El verano más cálido en España desde 1869 ya es oficial, y el otoño tampoco dará tregua a los motoristas. AEMET confirma que el trimestre veraniego de 2026 batió el registro histórico y anticipa un otoño por encima de lo normal en toda España. Traducido a la carretera: más días de moto, sí, pero también más asfalto recalentado, más neumáticos sufriendo y un cuerpo que se cansa antes de lo que crees.
Qué dice AEMET: el verano más cálido desde 1869
El balance que AEMET ha hecho público es tajante. El trimestre veraniego de 2026 fue el más cálido en España desde, al menos, 1869, y la estación se salió de sus límites: hubo temperaturas propias de pleno verano durante la segunda quincena de mayo y la primera de septiembre.
No todo fue calor. Las precipitaciones fueron muy escasas, hasta el punto de que solo dos veranos, 1994 y 2016, fueron aún más secos. Menos agua para limpiar la calzada significa más polvo, más grasa acumulada, en las rotondas y peor visibilidad en los cruces.
De cara al otoño, el pronóstico no invita a guardar la moto. AEMET prevé un otoño más cálido de lo normal en toda España, aunque podría llegar más lluvioso en zonas del norte y el oeste peninsular, justo donde las carreteras de montaña exigen más al motorista.
Conducir con calor: los tres enemigos del motorista
El calor no pincha ruedas ni desgasta cadenas por sí solo. Pero se alía con todo lo que ya falla. Y lo que ya falla, en verano, es mucho. El calor no perdona.
El primero es el asfalto. En pleno día, el asfalto recalentado puede superar los 60 grados: los neumáticos alcanzan antes su temperatura óptima, pero también se sobrecalientan y pierden agarre si aprietas. Ojo con los tramos de mezcla nueva, donde el betún rezuma y forma placas resbaladizas.
El calor no rompe nada por sí solo: multiplica el desgaste de todo lo que ya iba justo.
El segundo son los neumáticos. La presión del neumático sube unos 0,1 bares por cada 10 grados. Si llenaste a tope un día fresco, ese mismo neumático irá sobreinflado a mediodía. La presión se mide siempre en frío. Sin excusas.
El tercer enemigo es el más silencioso: tú. La deshidratación alarga el tiempo de reacción y reduce la concentración. Una chaqueta cerrada a 36 grados convierte un trayecto de dos horas en una prueba de resistencia.
Ni te enteras, y ese es el problema.
Por qué el calor extremo es un riesgo que no aparece en las estadísticas
Ningún parte de siniestralidad recoge ‘hacía 38 grados’ como causa de un accidente. Y sin embargo, el calor está detrás de muchos. Los estudios sobre fatiga térmica apuntan en la misma dirección que los consejos de la DGT para los días de calor extremo: la capacidad de reacción cae, la atención se dispersa y los errores de cálculo se multiplican. Y no es poca cosa.
Llevamos años midiéndolo mal. Se analiza el estado de la vía, la velocidad, el alcohol, el casco; rara vez la temperatura a la que se circulaba. Es un sesgo cómodo, porque el clima no se sanciona. Poca broma. Pero el resultado es el mismo: un motorista cansado es un motorista con menos margen, y en moto el margen lo es todo.
La parte positiva es que el otoño cálido que anticipa AEMET alarga la temporada. Habrá más semanas de carretera sin frío y menos días de garaje. La contrapartida es doble: más horas de exposición al calor y, si se cumple la previsión de lluvias en el norte y el oeste, cambios bruscos de adherencia que piden cabeza.
Tu Mecánico de Confianza
El calor hace su trabajo lento: sube presiones, seca lubricantes y castiga el motor en los atascos. Estas son las comprobaciones que de verdad marcan la diferencia antes de un otoño que seguirá siendo cálido.
- Presión en frío: revisa los neumáticos antes de salir, nunca después de rodar. Por cada 10 grados de subida, la presión puede ganar unos 0,1 bares; ajusta a la cifra del fabricante y no a lo que marque la rueda caliente.
- Cadena y lubricante: el calor y la sequedad evaporan la grasa más rápido. Limpia y engrasa cada 500 kilómetros y comprueba la tensión; una cadena seca se estira y te deja tirado.
- Temperatura del motor: en los atascos de verano, vigila el indicador. Si el ventilador no arranca o la aguja sube de más, para y deja enfriar; forzar el motor caliente acaba en junta de culata.
- Hidratación y equipamiento: bebe agua antes, durante y después. Chaqueta ventilada y homologada, guantes y casco, aunque apriete el calor: sin protección, una caída tonta se vuelve seria.

