Superar los 0,5 g/l al volante cuesta 500 euros y 4 puntos del carnet. Es la cifra que la DGT repite en cada campaña y la que la Guardia Civil de Tráfico aplica en los controles de alcoholemia, pero no es la única: por debajo de ese umbral ya hay sanción para noveles y profesionales, y por encima de 0,60 g/l el asunto deja de resolverse con una multa.
Aquí no hay margen para la interpretación. La tasa se mide, se refleja en un boletín y se traduce en euros y puntos. Lo que sí conviene tener claro es qué límite te afecta a ti, cuánto se paga si decides no alegar y en qué momento el expediente administrativo se convierte en un problema judicial.
Qué tasa de alcohol vigila la DGT y a quién afecta cada límite
La norma distingue dos umbrales, no uno. El general es de 0,5 g/l en sangre, el equivalente a 0,25 mg/l en aire espirado, que es lo que mide el etilómetro. Para los conductores con menos de dos años de carnet y para los profesionales —taxi, VTC, autobús, camión, ambulancia— el listón baja a 0,3 g/l. Dicho de otro modo: lo que para un veterano es legal, para un novel es una infracción administrativa.
- Conductores en general: sanción a partir de 0,5 g/l.
- Noveles y profesionales: sanción a partir de 0,3 g/l.
- Cualquier conductor: vía penal a partir de 0,60 g/l.
Estos umbrales están recogidos en el Reglamento General de Circulación publicado en el BOE y se desarrollan en la Ley sobre Tráfico. La clave práctica: no existe la tasa segura más allá del 0,0. Dos cervezas en una comida pueden dejarte por encima del límite sin que notes absolutamente nada.
Un detalle que mucha gente desconoce: la prueba se hace en aire espirado, pero si el resultado es positivo puedes solicitar que se contraste con un análisis de sangre. Ese segundo análisis es el que acaba valiendo en el juzgado.
Pedir la prueba de sangre es un derecho, pero no borra el positivo: solo cambia el escenario y, si sale mal, te acompaña al juzgado.
Cuánto cuesta en euros y cuántos puntos pierdes
La infracción por superar la tasa permitida es muy grave. La multa mínima son 500 euros y la detracción de puntos es de 4 puntos del carnet. Si pagas en los 20 días siguientes a la notificación, la sanción se reduce al 50 %: 250 euros. Lo que no se reduce son los puntos, que se restan igual.
Hay dos supuestos en los que la cosa se complica. El primero, la reincidencia: si te sancionan dos veces por alcoholemia en el plazo de un año, la multa sube a 1.000 euros y la pérdida alcanza los 6 puntos. El segundo, la negativa a someterme al control, que se castiga con 1.000 euros y 6 puntos aunque el test no llegue a practicarse.
Y a partir de 0,60 g/l entra en juego el artículo 379 del Código Penal. Ya no hay multa administrativa: hay una posible pena de prisión de tres a seis meses, multa de seis a doce meses o trabajos en beneficio de la comunidad. En la práctica, lo habitual es una condena con privación del carnet de entre uno y cuatro años. Se acabó el pronto pago.
Cómo evitar la multa y cuándo tiene sentido recurrir
La forma más barata de no pagar 500 euros es no superar la tasa. Suena obvio, pero conviene apuntar tres cosas. El alcohol se elimina a un ritmo aproximado de 0,15 g/l por hora, así que un café, una ducha fría o un chicle no aceleran nada. El control puede llegar en cualquier momento del día, también a media mañana de un domingo. Y la Guardia Civil de Tráfico puede inmovilizar el vehículo si el conductor no está en condiciones, con traslado al depósito incluido.
¿Y recurrir? Solo tiene sentido en dos escenarios. Si el etilómetro no estaba calibrado o el acta tiene defectos de forma —falta de datos, hora mal consignada, agente sin identificación—, la sanción puede caer. También si hubo un error en el procedimiento de la segunda medición. Los equipos homologados aplican un margen de error obligatorio, y en tasas muy ajustadas ese margen puede inclinar la balanza a tu favor. Lo que no funciona es alegar que solo fueron dos cervezas.
El contexto: por qué el debate vuelve cada cierto tiempo
Los límites españoles no son una rareza, pero tampoco son los más estrictos de Europa. Varios países del entorno ya aplican tolerancia cero a los conductores noveles y a los profesionales, y en algunos casos el umbral baja hasta 0,2 g/l para el conjunto de los conductores. En España, la DGT ha ido endureciendo el mensaje y la vigilancia en las campañas de alcohol y drogas, que se repiten a lo largo del año con controles a cualquier hora.
Lo que no ha cambiado es la lógica sancionadora: la ley no castiga beber, castiga conducir con una tasa determinada. Y lo hace con dos herramientas a la vez, la económica y la de puntos, para que el mensaje cale tanto en el bolsillo como en el carnet. En los casos más graves, con un tercer instrumento: el Código Penal.
Para el conductor de a pie, la conclusión es sencilla. Antes de coger el coche tras una comida, conviene hacer números con tiempo, porque una copa de vino, una caña o un combinado se eliminan mucho más despacio de lo que parece. Y si te paran, no improvises: pide la segunda prueba si dudas del resultado, guarda copia del boletín y consulta el expediente en la sede electrónica de la DGT antes de que pasen los 20 días. Ahí se decide si pagas 250 euros con descuento o si tienes argumentos para pelear la sanción.
Ficha de la Multa
- A quién afecta: a cualquier conductor, con umbral más bajo (0,3 g/l) para noveles de los dos primeros años y profesionales del transporte.
- Cifras a tener en cuenta: 500 euros y 4 puntos desde 0,5 g/l; 1.000 euros y 6 puntos por reincidencia en un año; vía penal desde 0,60 g/l; 20 días para el pronto pago (250 euros).
- Consejo para evitarlo: no existe tasa segura más allá del 0,0; cuenta al menos una hora por consumición y no te fíes de remedios caseros, porque el cuerpo elimina el alcohol a su ritmo.


