La batería de sodio para coche se prepara para dar el salto definitivo a la electrónica de a bordo. La marca china ARCFOX empezará a montarla en 2027 en al menos 200.000 vehículos para alimentar la red de 12 voltios que da vida a los sistemas multimedia, a los asistentes de conducción y a la conectividad. El sodio deja de ser una promesa de laboratorio y se convierte en una opción viable para una función mucho más cotidiana de lo que parece: sostener la electrónica auxiliar antes y después de que arranque el motor térmico o eléctrico.
Qué es y por qué el sodio llega ahora a la batería auxiliar
La mayoría de los coches todavía utilizan una batería de 12 V para alimentar los sistemas de baja tensión: luces, ajustes eléctricos de los asientos, pantalla central multimedia y, en los eléctricos, también para despertar la electrónica de control antes de que entre en juego la batería de alta tensión. El acuerdo de ARCFOX sustituye la química tradicional por celdas de iones de sodio de Xupai, pensadas para trabajar entre -20 y 80 °C sin sistema de gestión térmica.
Esa ausencia de gestión térmica tiene implicaciones directas en la producción: se elimina hardware, se reduce el número de componentes que pueden fallar y baja el coste de fabricación. La ventaja económica es otro argumento contundente: una batería de sodio para esta aplicación cuesta en torno a 0,10 dólares por Wh, lo que al cambio actual supone unos 0,09 euros por Wh, mientras que las baterías de litio de alta descarga se mueven entre 0,12 y 0,20 dólares (de 0,11 a 0,18 euros). No es la batería que impulsa el coche, sino la que mantiene activos todos los sistemas electrónicos con un respaldo fiable y resistente.
Las baterías de sodio son además más compactas y ligeras que las viejas baterías de plomo, por lo que liberan espacio y restan masa al vehículo. En un coche moderno, donde cada centímetro del vano motor o del maletero compite entre electrónica y habitabilidad, ese ahorro se nota. El siguiente paso serán las arquitecturas de 48 voltios, capaces de suministrar más potencia con menos intensidad y, por tanto, con cableado más ligero y menores pérdidas.
El sodio no mueve el coche: sostiene todos los sistemas que lo convierten en un espacio digital sobre ruedas.
Aquí importa la fiabilidad del arranque en frío y la entrega de potencia instantánea, no la densidad energética extrema de una batería de tracción. El sodio encaja precisamente en ese perfil: opera en un rango de temperatura amplio y sin climatización adicional, lo que lo convierte en candidato natural para coches de combustión, híbridos y eléctricos.
Cuantos más ADAS (asistentes a la conducción) y más conectividad incorpore un coche, mayor será la exigencia sobre la red de baja tensión. Un SUV actual puede tener media docena de sistemas multimedia, pantallas, cámaras, radares, sensores de ultrasonidos y módulos telemáticos pidiendo energía en segundo plano. La batería auxiliar actúa como acumulador intermedio y fuente de respaldo: si no aguanta el primer arranque del sistema, toda la tecnología deja de funcionar.
Qué cambia para el conductor: pantallas, ADAS y conectividad
La primera diferencia visible es que una batería auxiliar más potente y resistente reduce las averías silenciosas que se traducen en pantallas que se reinician, alertas de asistencia intermitentes o fallos al arrancar el coche en invierno. La ausencia de gestión térmica no es un capricho técnico: elimina una fuente típica de fallos. Toda la tecnología embarcada depende de ese respaldo.
El conductor tampoco verá cables ni componentes adicionales. La batería trabaja junto al convertidor de corriente continua como acumulador intermedio y mantiene los servicios activos durante el arranque y la parada. En las futuras redes de 48 V, el beneficio será mayor: menos cableado significa menos peso y menos pérdidas por calor, algo que acaba notándose en consumos y en fiabilidad a largo plazo.
Lo que viene: de la batería de plomo a la red de 48 voltios
La evolución de la batería auxiliar es una de esas transiciones que pasan más desapercibidas que la batería de tracción, pero que explican buena parte de la fiabilidad tecnológica del coche moderno. Del plomo-ácido se saltó al litio para soportar el crecimiento de la electrónica; ahora el sodio aparece como alternativa con un coste y una simplicidad que el litio no puede igualar en esta aplicación concreta.
Las previsiones de IAV sitúan al sodio con potencial de cubrir hasta el 90% de las aplicaciones automovilísticas de baja tensión durante la próxima década. No sustituye a la batería de tracción de los eléctricos, sino a la batería auxiliar que convierte un coche en una red de ordenadores. Para quien esté mirando un coche de 2027 en adelante, conviene mirar qué química lleva la batería de 12 V, no solo qué pantalla o cuántos asistentes equipa.
El primer termómetro será el acuerdo de ARCFOX. Si la tecnología de sodio demuestra fiabilidad a escala de cientos de miles de unidades, es probable que otros fabricantes la adopten en sus redes auxiliares. Con las arquitecturas de 48 V en el horizonte, la electrónica del coche dejará de depender de una química heredada del siglo XX.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: ARCFOX equipará en 2027 al menos 200.000 vehículos con baterías auxiliares de iones de sodio de 12 V.
- Lo que equipa: celdas de iones de sodio de Xupai, red de baja tensión de 12 V, convertidor de corriente continua y, en el futuro, arquitectura de 48 V.
- Así te afecta como conductor: menos fallos en pantallas, asistentes y arranque en frío, con una batería auxiliar más ligera, compacta y barata.

