El TWR Supercat entra en producción limitada: Harry’s Garage prueba el restomod del Jaguar XJS con 660 CV

Harry's Garage examina a fondo el TWR Supercat, un restomod del Jaguar XJS con 660 CV, diseño radical y producción limitada a 88 ejemplares.

Me he sentado frente a la pantalla con los cascos puestos y, lo confieso, he subido el volumen. Porque la nueva entrega de Harry’s Garage no es una review cualquiera: es la carta de presentación de un coche que ya está en producción y que, sobre el papel, parece sacado de un sueño febril. El TWR Supercat es un restomod del Jaguar XJS tan radical que cuesta decidir si mirarlo o simplemente escucharlo. Con 660 CV extraídos de un V12 sobrealimentado y una silueta que parece esculpida a machetazos, Harry nos ofrece una primera prueba dinámica que deja claras varias cosas: el motor es una obra maestra, el diseño no pide disculpas y el precio está a la altura de su exclusividad.

El legado de TWR exprimido en un restomod

Para entender al Supercat hay que rebobinar hasta los años 80. Tom Walkinshaw Racing (TWR) forjó su leyenda compitiendo con Jaguar en turismos, llevando un XJS de aspecto casi estándar a ganar campeonatos donde los rivales no daban crédito. Tom Walkinshaw ya no está, pero su hijo ha mantenido vivo el gen competitivo en las carreras y ahora, por primera vez en décadas, devuelve a la firma al asfalto de la calle. Según relata Harry en el vídeo, el proyecto ha contado con inversión externa y un equipo de ingeniería encabezado por la propia TWR, con la intención de que la estirpe de los Walkinshaw vuelva a rugir en formato GT.

El resultado es un coche que no esconde sus credenciales de competición. La carrocería, casi íntegramente en fibra de carbono —incluido el techo, como descubre Harry tras pasar un imán—, envuelve un chasis con subchasis específicos y una suspensión de doble horquilla tanto delante como detrás. Todo ello proviene de la experiencia en pista de la marca, y se nota en detalles como los frenos externos (el XJS original los llevaba internos) o las llantas de 18 pulgadas delante y 19 detrás, calzadas con neumáticos 275 y 325 respectivamente.

Publicidad

Diseño tan extremo como polémico

Harry no se anda con rodeos al describir el aspecto del coche: “es un poco descarado, ¿no?”. La culpa la tiene el diseñador Khyzyl Saleem (conocido en redes por su alias “Live To Offend”), que ha firmado unas líneas casi 200 milímetros más anchas que las del XJS de serie y una altura rebajada en 50 milímetros. El frontal, con un splitter bajísimo —apenas 9 centímetros de altura en modo estándar—, ya acumula rozaduras de Goodwood. Por suerte, un sistema de elevación permite subir la carrocería hasta unos 15 centímetros, una cifra similar a la de un McLaren en modo normal, pero que sigue siendo mínima para un coche pensado para viajar.

Los detalles no acaban ahí: las ópticas LED con intermitentes integrados impactan a primera vista, las branquias laterales canalizan grandes flujos de aire y el enorme difusor trasero obliga a que los escapes salgan por los laterales para no interferir. Incluso el maletero, de dimensiones sorprendentes, deja claro que este Supercat no quiere ser una escultura de exposición; cabe “varias bolsas de golf”, bromea el presentador. Solo las piezas metálicas del pilar delantero y la base de la luneta trasera sobreviven en un conjunto que, para bien o para mal, no dejará a nadie indiferente.

“No hay confusión posible con este motor: desde la inducción, el escape y la velocidad, todo resulta extraordinario”

— Harry’s Garage

El corazón V12: una bestia con pedigrí de carreras

Si hay algo que define al TWR Supercat es su propulsor. Bajo un capó con aires de Vengador y grandes tomas de aire, se esconde un V12 de 5.6 litros sobrealimentado que gira hasta las 7.750 rpm y entrega 660 caballos de potencia. Harry, que conoce bien las posibilidades de esta arquitectura, recuerda que se trata de un motor de carrera corta —70 milímetros, como el bloque de competición—, lo que le permite estirarse hacia arriba con una banda sonora que describe como “una turbina mecánica” a partir de las 2.500 revoluciones. El cuidado en la instalación es obsesivo: todo el cableado se ha ocultado en un pequeño conducto para dejar a la vista únicamente el aluminio de los radiadores y el sobrealimentador.

La experiencia auditiva es, según el vídeo, la gran baza del coche. Con un escape de salida lateral que marca el carácter, los decibelios en crucero se mantienen en unos civilizados 76-77 dB a 110 km/h, algo que Harry considera aceptable para un vehículo de este calibre. La caja de cambios, de seis velocidades manual, ofrece un tacto mecánico directo que el presentador alaba especialmente, con una disposición de pedales pensada para el punta-tacón. Todo está dispuesto para que el conductor se sienta conectado a un bloque que, insiste, “debería tener más vida” más allá de las 88 unidades previstas.

Al volante: controles de coche de carreras en formato GT

El habitáculo es un ejercicio de personalización cargada de buenas intenciones pero con algún lunar. Harry destaca la instrumentación digital heredada del XJS y la posibilidad de ajustar mapas de motor, control de tracción e incluso la intervención del ABS. Los mandos de aluminio, con iluminación discreta, y las salidas de ventilación cónicas aportan un aire teatral que encaja con el espíritu del coche. Sin embargo, no todo es perfecto: la consola central rebota el sol sobre el parabrisas —unidad de pruebas con tapicería blanca— y el reposabrazos trasero interfiere con el codo al cambiar de marcha. “Pequeñeces —razona Harry— porque uno compra este coche por el motor”.

La posición de conducción convence tras varios días de convivencia. Los asientos sujetan bien, la alineación con el volante y los pedales es correcta, y los detalles prácticos como el espacio tras los respaldos o el equipo de sonido con Bluetooth cumplen su función. El freno de mano, sin embargo, pide a gritos un rediseño: resulta más fácil accionarlo con la mano izquierda que con la derecha.

Publicidad

Restomods de lujo: ¿moda o nueva categoría?

El Supercat llega en un momento en el que los restomods de altísimo nivel se han convertido en objeto de deseo para coleccionistas que buscan la nostalgia sin las limitaciones mecánicas del pasado. Con un precio fijado en 395.000 libras antes de impuestos —que puede escalar hasta el medio millón con extras—, este TWR compite en una liga donde la exclusividad (88 unidades) y la experiencia de conducción pesan más que la lógica del mercado. Harry apunta que el coche “pide a gritos una versión un poco menos extrema” y se pregunta si la mecánica V12 podría animar futuros proyectos, tal vez un Lynx Eventer o algo similar.

Lo que está claro es que el TWR Supercat no es un simple ejercicio de estilo. Es la demostración de que la herencia de competición puede traducirse en un producto de calle con personalidad arrolladora. La decisión final la tendrán los clientes que, con más de 450.000 euros en juego, valorarán si ese motor glorioso y el pedigrí Walkinshaw justifican los pequeños roces del día a día.

Publicidad

Puedes ver el análisis completo en el vídeo de Harry’s Garage: