A veces un coche logra lo que parecía imposible: trasladarte a los años 60 sin renunciar al aire acondicionado, el navegador y el tacto de un cambio moderno. En su última prueba, Harry’s garage nos cuela en un escenario de película —los boxes que aparecen en Ferrari— para conducir el Bizzarrini 5300 Aperta Lusso, una reinterpretación en fibra de carbono de un diseño que llevaba 65 años esperando a cobrar vida. El resultado es una máquina que define una nueva categoría: la del clásico analógico con todas las comodidades del siglo XXI.
El resurgir de un diseño olvidado de los 60
La historia que cuenta Harry Metcalfe es fascinante. Giotto Bizzarrini, el ingeniero responsable del 250 GTO de Ferrari, soñó en 1964 con un descapotable de estructura targa que nunca llegó a fabricarse. Aquel dibujo permaneció archivado hasta que el hijo de Bizzarrini, junto con un equipo de ingenieros encabezado por Chris Porritt, decidió resucitarlo. Metcalfe conversa con el propio heredero, quien recuerda que su padre vio el coche terminado la semana pasada y se emocionó: después de más de seis décadas, el Aperta Lusso por fin era real.
El dato histórico es relevante porque no se trata de un restomod cualquiera. La carrocería de carbono se construye desde cero, el interior es de diseño nuevo y la puesta a punto se ha confiado a nombres que han pasado por Aston Martin y Tesla. El vehículo que Harry’s garage prueba es la unidad encargada por un cliente que busca precisamente un coche sin pantallas invasivas ni alertas constantes, pero con climatizador y CarPlay para usarlo a diario.
Fibra de carbono y un techo targa de infarto
La silueta del 5300 Aperta Lusso impresiona por sus proporciones bajas y anchas, la icónica toma de aire lateral que esconde el catalizador —necesario para la homologación— y un aro targa que se convierte en el centro de todas las miradas. Según el presentador, la construcción en fibra de carbono permite integrar dos paneles de techo desmontables que transforman el coche en un coupé de línea fastback con una elegancia brutal.
Metcalfe destaca los detalles prácticos que rara vez se ven en este tipo de encargos artesanales: un maletero sorprendentemente amplio, llantas de magnesio de 15 pulgadas con tuerca central y neumáticos 215 delante y 255 detrás, los mismos que monta la versión de competición. Cada uno de los diez ejemplares previstos llevará una placa con la inscripción La Dolce Vita elegida por su propietario; la unidad de Goodwood ya la exhibe con orgullo.
Un V8 americano con 400 CV y una ubicación imposible
Bajo el capó delantero, el motor se sitúa tan retrasado que resulta casi inverosímil. La obsesión de Bizzarrini por el reparto de pesos hace que el bloque V8 de 5.3 litros esté desplazado incluso ligeramente hacia un lado para que, con el conductor a bordo, la masa se equilibre al 50 % entre los cuatro neumáticos. Harry Metcalfe abre el vano y señala la inyección electrónica que sustituye a los carburadores, oculta tras unas falsas trompetas de admiración estética. La refrigeración se ha cuidado al máximo con un radiador sellado con espuma, ideal para los 35 grados que soportaba Italia ese día.
La mecánica entrega 400 caballos, pero lo que seduce al probador es su flexibilidad: se puede rodar a 1.200 rpm en sexta (hay opción de cambio de cinco o seis velocidades, aunque el equipo recomienda la caja manual de cinco por su tacto) sin un solo tirón, y cuando se estira la marcha larga el empuje nunca parece terminar. La potencia está ahí, disponible y con una banda sonora que va de relajante a furiosa según la presa que se pise.
El V8 americano en este estado de puesta a punto es un compañero maravilloso; siempre te sorprende la profundidad de su entrega y la alegría de su personalidad.
— Harry Metcalfe, en Harry’s garage
Al volante: potencia, confort y un sonido envolvente
Una vez en carretera, la dirección asistida eléctricamente —algo insólito en un coche de esta naturaleza— ayuda en parado y se va desvaneciendo a partir de 40 o 50 km/h, justo cuando el Aperta Lusso comienza a hablar directamente a las manos. Harry Metcalfe confiesa que su cerebro espera el comportamiento áspero de un clásico de los setenta, pero la realidad es otra: la suspensión filtra baches sin secar la carrocería, los frenos muerden con la misma progresividad que un sistema servoasistido moderno y el habitáculo no produce ni un crujido.
La sensación de conexión con el asfalto que transmite la dirección es, según sus palabras, similar a la que nunca tuvo con su Aston Martin de época. Y sin embargo, el coche no cansa: viaja a 100 km/h a solo 1.800 revoluciones en quinta, con el aire acondicionado funcionando a pleno rendimiento y la posibilidad de consultar mapas en la pantalla del teléfono, aunque Metcalfe prefiere desconectarla para disfrutar del salpicadero de madera maciza con una fina línea del color de la carrocería recorriendo el centro.
Contexto: la fiebre de los ‘new classics’ y un precio acorde
El 5300 Aperta Lusso no es una pieza de museo, sino la respuesta a un cliente que se ha cansado de los superdeportivos actuales y busca una experiencia analógica pero habitable. El importe —1,3 millones de euros antes de impuestos, alrededor de 1,5 millones de libras— lo sitúa medio millón por debajo de la versión de circuito. Harry’s garage recuerda que todos los new classics similares superan el millón de euros y que solo se fabricarán diez unidades, lo que explica tanto la exclusividad como la atención obsesiva al detalle.
Implicaciones para el aficionado: lo mejor de dos mundos
La experiencia con este Bizzarrini demuestra que se puede conservar la esencia de un GT de los sesenta —ligereza visual, sonido rotundo, dirección comunicativa— sin tener que convertirse en un mecánico aficionado ni renunciar a las comodidades básicas. Para el comprador que valora la exclusividad por encima de las cifras de aceleración, propuestas como esta abren un nuevo camino en el que la tecnología se esconde al servicio del placer de conducción, y no al revés. Además, la participación de ingenieros con experiencia en marcas como Aston Martin o Tesla garantiza una madurez de desarrollo que raramente se encuentra en series tan cortas.
Metcalfe termina su prueba imaginando qué sentiría Giotto Bizzarrini si pudiera viajar en el tiempo y ver su diseño rodando con una fiabilidad y un confort que en 1964 habrían sido impensables. Lo cierto es que no hay nostalgia triste en este coche, sino un optimismo contagioso que celebra el pasado con las herramientas del presente. Si el futuro de Bizzarrini pasa por el superdeportivo que ya está diseñando —con motor propio y una filosofía que prima la facilidad de uso—, este Aperta Lusso sienta unas bases muy sólidas.
Puedes ver el vídeo completo y escuchar el rugido de ese V8 a continuación:

