Nada más recibir el Volkswagen Corrado VR6 de 1993 en su taller, el equipo de Car Wizard supo que se enfrentaba a una de esas visitas al dentista que duelen antes de empezar. El coche llegó con el aire acondicionado muerto, los frenos traseros completamente inoperativos y un historial de apaños eléctricos que, como suele decirse, olía a muchos cocineros en la misma olla. Lo que prometía ser una puesta a punto rápida se convirtió en un rompecabezas mecánico con una pieza casi imposible de encontrar.
Un motor VR6 que enamora a primera vista
Abrir el capó de este Corrado es viajar a una época en la que Volkswagen se atrevía con soluciones ingenieriles casi excéntricas. Bajo una tapa de plástico descansa el doble árbol de levas del VR6, una arquitectura de seis cilindros en uve a solo 15 grados que, en palabras del presentador, “ocupa el espacio de un cuatro cilindros pero ruge como un seis en línea”. Con unos 190 caballos y un par similar, este motor de 2.8 litros permitía al pequeño cupé alemán firmar un 0 a 100 en poco más de seis segundos, una cifra notable para 1993. Aún conserva el distribuidor en lugar de encendido directo, y basta echar un vistazo al vano para intuir que trabajar en esta mecánica exige paciencia: el colector de admisión pasa por encima de la tapa de balancines, obligando a desmontar medio motor para una simple junta de tapa de válvulas.
Frenos traseros muertos y una pieza fantasma
Tras subir el coche al elevador, la inspección visual ya daba pistas de por qué el pedal se sentía “como pisar un trozo de madera”, según relatan en el vídeo. Los discos delanteros mostraban un brillo metálico de uso reciente, pero los traseros tenían el mismo color oxidado de un vehículo abandonado durante años. El problema no estaba en pinzas gripadas ni en manguitos obstruidos: al purgar los latiguillos traseros no salía ni una gota de líquido de freno por mucho que se hundiera el pedal.
El diagnóstico definitivo apunta al sistema electrónico Teves, una rareza que sustituye el servofreno por vacío tradicional por una bomba eléctrica y un acumulador de presión esférico. Ese acumulador, enterrado bajo el depósito de líquido, debería alimentar los frenos con asistencia hidráulica incluso si el motor se para. En este Corrado, el motor de la bomba ni siquiera arranca al conectar el contacto. Tras revisar eBay, desguaces y contactar con especialistas de la vieja escuela, Car Wizard se quedó sin opciones: el único taller que reconstruía estas unidades se ha jubilado y no hay stock disponible en ninguna parte. “Si alguien sabe dónde conseguir una, que deje un enlace en la descripción”, comentan con cierto desánimo, asumiendo que el precio andará entre los 1.000 y los 3.000 dólares, si es que aparece.
‘El pedal está duro como una tabla. Frenas con el tren delantero, pero no hay asistencia real. Algo está muy mal en esa unidad.’
— Car Wizard
El aire acondicionado y la chapuza eléctrica
El capítulo del climatizador es un manual de cómo no intervenir un coche clásico. Al conectar la máquina de carga, el equipo descubrió que el sistema estaba prácticamente vacío. Se reemplazaron las válvulas de servicio —corroídas por el tiempo— y se recargaron los 1.000 gramos de refrigerante que indica la pegatina del capó. El compresor funcionaba correctamente al activarlo con sonda externa, pero no se encendía con el mando del salpicadero. La razón emergió al seguir el rastro de cables: fusibles de tira con empalmes improvisados, sensores rotos, relés fuera de su ubicación y un montón de cables cortados envueltos en cinta aislante.
No se trataba de un simple fallo de presostato, sino de un sistema mutilado por intervenciones anteriores que ni siquiera seguían el esquema eléctrico del modelo. El veredicto fue tan sincero como desesperanzador: “No va a ser una reparación rápida, hay que rehacer medio mazo”. El Corrado, en este apartado, es víctima de lo que el mecánico describe gráficamente como “demasiadas manos en el tarro de galletas”.
Un interior que abraza al conductor y unos bajos sorprendentes
Pese a los problemas, el habitáculo del Corrado deja un regusto agridulce. Con 214.000 millas —más de 344.000 kilómetros— el salpicadero aguanta sin grietas gracias al clima seco de Nuevo México, y los asientos de cuero conservan sus marcados refuerzos laterales típicos de un coche que envuelve al ocupante. La Sra. Wizard mostró con orgullo detalles como el volante Momo no original, la palanca de cambios manual —cinco marchas—, y el curioso hueco vacío en la consola central que la comunidad se encargará de identificar. Todo respira espíritu noventero, desde los relojes analógicos hasta los paneles de puerta que parecen diseñados para evitar que te muevas en las curvas.
Por debajo, la historia es más halagüeña. No hay fugas de aceite significativas, los guardapolvos de la transmisión están secos y tanto los silentblocks como los amortiguadores Bilstein están en buen estado. El escape Borla y el filtro de combustible nuevo confirman que algún propietario anterior sí le dedicó mimos. Los frenos delanteros aún conservan un 30% de material, y el chasis no muestra óxido estructural, algo impensable en climas húmedos.
El precio de la exclusividad
Este Corrado VR6 es un ejemplo perfecto de lo que significa tener un clásico moderno asequible de entrada pero caro de mantener cuando las piezas específicas fallan. La unidad Teves no solo es rara —hasta los especialistas consultados dudan de que quede alguna operativa en el mercado de segunda mano—, sino que su fallo deja al coche literalmente sin frenos traseros y con una asistencia mínima. Y aunque el motor VR6 tiene fama de robusto, el entramado eléctrico heredado de tres décadas de apaños puede convertir una agradable tarde de domingo en una condena a base de multímetro y diagramas.
Car Wizard lo resume con claridad: el valor de mercado de un Corrado sano va al alza, pero el límite lo pondrá el cliente y su disposición a pagar por arreglos que no serán rápidos ni baratos. La decisión final, como casi siempre en el mundo de los coches con carácter, no es técnica sino emocional. Porque tener uno de estos VR6 es más un acto de fe que una inversión, y cada kilómetro se disfruta a sabiendas de que el próximo susto puede ser el último.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Car Wizard en YouTube.

