Mercado de coches clásicos 2026: Hagerty pronostica cuáles serán los modelos exóticos más cotizados

La Guía de Precios de Hagerty detecta un alza vertiginosa en los exóticos de colección. Las subastas de 2026 rompen récords y reavivan el debate sobre una posible burbuja.

Cuando un Ferrari Enzo de la colección Bachman alcanzó casi 18 millones de dólares en la subasta de Mecum en Kissimmee, el mercado de coches exóticos de colección entró en una dimensión desconocida. No fue un hecho aislado: en las semanas siguientes, los precios de salida de los Ferrari, Porsche y Lamborghini más deseados se dispararon con una pendiente vertical, reavivando tanto la codicia como el fantasma de la burbuja de los años ochenta.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: el índice Hagerty Price Guide ha detectado una escalada de precios sin parangón en los exóticos europeos, con récords que triplican las cotizaciones anteriores en algunos modelos.
  • No te lo puedes perder: la subasta de Mecum en Kissimmee desencadenó una cascada de récords: 19 marcas Ferrari cayeron, incluidos los cinco «halo cars» —288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari—, y el fenómeno se contagió a otras marcas.
  • Cifras y cotización: el Enzo de Bachman, con una especificación única y apenas kilómetros, se remató por unos 18 millones de dólares, tres veces más que el récord anterior. El Porsche Carrera GT alcanzó los 6,7 millones y un Lamborghini Miura SV de 1972 rebasó los 6,6 millones.

Una tormenta de récords en las subastas

Todo comenzó en enero de 2026, en la venta de Mecum en Kissimmee. El protagonista era el lote del difunto Phil Bachman, un coleccionista de Ferrari con más de 45 ejemplares, casi todos de bajo kilometraje y especificaciones raras. En aquella subasta se batieron 19 plusmarcas de la marca del cavallino, incluidas las de los cinco modelos «halo». La operación más sonada fue la del Enzo, que pasó de un récord previo de unos 6 millones de dólares a casi 18 millones en una sola puja. Un salto que, como señaló el equipo de Hagerty, «es literalmente irrepetible» en una subasta convencional.

Lejos de calmarse, la fiebre rebotó a los pocos días en el RM Sotheby’s de Arizona, donde otro Enzo y un F50 se vendieron por encima de la valoración de estado #1 de la Guía Hagerty. A finales de enero, la marea cruzó el Atlántico: en París, un Enzo de 2004 con solo 850 km alcanzó 8,1 millones de euros (9,7 millones de dólares), mientras Gooding Christie’s remató un 288 GTO de 1984 por 9,1 millones de euros, y un FXX K Evo de 2018 por 6,98 millones de euros, ambos récord mundial para el modelo.

Publicidad

Los distribuidores trataban de justificar las cifras. Unos apuntaban a que Kissimmee estuvo distorsionada por un único postor; otros insistían en que era un espejismo temporal. Pero el fenómeno, lejos de disiparse, se extendió a otras marcas y subastas. En marzo, Broad Arrow vendió en The Amelia un Porsche Carrera GT por 6,7 millones de dólares, más del triple que el anterior récord de 2022. En la misma cita, un Lamborghini Miura SV de 1972 alcanzó 6,6 millones. Y una semana antes, un Ferrari Monza SP2 de dos plazas, con acabado rojo sobre azul, se fue a 4,955 millones de dólares, casi el doble del récord de Abu Dabi de diciembre de 2025.

Hagerty Price Guide

¿Qué impulsa esta escalada de precios?

La respuesta, según los analistas de Hagerty, es una tormenta de factores. En primer lugar, la política comercial de Ferrari: la marca de Maranello restringe la venta de sus hiperdeportivos más exclusivos, lo que convierte a los modelos anteriores —con tiradas más amplias pero aún limitadas— en la única vía para muchos compradores con liquidez inmediata. El Ferrari Enzo se fabricó en apenas 400 unidades; el F40, en 1.300. Y si un inversor se convence de que necesita «la colección completa», la presión sobre esos pocos ejemplares es enorme.

A ello se suma el flujo de dinero procedente del sector de las criptomonedas y, sobre todo, de la inteligencia artificial. «Hay una plétora de nuevos millonarios procedentes de la IA —comenta el analista Rick Carey— que aún no saben qué hacer con tanto capital hasta que lo tienen en la mano, y entonces compran los coches que les han dicho que hay que tener». Carey alude al efecto de las redes sociales, donde los modelos «correctos» reciben aplausos y seguidores, creando una espiral de deseabilidad.

El mercado también se beneficia de una coyuntura bursátil volátil que empuja a invertir en activos «duros». A diferencia de los ochenta, cuando los coches se compraban a crédito con la expectativa de vender al mes siguiente, ahora el comprador suele ser un entusiasta con bolsillo profundo que paga al contado. «Hoy no hay consorcios que buscan el golpe rápido —explica Ian Barkaway, restaurador de Ferraris clásicos—, hay más conocimiento. Pero también hay más dinero, y eso tensiona la demanda».

El fantasma de los ochenta: ¿burbuja o nuevo paradigma?

No es la primera vez que el mercado de los exóticos se infla bruscamente. Entre 1988 y 1990, los precios de los Ferrari se dispararon hasta el colapso: la burbuja japonesa inyectó dinero fresco, los compradores se apalancaban y las marcas subían los precios de los nuevos modelos. «Cambiábamos los ceros de los precios en los parabrisas cada mes», recuerda Barkaway. Luego llegó el desplome de la Bolsa de Tokio, los bancos ejecutaron los préstamos y los inversores puros abandonaron el sector.

Sin embargo, Hagerty advierte paralelismos inquietantes. La correlación entre el récord anual de venta pública de un automóvil de colección y la riqueza media del percentil 1 de EEUU es muy estrecha. Entre 1989 y 2010, ese récord solo superó dos veces la riqueza del percentil; en los últimos quince años lo ha hecho en nueve ocasiones. Además, la reciente subida de los tipos y la incertidumbre económica global recuerdan a los momentos previos a la caída.

Publicidad

El mercado actual no está pilotado por especuladores puros, sino por una riqueza nueva que persigue la validación de las redes sociales y el atractivo de lo escaso.

Aun así, el contexto presente presenta diferencias de peso. La inmensa mayoría de los compradores son coleccionistas que conocen el producto; no hay apalancamiento masivo ni grupos de inversión que compran a ciegas. «Esto no son valores meme —sostiene Carey—, es una lucha de egos con dinero fresco y escaso conocimiento de fondo». La pregunta es si la corrección será un aterrizaje suave, como sugieren las últimas subastas (RM Sotheby’s Mónaco en abril presentó estimaciones más conservadoras y un 918 Spyder bajó un 25% respecto a Kissimmee) o si bastará una sacudida en los mercados financieros para que el castillo de naipes se derrumbe.

John May, editor de la Guía Hagerty en el Reino Unido, ofrece una perspectiva de largo plazo: «Las subidas de tres dígitos en doce meses, en un contexto de volatilidad bursátil, son una señal de alerta. Pero mientras haya una cantidad desproporcionada de dinero persiguiendo un puñado de coches, algunos modelos seguirán subiendo. Al final, siempre es cuestión de oferta y demanda». Y, para bien o para mal, la demanda de lo exclusivo nunca había sido tan grande como en este 2026.

Publicidad