Hace diez años, el Alfa Romeo Giulia Quadrifoglio llegaba a Estados Unidos con una promesa arrolladora: más de 500 caballos, tracción trasera y un diseño italiano capaz de plantar cara a los intocables BMW M3 y Mercedes-AMG C63. Hoy, aquel sedán que rozaba los 80.000 dólares se ha convertido, según Doug DeMuro, en una ganga de 20.000 dólares. Y no es una exageración: las primeras unidades del Giulia Quadrifoglio se subastan regularmente en Cars & Bids por ese precio, y el creador del canal le ha dedicado un análisis minucioso para confirmar si realmente es tanto coche por tan poco dinero.
La depreciación de un mito: de los 80.000 a los 20.000 dólares
DeMuro explica que el Giulia supuso el regreso de Alfa Romeo al mercado norteamericano de masas tras dos décadas de ausencia. La marca se había limitado a modelos muy exclusivos como el 8C y el 4C, pero el Giulia era, por fin, una berlina con aspiraciones de gran volumen. Para ello, Alfa apostó por la propulsión trasera y un motor que dejó al M3 de la época muy atrás: mientras los bávaros ofrecían 425 caballos de potencia, el Quadrifoglio italiano declaraba 505 CV con solo pisar el acelerador. La contundencia de las cifras no fue suficiente para disipar las dudas de un público que veía en Alfa una marca desconocida y poco fiable, y el precio inicial de 74.000 dólares, que subía hasta los 80.000 bien equipado, fue una barrera infranqueable para muchos.
Ahora, una década de depreciación ha hecho el trabajo sucio. ‘En Cars & Bids vendemos habitualmente estos primeros Giulia Quadrifoglio por entre 20.000 y 30.000 dólares’, señala DeMuro. El ejemplar que analiza en su vídeo, con más de 100.000 millas, el color Rosso Alfa y pocas modificaciones, es una muestra de lo que se puede encontrar si uno está dispuesto a asumir el kilometraje. El propio presentador lo subasta en su plataforma y lo define como un ‘coche especial y potente’ que ahora resulta muy razonable.
Potencia de sobra y un diseño que enamora
Uno de los aspectos que más destaca DeMuro es la sutileza con la que Alfa diferenció estéticamente al Quadrifoglio de los Giulia convencionales. BMW y Mercedes hacen que sus versiones deportivas sean inconfundibles, pero aquí bastaban pequeños detalles: el trébol de cuatro hojas en los guardabarros —símbolo de la suerte en las carreras de Alfa desde hace más de un siglo—, una pequeña salida de aire en la aleta delantera y el alerón de fibra de carbono en la trasera. El difusor trasero, muy agresivo, y las cuatro colas de escape redondas completaban un conjunto que no necesitaba estridencias para anunciar su carácter.
Las llantas de radios finos, aunque no exclusivas del Quadrifoglio, cobran aquí una presencia brutal, sobre todo al combinarse con las pinzas de freno amarillas y la carrocería en Rojo Alfa. DeMuro lo resume con una imagen poderosa: casi un sedán Ferrari. El diseño general del Giulia, con su parrilla en V y sus líneas tensas, sigue resultando hoy atractivo y fresco. ‘Le dio un aire nuevo a un segmento dominado por los mismos coches de siempre’, comenta. Y al escuchar el rugido del V6 biturbo —un motor derivado del Ferrari V8— es fácil entender por qué esta berlina despertó tanta expectación en 2016.
‘Hace diez años pagabas 80.000 dólares por un coche con más de 500 caballos; ahora puedes comprar el mismo por 20.000. Es mucho coche por ese dinero.’
— Doug DeMuro
Interior criticado pero sorprendentemente duradero
Cuando el Giulia era nuevo, las críticas se cebaron con el habitáculo. El gigante Fiat-Chrysler aprovechó muchas piezas de modelos mucho más baratos, y los botones de los elevalunas, los mandos del volante e incluso el selector del cambio parecían sacados de un Dodge Journey. DeMuro admite que en su momento él también señaló esos detalles. No obstante, tras examinar una unidad con más de 100.000 millas, su opinión ha cambiado: ‘El interior ha aguantado increíblemente bien. No hay desgaste excesivo, no cruje ni suena nada roto’. Los materiales tal vez no fueran los mejores, pero han demostrado una resistencia inesperada.
Los asientos deportivos con fuertes sujeciones laterales y centros de Alcantara tampoco han envejecido mal. Siguen ofreciendo el agarre necesario en conducción deportiva y mantienen un aspecto impecable. Otro detalle curioso es la llave: la parte trasera está pintada en el mismo Rosso Alfa de la carrocería y exhibe el escudo de la marca, aunque al girarla aparece el mismo mando a distancia de otros productos del grupo FCA. La fibra de carbono salpica el salpicadero y el volante, contribuyendo a una atmósfera estilizada que, pese a sus pegas ofrece una experiencia visual muy italiana.
Quirks que marcan la diferencia
Doug DeMuro dedica una buena parte del vídeo a desgranar las rarezas del Giulia Quadrifoglio. El botón de arranque no está en el salpicadero, sino en el volante, un guiño directo a Ferrari que refuerza la sensación de deportividad. Justo al lado, en la consola central, un gran mando giratorio con las letras D, N y A —Dynamic, Natural y Advanced Efficiency— y una posición adicional: Race. Al activar el modo Race, la suspensión se endurece, el control de tracción se desconecta y el coche te invita a usar las levas en lugar del modo automático. Las levas, por cierto, son metálicas y están fijadas a la columna de dirección, no al volante, lo que facilita encontrarlas en plena curva.
Pero la rareza más comentada por el presentador es el comportamiento del selector de marchas automático. Al abrir la puerta, el sistema empuja la palanca y la devuelve automáticamente a la posición de estacionamiento, un mecanismo que, según DeMuro, puede resultar molesto si solo quieres asomarte a aparcar o recoger algo del suelo. ‘Es una de esas soluciones ingeniosas que a veces te sacan de quicio’, bromea mientras muestra cómo el coche insiste en poner la P por sí mismo.
¿Es realmente una ganga? La letra pequeña
Con 505 caballos y un chasis afinado, el Giulia Quadrifoglio de 2017 promete emociones de verdadero deportivo a precio de utilitario premium. Pero la ganga tiene matices. Doug DeMuro recuerda que estos motores de inyección directa sufren acumulación de carbonilla, una dolencia conocida. Los frenos carbocerámicos, aunque disponibles, son carísimos de reemplazar, y el modelo base con discos de acero tampoco se libra de un mantenimiento elevado. Además, aunque el interior haya resistido el paso de las millas, la electrónica y algunos sensores han dado problemas en muchas unidades.
El caso concreto del coche subastado —con más de 160.000 kilómetros— invita a la prudencia, pero también demuestra que un Quadrifoglio bien cuidado puede seguir rodando con dignidad. Para quien busque un sedán de altas prestaciones con pedigrí italiano y no le asuste alguna visita al taller, el argumento de los 20.000 dólares es muy difícil de rebatir. La pregunta es si el encanto de ese V6 biturbo y el tacto de una dirección rápida compensan la posible factura de mantenimiento. DeMuro parece tener clara su apuesta: sí, y por eso ha decidido sacar a subasta este mismo coche en Cars & Bids.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Doug DeMuro en YouTube.


