Uno de los frenos de la recarga urbana no está en los enchufes, sino en el espacio que ocupan. Instalar una columna de recarga convencional añade mobiliario a unas aceras ya saturadas. El cargador de bordillo para coches eléctricos de Rheinmetall ataca esa limitación desde el suelo: convierte el propio bordillo en punto de carga y deja la zona peatonal libre de postes.
La solución alemana acaba de superar su fase experimental. El sistema entrega hasta 22 kW en corriente alterna mediante una conexión Tipo 2, una potencia modesta si se compara con los cargadores ultrarrápidos, pero muy bien adaptada al coche aparcado durante horas. El conductor aparca junto al punto, conecta el cable al vehículo y al enchufe situado en el pavimento, y se identifica con tarjeta RFID, código QR o la app del operador.
Los datos del piloto de Colonia son el aval técnico de esta industrialización. En dos emplazamientos de Köln-Lindenthal se instalaron cuatro cargadores en abril de 2024 junto al Ayuntamiento y el operador TankE. Durante algo más de un año se completaron más de 2.800 operaciones de carga, con una disponibilidad técnica superior al 99 %. En total suministraron más de 50 MWh de electricidad, con una media cercana a 19 kWh por sesión.
Del piloto de Colonia a la producción en serie
El cierre del programa experimental no implicó la retirada de los equipos. Los cuatro puntos pasaron a operar de forma regular dentro de la red de TankE. En 2025 entraron en servicio otros tres cargadores en Herbert-Lewin-Straße, también en Colonia, como extensión del proyecto. Ese recorrido permitió a Rheinmetall validar tanto la electrónica como la resistencia del sistema en calle real.
A partir de ahí, la compañía alemana ha convertido el dispositivo en un producto en serie y ha establecido una colaboración con TankE para facilitar el despliegue entre ciudades, municipios y operadores privados. El paso siguiente no es otro piloto: es la instalación comercial en aceras que ya existen.
El valor del cargador de bordillo no está en la potencia, sino en convertir kilómetros de acera en puntos de recarga sin invadir el espacio del peatón.
Las claves técnicas
- Qué es: un cargador de bordillo que integra prácticamente toda la electrónica en un módulo encapsulado con dimensiones similares a un bordillo convencional.
- Qué problema resuelve: elimina la columna de recarga y permite ampliar puntos públicos sin consumir espacio peatonal.
- Dónde y cuándo llega: ya disponible como producto en serie tras el piloto de Colonia; varios ayuntamientos españoles estudian la propuesta.
La resistencia que convenció a las ciudades
Colocar electrónica casi a ras del suelo obliga a proteger el sistema frente a lluvia, nieve, hielo, suciedad y golpes. Rheinmetall utiliza un módulo encapsulado con protección IP68: nivel máximo contra el polvo y un nivel elevado contra el agua, reforzado con juntas y sistemas de drenaje en la toma. Además, un sensor puede cortar la recarga si detecta acumulación de agua capaz de comprometer la seguridad.
El conjunto incorpora también refrigeración y calefacción para operar en temperaturas extremas. Esa robustez explica una disponibilidad técnica del 99 % registrada durante el piloto. En la práctica, el usuario se encuentra con un punto de carga que no desaparece del mapa por una tormenta o por una helada.
A diferencia de un cargador de corriente continua, este sistema trabaja en corriente alterna de 22 kW. No busca batir récords de potencia, sino multiplicar puntos en lugares donde el coche permanece aparcado horas: la calle, la plaza, la zona residencial. Ahí, la variable crítica no son los minutos de carga, sino la disponibilidad de un enchufe cercano.
Lo que cambia para la recarga urbana en España
España figura entre los posibles mercados, con varios ayuntamientos que ya tienen la propuesta encima de la mesa. La ventaja es evidente en ciudades con aceras estrechas: se amplía la red de recarga pública sin restar espacio al peatón. Y al operar en AC, la instalación no exige acometidas de alta tensión tan exigentes como las de un hub ultrarrápido.
El reto restante está en la obra civil. Integrar el cargador en un bordillo ya existente obliga a intervenir en la acera, coordinar la conexión con la red de distribución y organizar el mantenimiento con el municipio. Rheinmetall ya ha presentado en 2026 variantes más reforzadas para acelerar ese despliegue fuera del entorno de laboratorio.
Tras superar el piloto, cargar el coche directamente desde el bordillo deja de ser una idea de futuro. La ingeniería ya ha demostrado que funciona en calle real; ahora toca resolver la logística de instalación a escala urbana.

