 50 a 150 kW acorta las paradas entre turnos; la recarga inteligente evita picos de potencia. En contra: la simultaneidad de cargas puede disparar el término fijo; la recarga rápida exige acometida reforzada y, en muchas naves, un transformador adicional.
  • Datos técnicos clave: potencia AC habitual: 7,4 a 22 kW; potencia DC para flotas: 50 a 150 kW; corriente en línea de 22 kW: en torno a 32 A por fase; corriente en DC de 50 kW: en torno a 72 A por fase; ayudas: líneas del IDAE.

AC o DC: qué cargador conviene a cada flota

La distinción entre carga en corriente alterna (AC) y carga en corriente continua (DC) no es técnica menor: define los tiempos de recarga y el dimensionado eléctrico de la base. Un cargador AC de 7,4 kW o de 22 kW entrega energía al cargador embarcado del vehículo; es la opción natural para furgonetas que pernoctan en la base y disponen de entre seis y diez horas de ventana nocturna.

Cuando la operativa exige recargar entre turnos o en dársenas de alta rotación, el cargador DC de 50 kW a 150 kW entrega directamente en batería y reduce el tiempo de parada. A cambio, exige acometida eléctrica de mayor sección, obra civil y, en no pocas naves, refuerzo del centro de transformación.

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  • Reparto urbano con vuelta a base: puntos AC de 7,4 a 22 kW y carga escalonada por horario.
  • Flota de furgones con turnos dobles: al menos un equipo DC de 50 a 150 kW en dársena rápida.
  • Base logística con muelles de carga: red AC trifásica con gestor de carga por línea de muelle.

La elección AC/DC también condiciona el conector: los furgones eléctricos actuales usan CCS Combo 2 para continua, mientras que la carga nocturna en alterna se resuelve con Tipo 2. Un gestor que mezcle marcas debe comprobar que los puntos elegidos admiten los protocolos de carga de todos los vehículos de la flota.

Potencia contratada y obra civil en la base

El error más caro en una base logística es dimensionar la potencia contratada sumando la potencia de todos los cargadores. La cifra que de verdad se paga en el término fijo depende de la potencia simultánea real, es decir, de cuántos vehículos recargan a la vez durante el pico de demanda.

Una línea trifásica de 22 kW trabaja en el entorno de los 32 A por fase; un cargador DC de 50 kW se aproxima a los 72 A por fase. Si la acometida actual no cubre esa demanda, el proyecto se encarece con cableado, protecciones y, en el peor caso, un transformador nuevo.

El coste de instalación se mide por proyecto, no por cargador. La distancia entre el cuadro general y la dársena, la zanja, la bandeja portacables y la protección diferencial pesan más que el propio equipo en muchas instalaciones medias. Además, una dársena exterior exige protecciones para intemperie y cableado apto para uso prolongado.

Gestión energética y cuenta de explotación

La recarga inteligente o load balancing reparte la potencia disponible entre varios puntos y evita puntas de demanda. Para una flota de diez furgonetas eléctricas que regresa de madrugada, tiene más recorrido un sistema que escalona las cargas que una mejora de potencia contratada a ciegas.

Desde la perspectiva del gestor, la recarga no se analiza solo por el precio del kWh. La amortización de la instalación, el término fijo de potencia y el rendimiento de la recarga entran en el coste por kilómetro. Una instalación bien dimensionada reduce el TCO de la flota y libera capital para renovar vehículos.

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En flotas comerciales, la recarga es un activo de explotación cuando se dimensiona sobre la potencia simultánea real, no sobre la suma de los cargadores.

La telemetría del cargador y la aplicación de gestión permiten auditar quién recarga, cuánto y cuándo; es una función que los operadores de flota valoran para repartir costes por vehículo o departamento. Además, un punto con identificación de usuario evita usos no controlados en la base.

El siguiente paso no debe ser pedir presupuesto sin datos. Conviene calcular la curva de carga de un día tipo y revisar el término de potencia antes de firmar la obra. La patronal AEDIVE agrupa fabricantes, instaladores y eléctricas y es un punto de consulta para resolver dudas de normativa y ayudas. Por su parte, el IDAE mantiene líneas de apoyo para infraestructura de recarga vinculada a movilidad eléctrica; antes de cerrar el proyecto conviene descargar la convocatoria y comprobar si la base logística está en zona elegible.

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