Comprar un coche nuevo transmite una tranquilidad difícil de igualar. Un gran argumento para dar el paso está en la cobertura del fabricante, esa garantía que respalda frente a averías, defectos o fallos inesperados durante los primeros años. Muchos conductores creen que, mientras el coche esté dentro del plazo legal, cubre cualquier problema mecánico automáticamente. Pero la realidad es bastante distinta.
Gregorio, mecánico con más de treinta años de experiencia, advierte de que perder la garantía puede ser mucho más fácil de lo que parece. Y lo peor es que, a menudo, ocurre por errores cotidianos que el propietario comete sin mala fe, creyendo que actúa correctamente: una reparación improvisada, no documentar una incidencia a tiempo… Hay pasos aparentemente inocentes que pueden complicarlo todo.
2No guardar las facturas puede costarte la garantía
Otro fallo muy común no tiene que ver con las averías, sino con algo tan simple como descuidar el historial del coche. Revisiones sin justificante, cambios de aceite sin factura o mantenimientos realizados sin respetar los intervalos recomendados pueden convertirse en un problema si surge una reclamación.
«La garantía no solo protege, también exige. El fabricante puede pedir pruebas de que el mantenimiento se ha realizado correctamente. Si no puedes demostrarlo, la cosa se complica», explica Gregorio. Incluso cuando las revisiones fuera de la red oficial estén permitidas, la documentación es clave. Guardar facturas puede ser la diferencia entre cobertura o una avería pagada de tu bolsillo.


