Volkswagen acaba de poner sobre la mesa una cifra que congela la columna vertebral del sector: el gigante alemán duplica sus planes de recorte de plantilla y apunta a 100.000 despidos en los próximos años. No es una cifra oficial, pero un memo interno visto por Reuters y filtrado a los medios alemanes la sitúa en el centro del debate. El CEO Oliver Blume ha reconocido que los costes del grupo superan en un 20% a los de sus competidores directos, y que la única salida pasa por una reducción de capacidad y de plantilla mucho más agresiva.
Hace apenas unos meses, la compañía anunció un plan para eliminar 50.000 puestos de trabajo. Ahora, ese número se duplica. El documento interno habla de una “reducción teórica” de otros 50.000 empleos, lo que elevaría el total a seis dígitos. La medida busca ahorrar 6.500 millones de euros y reducir la capacidad de producción en un millón de coches anuales. Una sangría que, de confirmarse, redefiniría el tamaño de uno de los mayores fabricantes del mundo y pondría en jaque a la industria auxiliar alemana.
El grupo Volkswagen ya había anunciado el cierre de dos plantas en 2025: Bruselas (donde se fabricaban los Audi Q8 e-tron) y Dresde (base del ID.3). Pero la lista de centros en peligro se amplía ahora con cuatro instalaciones alemanas: Emden (ID.4, ID.7), Hanover (Transporter, Multivan, ID. Buzz), Zwickau (ID.3, ID.4, ID.5, Audi Q4 e-tron, Cupra Born) y Neckarsulm (Audi A5, A6, A8, e-tron GT). El memorando, citado por Manager Magazin, es demoledor: “A día de hoy, todavía no podemos confirmar casos de negocio competitivos para estas plantas en la década de 2030”.
Un lastre del 20% que ahoga la rentabilidad
La confesión de Blume sobre el diferencial de costes no es un detalle menor. Un 20% adicional sobre competidores como Stellantis o Toyota, en un entorno en el que los precios de los eléctricos se comprimen por la presión china, convierte cada modelo en un ejercicio de supervivencia. Volkswagen no puede repercutir ese sobrecoste al cliente, así que la única vía es recortarlo en origen. Los sindicatos alemanes han reaccionado con dureza, pero el CEO ha insistido en que el plan aún no está “completamente definido”.
El trasfondo industrial es aún más complejo. La producción del Golf, el modelo más emblemático, se trasladará a México a partir de 2027, alejando el corazón de la marca de su tierra natal. La compañía también planea eliminar hasta la mitad de sus modelos y reducir en un 75% las opciones de configuración, en un intento por simplificar la gama y reducir costes de desarrollo y logística. Cada decisión subraya que el problema de Volkswagen no es solo coyuntural, sino estructural.
La tormenta china que acelera la purga
Mientras Europa debate cuotas eléctricas, el verdadero tsunami llega desde China. Las ventas del grupo cayeron un 25,9% en el primer semestre de 2026 en aquel mercado, el que más contribuye a los beneficios globales. Las marcas locales, con costes mucho más bajos y productos mejor equipados, han conquistado a un comprador que ya no ve a Volkswagen como un referente aspiracional. Y sin el mercado chino para absorber parte de la sobrecapacidad, las fábricas alemanas sobran.
100.000 despidos no son un simple ajuste: el modelo industrial alemán ya no es competitivo.
La directiva explora alternativas para mantener abiertas las plantas, desde asociaciones con fabricantes chinos para ensamblar sus coches en Europa hasta alianzas con la industria de defensa. Pero ninguna de esas opciones está madura. El tiempo corre y las pérdidas de cuota se aceleran. Cada trimestre sin decisión resta músculo financiero para acometer una reestructuración ordenada.

