Te cuento porque esto va de tu bolsillo. Donald Trump ha lanzado un ultimátum a las gasolineras de Estados Unidos: bajen el precio a 2,50 dólares por galón o afronten “big problems”. La amenaza llega con el petróleo a 68 dólares por barril, pero el surtidor sigue por encima de los 3,80 dólares. Y el presidente no está para bromas.
El mensaje en Truth Social fue un grito en mayúsculas: “LOS MINORISTAS DE GASOLINA DEBEN BAJAR SUS PRECIOS INMEDIATAMENTE. SON DEMASIADO ALTOS CONSIDERANDO QUE EL PETRÓLEO ESTÁ A 68 DÓLARES Y BAJANDO. LOS MINORISTAS DEBEN REACCIONAR RÁPIDO A ESTA DECLARACIÓN Y HACER LO QUE SABEN QUE ES CORRECTO: BAJEN EL PRECIO PARA NUESTRO GRAN PUEBLO AMERICANO”. Y remató con un aviso: “No habrá ‘gauging’, que es totalmente ilegal”. El lapsus —quiso decir “gouging”— se convirtió en viral al instante y revela la presión con la que escribió.
La advertencia no es nueva. La semana pasada, Trump ya había dado instrucciones al Departamento de Justicia para que investigara por qué las grandes petroleras no trasladan la caída del crudo a los precios de venta al público, acusándolas directamente de price gouging —una práctica de especulación abusiva que en Estados Unidos puede acarrear sanciones. Ahora, con la cifra de 2,50 dólares sobre la mesa, la presión legal se intensifica.
La desconexión entre el barril y el surtidor
Los datos explican el enfado. Cuando estalló la guerra en Irán, el petróleo se disparó hasta rozar los 120 dólares por barril, pero en los últimos meses se ha desplomado hasta los 68-70 dólares. Sin embargo, el precio medio de la gasolina regular en EE.UU. solo ha bajado de 4,39 dólares hace cuatro semanas a 3,86 dólares esta semana. Es una mejora, sí, pero todavía lejos de los 3,18 dólares de hace un año.
La caída del crudo ha sido del 40% desde los máximos, pero los márgenes de refino y la demanda siguen tirando hacia arriba. Según la Administración de Información Energética (EIA), las refinerías están operando casi al límite y los costes logísticos apenas han cedido. De ahí que el alivio en el surtidor sea más lento de lo que Trump querría.
Trump quiere que la gasolina cueste 2,50 dólares por galón y ya ha puesto a los fiscales a revisar si las petroleras están especulando con los precios.
La respuesta de las compañías ha sido clásica: impuestos, márgenes operativos y volatilidad. Pero Trump apuntó directamente a California, estado que grava la gasolina con impuestos muy por encima de la media. “Debería dejar de cobrar impuestos tan altos a la gasolina. Pronto el Impuesto será más alto que el Producto mismo, y Estados Unidos no lo tolerará”, escribió. La carga fiscal californiana encarece el combustible hasta un 15% adicional. No es la única ‘guerra’ del mandatario estadounidense, ya que sigue en pie el problema con los aranceles a los coches europeos.
¿‘Gauging’ o amenaza real? El gazapo que esconde una investigación seria

La orden de investigar el price gouging no es un farol. El Departamento de Justicia ya está revisando los márgenes de las principales petroleras y, de demostrarse prácticas abusivas, las multas podrían ser millonarias. La legislación estadounidense prohíbe la especulación en situaciones de emergencia y la bajada del crudo podría considerarse un contexto de mercado anómalo que obliga a repercutir las rebajas.
Eso sí, los analistas recuerdan que el precio final lo marca el mercado, no un tuit. La mayoría cree que la amenaza tiene más de presión política que de medida ejecutiva, pero el hecho de que el DOJ haya abierto pesquisas ya ha asustado a más de un ejecutivo. Y mientras, los conductores aplauden la iniciativa aunque el objetivo de 2,50 dólares parezca lejano.
Y en España, ¿podríamos obligar a las gasolineras a bajar precios?
Aquí la gasolina ronda los 1,55 euros por litro (unos 5,85 dólares el galón) y el gasóleo los 1,40. La diferencia con Estados Unidos es abismal y tiene nombre: impuestos. Más del 52% del precio final son tributos —IVA e Impuesto Especial de Hidrocarburos—, lo que deja poco margen para una intervención como la que pretende Trump. En España, el Gobierno sí puede aplicar bonificaciones de emergencia, como los 20 céntimos de 2022, pero no puede fijar el precio por decreto.
La dinámica, sin embargo, es similar: cuando el crudo cae, los precios bajan con lentitud. Por eso, la comparación es útil para entender que, en ambos lados del Atlántico, el conductor siente que le “estafan” en el surtidor.


