La ficha rápida para el profesional
- Por qué es importante: La selección de diez alternativas de dos ruedas por debajo de los 2.000 euros, recopilada por Expansión, amplía las opciones de flota para reparto urbano con una inversión mínima y esquiva las restricciones de las ZBE.
- Ventajas e inconvenientes: A favor: coste de adquisición muy bajo, acceso sin restricciones a entornos urbanos, licencia AM o B suficiente, y ahorro de tiempo de hasta el 40% en desplazamientos. En contra: capacidad de carga limitada a paquetería ligera o alimentación, autonomía ajustada en eléctricas para jornadas intensivas y dependencia de la climatología.
- Datos técnicos clave: Precio máximo desde 2.000€; nueve ciclomotores y una motocicleta; versiones eléctricas y de combustión; licencia AM (desde los 15 años) o carné B; ahorro de tiempo estimado del 40% en trayectos urbanos.
Por qué la moto ligera encaja en la flota de reparto
El crecimiento imparable de las zonas de bajas emisiones (ZBE) y el encarecimiento de los vehículos comerciales tradicionales están cambiando las reglas del reparto urbano. Para el gestor de flota que trabaja en el último kilómetro con paquetes pequeños, comida a domicilio o documentación, la moto o el ciclomotor ya no es una opción residual: es una herramienta de trabajo que reduce costes fijos y agiliza la operativa.
Según los estudios que cita Expansión, el tiempo perdido al volante en ciudad puede ser de hasta un 40%. Un ciclomotor sortea atascos, aparca en cualquier hueco y accede a calles restringidas. La ecuación para el autónomo o la pyme es clara: menos tiempo de ruta, más entregas por hora y un coste de adquisición que, en estos diez modelos, no supera los 2.000 euros.
Costes, normativa y lo que debes comprobar antes de elegir

Para la mayoría de las opciones recogidas en la selección basta con la licencia AM, accesible desde los 15 años, o el carné B en vigor. Esto facilita la incorporación de repartidores sin necesidad de permisos específicos, un factor clave cuando la rotación de personal es alta y el reclutamiento, rápido.
En el apartado económico, los 2.000 euros de techo se refieren al precio de venta. Pero la rentabilidad operativa se juega en los costes de uso: mantenimiento de un motor de 50 cc o de un eléctrico de baja potencia, seguro y, sobre todo, la recarga o el combustible. Para flotas de reparto eléctricas, conviene mirar la autonomía real en ciclo urbano (normalmente entre 50 y 80 km en los modelos más asequibles) y la disponibilidad de puntos de carga en el centro de operaciones.
La selección de Expansión incluye nueve ciclomotores y una motocicleta, combinando opciones eléctricas y de combustión. Aunque el artículo no detalla cada ficha técnica, el gestor debe fijarse en tres variables antes de decidir: capacidad de carga (kg y volumen del baúl o portaobjetos), autonomía real en ruta urbana con la carga prevista y disponibilidad de servicio postventa para mantener la flota operativa sin parones largos.
Mientras los fabricantes de vehículos comerciales apuestan por furgonetas cada vez más equipadas y caras, la solución más eficiente para el último kilómetro puede tener dos ruedas y un coste inferior a los 2.000 euros.
Análisis: una herramienta accesible pero con limitaciones
Para el autónomo que reparte comida a domicilio o el pequeño operador logístico que mueve paquetería ligera en un radio de 10 a 15 kilómetros, cualquiera de los diez modelos cumple sin estridencias y con un impacto inmediato en la cuenta de resultados. La inversión es mínima y el retorno, medible desde la primera semana.
Ahora bien, el profesional que maneje cargas paletizadas, grandes volúmenes o rutas interurbanas debe descartar esta vía. La capacidad de carga de un ciclomotor no pasa de unas decenas de kilos, y la protección ante la lluvia o el frío puede mermar la productividad en invierno. Tampoco todos los municipios permiten el estacionamiento de motos en aceras con la misma manga ancha que antes, por lo que conviene revisar la ordenanza local.
Desde la perspectiva del gestor de flota, estos vehículos aportan agilidad y control de costes si se combinan con soluciones de telemática ligera —muchas plataformas ya ofrecen seguimiento GPS para motos— que permitan monitorizar rutas y consumos. La selección de Expansión, publicada a mediados de julio de 2026, sirve más como brújula de tendencia que como catálogo definitivo, porque la oferta se renueva cada temporada con nuevos actores y baterías extraíbles que mejoran la operativa.
En definitiva, para una flota de última milla que busque alternativas al coche sin hipotecar el presupuesto, los ciclomotores y motos eléctricas por debajo de 2.000 euros constituyen una puerta de entrada realista y alineada con la movilidad regulada. Con la licencia en regla y una buena planificación de rutas, la promesa de entregar más en menos tiempo se materializa con cifras que no requieren grandes desembolsos.


